Cierra Cristina Cifuentes su acuerdo con Ciudadanos, para
convertirse en Presidenta de la Comunidad de Madrid, convirtiéndose por ello en
una baza importante para un PP, bastante desgastado por los resultados
electorales y a la espera de que el flemático Rajoy, decida de una vez, los
cambios en el Gobierno.
Va a ser interesante ver cómo se desarrollan las relaciones
entre la Presidenta y la nueva Alcaldesa, siendo como son, representantes de
ideologías antagónicas y teniendo, como tendrán, que resolver infinidad de
asuntos en los cuatro años que tienen por delante.
Nada será de todos modos, igual que antes, pues al no haber
alcanzado nadie la mayoría absoluta, todo habrá de resolverse por medio de
acuerdos y porque los Partidos recién llegados a estas Instituciones, habrán de
andarse con cuidado, si no quieren perder lo que han ganado, de cara las
Elecciones Generales.
Uno intenta imaginar cómo serán los enfrentamientos entre
Cifuentes y Carmena y hacia dónde acabará por inclinarse la balanza en cada una
de las conversaciones que mantengan y no puede por menos que pensar que estos
mandatos van a tener un componente de interés muy diferente de los que habíamos
conocido hasta ahora, estando como han estado, durante mucho tiempo, Comunidad
y Ayuntamiento, exclusivamente en manos del PP y además, sin posibilidad de
oposición, a causa del número de votos obtenidos.
Tampoco es que Cifuentes pueda estar definitivamente
satisfecha con su situación, pues su acuerdo con Ciudadanos conlleva tener que
explicar sus acciones a los de Albert Rivera, a quiénes por cierto, conviene y
mucho que la labor de la nueva Presidenta no traspase según qué límites, para
poder justificar en todo momento, el apoyo que le han brindado.
Entretanto, Pablo Iglesias pide un voto de confianza para
Carmena y su equipo, ciertamente molesto por los furibundos ataques sufridos,
prácticamente desde el minuto uno de su nombramiento y que no dan siquiera, la
posibilidad de que la gente pueda ponerse a trabajar, en los cargos que acaban
de heredar, directamente de los mismos que les critican.
Claro que la derecha no está acostumbrada a que los puestos
de relevancia sean ocupados por activistas, ni a que lo militantes de los
Partidos conocidos hasta ahora, tengan un pasado de compromiso que a veces,
quedó reflejado en vídeos que buscan los
conservadores hasta debajo de las piedras, para utilizarlos como armas
arrojadizas.
Pero es que los cambios son así y para que funcionen, resulta
absolutamente imprescindible una ruptura con lo que hasta ayer se consideraba
normal, si de verdad se quiere intentar una transformación auténtica.
Olvida el PP, que ha sido la voluntad popular la que ha
apostado por esos cambios, hastiada de la manera de entender la política que
caracteriza a los suyos, a los que probablemente recordaremos, pasado el
tiempo, más por los innumerables casos de corrupción que protagonizaron, que
por las medidas que se atrevieron a tomar y que tan gravemente lesionaron
nuestra dignidad y nuestros derechos.
No hay de qué escandalizarse entonces. Cuando uno siembra
vientos, recoge tempestades.

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