miércoles, 3 de junio de 2015

El dilema de Ciudadanos


En principio, parecía lógico que el Partido que dirige Albert Rivera pudiera llegar a acuerdos con el PP y así lo habían expresado todos los medios de comunicación, no se sabe si por el anti nacionalismo catalán que siempre ha defendido su número uno o porque, en realidad, existe una gran afinidad ideológica entre ambas Formaciones.
Pero Rivera seguramente no esperaba el auge que ha alcanzado en los últimos tiempos y el hecho de rozar ciertas parcelas de poder con los dedos, probablemente le ha obligado a endurecer el discurso, fundamentalmente sobre el tema de la corrupción, quedando ahora maniatado para poder negociar acuerdos con el Partido en el gobierno, si no quiere perder la confianza de una gran parte de su electorado, de aquí a las generales.
Tampoco el PP esperaba precisar tanto del apoyo de este joven Partido, al que prácticamente hasta anteayer, había ninguneado considerándolo una moda pasajera que no tendría ninguna fuerza en el resultado de las elecciones.
Pero he aquí que Ciudadanos ha entusiasmado a una buena parte de la gente, escamoteando un considerable bocado de votos a la Formación de Rajoy,  procedentes del descontento que también en la derecha, han generado las políticas de recortes del Presidente.
El dilema está ahora en si sería conveniente para Ciudadanos pactar con quienes encabezan la lista de imputados por corrupción o le vendría mejor mantenerse al margen de las negociaciones, e incluso adherirse a los pactos previstos entre PSOE y Podemos, para salvaguardar la imagen de limpieza que, al menos hasta ahora, tienen los españoles de Rivera y de su Partido.
Esta historia que desgraciadamente se repite en una gran parte del País, coloca a Ciudadanos en una tesitura nada deseable para sus propios intereses, sobre todo, porque la Sociedad en pleno está pendiente de los gestos y las decisiones de los nuevos Partidos, anhelante de que su llegada al arco político sirva para mejorar la espantosa situación que ahora padece.
El hartazgo y la indignación, que los españoles habían canalizado a través de estas nuevas Formaciones políticas, bien podrían volver a aparecer, si los pactos alcanzados no son del agrado de quienes les votaron o si se considera que a través de estas alianzas han traicionado el espíritu de lo que han prometido durante sus campañas electorales.
No va a ser fácil para nadie alcanzar el equilibrio perfecto, pero para Ciudadanos, me parece, el riesgo de firmar pactos que no convenzan, podría pasar facturas impagables, de cara al futuro que le aguarda detrás de la esquina.
Porque si llegan a acuerdos con Rajoy, sabiendo  como saben el grado de podredumbre que afecta y seguirá afectando a los cargos populares, habrán firmado su propia sentencia de muerte.
Mientras Rivera piensa qué hacer, algunos como Ángel Gabilondo, se frotan las manos pensando que la negativa de Ciudadanos a pactar, quizá les regale la posibilidad de gobernar en muchas Comunidades y Ayuntamientos.

Este sí que es un buen periodo de reflexión y no ese día tan descafeinado que nos imponen antes de que se celebren las elecciones.

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