Después de ochenta días de negociaciones, Susana Díaz
consigue el apoyo de Ciudadanos para su
Investidura, en una operación que supondrá un riesgo compartido, que de seguro
tendrá costos para ambas Formaciones políticas, de cara a las Generales.
Tras haber convocado Elecciones anticipadas, sin conseguir en
ellas la mayoría absoluta que esperaba, la que seguirá siendo Presidenta de la
Comunidad Autónoma andaluza, ha necesitado cuatro votaciones para volver al
mismo punto en que se encontraba, sin conseguir en ninguno de sus contactos
atraer la atención de Podemos, por lo que no le ha quedado otro remedio que
alcanzar un acuerdo con el Partido de Albert Rivera, al que en principio, no le
unen demasiados lazos ideológicos.
Este acuerdo, que conlleva ciertas concesiones por ambas
partes, supone sin embargo, cierta sorpresa para un determinado número de
votantes que habiendo puesto su confianza en los programas presentados por los
dos partidos y considerando que PSOE y Ciudadanos se encuentran en orillas
opuesta, no podrán ni querrán comprender ni que el primero haya pactado con una
Formación procedente de la derecha, ni que el segundo haya accedido, a la
primera de cambio a las exigencias del otro, simplemente por obtener alguna
parcela de poder.
Queda de nuevo demostrado que entre lo que se dice en las
Campañas electorales y lo que después ocurre en la práctica dista mucho de ser
lo mismo y que la situación política actual, además, se presta a convertir en
amigos a quienes hasta ayer se consideraban mutuamente, enemigos
irreconciliables.
El riesgo que se corre, es que cuando se inicie el camino,
las cosas no salgan como casi nadie esperaba y que esta amistad, asentada en
los cimientos de la conservación y la obtención del poder, acabe por traer a
los socios, muchos más sinsabores que alegrías.
Lo que pase a partir de ahora en Andalucía, será decisivo
para lo que pueda ocurrir en las próximas Elecciones Generales y no les quepa
la menor duda de que PSOE y Ciudadanos serán premiados o castigados con dureza,
si el pacto no funciona y la situación de los andaluces no mejora
considerablemente en los próximos meses y si fracasan, habrá que ver si los
nuevos resultados electorales favorecen más o por igual, al PP o a Podemos.
Ninguna de estas dos formaciones ha querido ayudar a Díaz
para conseguir su investidura. La primera, porque exigía a cambio gobernar en
todos los ayuntamientos en los que han sido la lista más votada y la segunda,
por una mera cuestión de principios, al no haber aceptado la Presidenta ninguna
de las exigencias que se le presentaban, alegando que son demasiado radicales.
Cierto es que Ciudadanos y PSOE compartirán, a partir de
ahora, el mando en Andalucía, pero es tan grande el riesgo que comparten a causa de su alianza, que no está claro que
haya merecido la pena claudicar, ni para los unos, ni para los otros.
Puede que en los próximos meses veamos a los socialistas
retroceder considerablemente por causa del acuerdo y que Ciudadanos, por
dejarse convencer tan fácilmente, termine por perder el terreno ganado a nivel
nacional, decepcionando gravemente a sus recién nacidos votantes.

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