Rodeada por un ambiente de evidente hostilidad, Esperanza
Aguirre anuncia que no se presentará a la reelección para Presidenta del PP de
Madrid, dejando el campo libre a Cristina Cifuentes, que suena cada vez con más
fuerza como su sucesora, aunque en el terreno personal no puedan ser
catalogadas precisamente como amigas.
Habiendo fracasado las previsiones que ella misma había
aventurado, firmemente segura de poder convertirse en la Alcaldesa de todos los
madrileños y estando como está, abiertamente enfrentada con Rajoy y sus
seguidores desde hace bastante tiempo, no le ha quedado a Aguirre otro remedio
que apartarse del primer plano de la vida política, aunque nadie descarta que
en un futuro pueda volver con ánimo renovado y esta vez, quizá para aspirar a Presidir
el Gobierno y el Partido.
De momento, la derrota que ha sufrido en Madrid y la mala
imagen que ha dado a los ciudadanos a lo largo de toda la campaña electoral,
han dado a Rajoy el motivo que hace
tiempo andaba buscando para deshacerse de un plumazo de la rémora que
representaba Aguirre y de las intempestivas declaraciones que puntualmente
hacía ante los medios, como lideresa del ala más conservadora de los populares
, en contra de las medidas impuestas por el Gobierno.
La soberbia y la pretensión de ser absolutamente intocable,
quizá por manejar información comprometida sobre todos sus compañeros, habían
colocado a la Ex presidenta de Madrid en un lugar de extraño privilegio, del
que parecía imposible apearla y así hubiera sido, si no hubiera cometido el
gravísimo error de pensar que también todos los ciudadanos cederían mansamente
a todos y cada uno de sus deseos.
Ha sido aún peor, al haber sido derrotada por un pacto de izquierdas, protagonizado principalmente
por una Manuela Carmena que se presentaba a las elecciones directamente
respaldada por la fuerza de Podemos, al que Aguirre despreció descaradamente
prácticamente desde el momento de su aparición y con el que ha tenido hasta problemas judiciales, al considerar Pablo
Iglesias y los suyos, que en sus ataques había traspasado todos los límites de
la ética, entrando directamente en el campo de la injuria.
Rodeada además, por una gran parte de imputados, primero en
la trama Gurtel y después en la Púnica, la salida de Aguirre empezaba a ser
necesaria como terapia para lavar la mala imagen que estaba ofreciendo el PP
madrileño e imprescindible para el cambio anunciado por Mariano Rajoy, quemada
como está, después de los resultados obtenidos en las últimas elecciones.
Si su marcha será definitiva o no, sólo ella misma podría decirlo, pero conociendo el carácter de la lideresa y la fuerte ambición que ha movido todos y cada uno de sus actos desde que empezamos a conocerla, resulta difícil creer que se conforme con salir
por la puerta de atrás, sin hacer ruido y sobre todo, sin convocar una rueda de prensa, en la que culpar a otros de la naturaleza de su fracaso.
Todo depende de lo mal que lo haga Rajoy de aquí a las Elecciones Generales y de si la ex Presidenta tiene o no algo con lo que poder negociar una vuelta triunfal a la primera línea de fuego, cosa que nos tememos bastante probable.
Ya veremos

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