martes, 23 de junio de 2015

La vergüenza nacional


Los seiscientos mil desahucios producidos en España desde que empezó la crisis, son uno de los argumentos que contradicen con más contundencia las ínfulas triunfalistas del PP y representan una vergüenza nacional de la que jamás podrá escapar el Gobierno que la consintió, convirtiéndose en cómplice de sus ejecutores y sin habilitar una sola medida que haya paliado mínimamente, la desgracia de tantos núcleos familiares.
La magnitud de esta tragedia exige depurar responsabilidades, aunque para ello haya que remontarse a los años en que todo iba aparentemente bien, cuando los bancos empujaban a los ciudadanos, con insistencia machacona, a pedir créditos millonarios con los que adquirir viviendas y enseres, aunque en muchos casos resultara manifiestamente difícil que esos préstamos pudieran ser devueltos, dada la situación económica de sus perceptores.
Si para algunos ya era una odisea el pago mensual de la deuda contraída, teniendo incluso que recurrir a familiares para poder cumplir sus compromisos entonces, imagínense en qué situación quedaron desde el momento en que el Gobierno de Rajoy aprobó su Reforma Laboral y el despido comenzó a liberalizarse, llevando al desempleo a millones de ciudadanos.
Porque los mismos Bancos que ofrecían puerta a puerta la posibilidad de una vida mejor a los cientos de miles de familias que entonces cayeron en  sus redes, no demostraron ningún tipo de comprensión, provocando las muchas escenas que nos hemos visto obligados a contemplar, cada vez que delante de todo el país, se producía un nuevo desalojo.
Y sin embargo, esas culpabilidades de Banca y Gobierno, nunca han sido siquiera reconocidas y a día de hoy, continúan produciéndose miles de desahucios, sin que ni los que los ordenan, ni los encargados de buscar con carácter de urgencia una alternativa habitacional para los desalojados, hayan encontrado una vía de solución, ni tengan intención de hacerlo.
El problema ha alcanzado tal magnitud, que todos los Partidos políticos se han visto obligados a incluirlo en sus Programas, algunos, ofreciendo soluciones alternativas que les han acarreado un buen puñado de votos y otros, alardeando de haber tomado  medidas, como es el caso del PP, que han resultado ser, a todas luces, absolutamente insuficientes.
Solo las iniciativas ciudadanas de plataformas como la de Ada Colau, han logrado parar en algunos casos, las acciones judiciales previstas y únicamente la lucha diaria de miles de personas anónimas, ha servido para que, al menos, se continúe hablando de la tragedia y para que sus efectos no se hayan diluido con el paso del tiempo.
Sin embargo, nada podrá hacerse mientras continuemos dependiendo de este gobierno, que para más INRI, decidió en su día pedir un rescate millonario para salvar a las mismas Entidades que expulsan a los ciudadanos de sus domicilios.
La ley, que desgraciadamente apoya en nuestro país la despiadada postura de los que concedieron aquellas hipotecas, ni siquiera podría ser cambiada, si no es con la aquiescencia de este gobierno conservador, posicionado claramente y siempre, a favor del poder de los fuertes.
 Serán precisamente los débiles, quiénes con sus votos escriban su destino, a partir de las Elecciones Generales. Habría que preguntarse si después de haber consentido estos seiscientos mil desahucios, será posible que alguno de nosotros introduzca una papeleta del PP en las urnas.


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