En principio, parecía lógico que el Partido que dirige Albert
Rivera pudiera llegar a acuerdos con el PP y así lo habían expresado todos los
medios de comunicación, no se sabe si por el anti nacionalismo catalán que
siempre ha defendido su número uno o porque, en realidad, existe una gran
afinidad ideológica entre ambas Formaciones.
Pero Rivera seguramente no esperaba el auge que ha alcanzado
en los últimos tiempos y el hecho de rozar ciertas parcelas de poder con los
dedos, probablemente le ha obligado a endurecer el discurso, fundamentalmente
sobre el tema de la corrupción, quedando ahora maniatado para poder negociar
acuerdos con el Partido en el gobierno, si no quiere perder la confianza de una
gran parte de su electorado, de aquí a las generales.
Tampoco el PP esperaba precisar tanto del apoyo de este joven
Partido, al que prácticamente hasta anteayer, había ninguneado considerándolo
una moda pasajera que no tendría ninguna fuerza en el resultado de las
elecciones.
Pero he aquí que Ciudadanos ha entusiasmado a una buena parte
de la gente, escamoteando un considerable bocado de votos a la Formación de
Rajoy, procedentes del descontento que
también en la derecha, han generado las políticas de recortes del Presidente.
El dilema está ahora en si sería conveniente para Ciudadanos
pactar con quienes encabezan la lista de imputados por corrupción o le vendría
mejor mantenerse al margen de las negociaciones, e incluso adherirse a los
pactos previstos entre PSOE y Podemos, para salvaguardar la imagen de limpieza
que, al menos hasta ahora, tienen los españoles de Rivera y de su Partido.
Esta historia que desgraciadamente se repite en una gran
parte del País, coloca a Ciudadanos en una tesitura nada deseable para sus
propios intereses, sobre todo, porque la Sociedad en pleno está pendiente de
los gestos y las decisiones de los nuevos Partidos, anhelante de que su llegada
al arco político sirva para mejorar la espantosa situación que ahora padece.
El hartazgo y la indignación, que los españoles habían
canalizado a través de estas nuevas Formaciones políticas, bien podrían volver
a aparecer, si los pactos alcanzados no son del agrado de quienes les votaron o
si se considera que a través de estas alianzas han traicionado el espíritu de
lo que han prometido durante sus campañas electorales.
No va a ser fácil para nadie alcanzar el equilibrio perfecto,
pero para Ciudadanos, me parece, el riesgo de firmar pactos que no convenzan,
podría pasar facturas impagables, de cara al futuro que le aguarda detrás de la
esquina.
Porque si llegan a acuerdos con Rajoy, sabiendo como saben el grado de podredumbre que afecta
y seguirá afectando a los cargos populares, habrán firmado su propia sentencia
de muerte.
Mientras Rivera piensa qué hacer, algunos como Ángel
Gabilondo, se frotan las manos pensando que la negativa de Ciudadanos a pactar,
quizá les regale la posibilidad de gobernar en muchas Comunidades y
Ayuntamientos.
Este sí que es un buen periodo de reflexión y no ese día tan
descafeinado que nos imponen antes de que se celebren las elecciones.

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