martes, 16 de junio de 2015

Los límites del humor


A Guillermo Zapata, del equipo de Manuela Carmena, le acaba de costar una dimisión su manera de ver el humor, al haber trasladado a las redes sociales, tiempo atrás, ciertos comentarios en tono de burla sobre el holocausto judío y las tragedias que afectaran a Irene Villa y Marta del Castillo, que han herido, y mucho, la sensibilidad de una buena parte de la ciudadanía.
En la línea de ciertas Revistas satíricas que  han puesto de moda el humor negro  y que utilizan un tono desenfadado para referirse a temas especialmente delicados apelando a la libertad de expresión, Zapata ha tardado un solo día en tener que presentarse ante los medios para pedir disculpas a los españoles y también en perder la posibilidad de hacerse cargo del área de Cultura, ante las enormes críticas recibidas por parte de todos los Partidos del arco político.
Dónde están los límites del humor y hasta qué punto resulta ético trivializar en tono burlesco sobre situaciones o personas, es una discusión que se ha mantenido muchas veces en los últimos tiempos y sobre la que no se termina de llegar a una conclusión que convenza del todo, ni a los detractores, ni a los que defienden el derecho ilimitado a expresar en cada momento, cualquier tipo de pensamiento.
 La búsqueda de un código ético para casos como el que nos ocupa y mucho más, cuando las opiniones son transmitidas a través de un medio de enorme difusión, como resulta ser Internet, viene siendo una necesidad perentoria a nivel mundial , sobre todo, si se fijan en él unos límites determinados para que cada cual sepa a qué se atiene cuando refleja en cualquier forma de expresión sus opiniones y si traspasa o no la legalidad, en el momento de hacerlo.
Los que estamos inmersos en la tarea de transmitir a través de este medio todos los días, hemos de ser, creo, extremadamente cuidadosos, para no herir la sensibilidad de los otros, a quienes en principio, debemos el mismo respeto que querríamos que nos tuvieran a nosotros, aunque no todas las veces resulte ser así.
Escribir, comentar, dibujar, buscar en fin, una manera de abrir nuestras aficiones al mundo, no puede nunca convertirse en un allanamiento de los derechos de los demás y debe, por tanto, ser tarea del emisor, fijar los topes hasta los que se puede llegar, sin herir sensibilidades que en muchos casos están a flor de piel, sobre todo si el tema atañe a cuestiones personales, familiares o de colectivos concretos.
Asombra que con la aceptación que  tiene la Red  a lo largo y ancho de este mundo, nada se haga todavía contra quienes traspasan estos límites y utilizan el medio para insultar, vejar o simplemente campar a sus anchas por el terreno de la injuria, incapaces de auto censurar todo aquello que dicho en otra parte, podría resultar del todo inaceptable y hasta motivo de delito.

Es verdad que Zapata ha pedido perdón y se ha retirado a tiempo. Eso le honra. Pero estando como estamos, huérfanos de una legislación que nos marque el camino, no sería de extrañar que más pronto que tarde, volviera a surgir un caso similar, que tampoco pudiéramos atajar, aunque nos resultara absolutamente vejatorio.

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