jueves, 18 de junio de 2015

Hablando de Madrid


Cierra Cristina Cifuentes su acuerdo con Ciudadanos, para convertirse en Presidenta de la Comunidad de Madrid, convirtiéndose por ello en una baza importante para un PP, bastante desgastado por los resultados electorales y a la espera de que el flemático Rajoy, decida de una vez, los cambios en el Gobierno.
Va a ser interesante ver cómo se desarrollan las relaciones entre la Presidenta y la nueva Alcaldesa, siendo como son, representantes de ideologías antagónicas y teniendo, como tendrán, que resolver infinidad de asuntos en los cuatro años que tienen por delante.
Nada será de todos modos, igual que antes, pues al no haber alcanzado nadie la mayoría absoluta, todo habrá de resolverse por medio de acuerdos y porque los Partidos recién llegados a estas Instituciones, habrán de andarse con cuidado, si no quieren perder lo que han ganado, de cara las Elecciones Generales.
Uno intenta imaginar cómo serán los enfrentamientos entre Cifuentes y Carmena y hacia dónde acabará por inclinarse la balanza en cada una de las conversaciones que mantengan y no puede por menos que pensar que estos mandatos van a tener un componente de interés muy diferente de los que habíamos conocido hasta ahora, estando como han estado, durante mucho tiempo, Comunidad y Ayuntamiento, exclusivamente en manos del PP y además, sin posibilidad de oposición, a causa del número de votos obtenidos.
Tampoco es que Cifuentes pueda estar definitivamente satisfecha con su situación, pues su acuerdo con Ciudadanos conlleva tener que explicar sus acciones a los de Albert Rivera, a quiénes por cierto, conviene y mucho que la labor de la nueva Presidenta no traspase según qué límites, para poder justificar en todo momento, el apoyo que le han brindado.
Entretanto, Pablo Iglesias pide un voto de confianza para Carmena y su equipo, ciertamente molesto por los furibundos ataques sufridos, prácticamente desde el minuto uno de su nombramiento y que no dan siquiera, la posibilidad de que la gente pueda ponerse a trabajar, en los cargos que acaban de heredar, directamente de los mismos que les critican.
Claro que la derecha no está acostumbrada a que los puestos de relevancia sean ocupados por activistas, ni a que lo militantes de los Partidos conocidos hasta ahora, tengan un pasado de compromiso que a veces, quedó reflejado en vídeos que  buscan los conservadores hasta debajo de las piedras, para utilizarlos como armas arrojadizas.
Pero es que los cambios son así y para que funcionen, resulta absolutamente imprescindible una ruptura con lo que hasta ayer se consideraba normal, si de verdad se quiere intentar una transformación auténtica.
Olvida el PP, que ha sido la voluntad popular la que ha apostado por esos cambios, hastiada de la manera de entender la política que caracteriza a los suyos, a los que probablemente recordaremos, pasado el tiempo, más por los innumerables casos de corrupción que protagonizaron, que por las medidas que se atrevieron a tomar y que tan gravemente lesionaron nuestra dignidad y nuestros derechos.
No hay de qué escandalizarse entonces. Cuando uno siembra vientos, recoge tempestades.



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