Mientras el Juez Castro se niega a bajar la fianza impuesta a
la Infanta Cristina, caen otros cinco cargos de relevancia en el PP de Madrid,
imputados en relación con la trama Púnica, demostrando que como decíamos ayer,
no pasa un solo día sin que se destape un nuevo caso de corrupción
protagonizado por políticos, en este País nuestro.
La Púnica, no sé si lo
recuerdan, es la que llevó a la mano derecha de Aguirre, Francisco Granados, a
prisión y aún a día de hoy, continúan apareciendo nuevas pruebas que dan idea
de la magnitud de esta red extorsionadora y mafiosa, cuyos tentáculos parecían
atrapar a todo aquel que quisiera pujar por conseguir contratos de obras
públicas y que ha prácticamente, descabezado al gobierno de la Comunidad de Madrid,
con las excepciones de Ignacio González y de la propia Aguirre.
Solo le faltaba al PP, tras los resultados obtenidos en las
últimas elecciones, que este caso le enrede de la manera que lo está haciendo, privándole de la
posibilidad de aprovechar en otras labores a los concejales y secretarios
salientes y poniéndole, por enésima vez, en la tesitura de tener que salir ante
los medios a volver a negar que conocían las actividades de estos imputados,
argumento que por otra parte, ya nadie cree y que deteriora cada vez más, la
imagen que los españoles tenemos de Rajoy y los suyos.
Mucho perjudican además este suceso, al proceso de
negociaciones que está llevando a cabo Cristina Cifuentes, sobre todo porque a
Ciudadanos no le interesa nada en estos momentos hacer ningún tipo de pactos
con quienes se hayan de pleno inmersos en esta causa, aún pendiente de ser
completada, pues deben a sus votantes, al menos hasta que se celebren las
generales, la obligación de cumplir su promesa electoral de no aliarse con nadie
relacionado con corruptelas, sean de la índole que fueren.
Y no digamos, cómo estará Esperanza Aguirre, tan rotunda al
defender a capa y espada su propia limpieza, pero rodeada por un sinfín de
delincuentes saqueando a manos llenas las arcas de su Comunidad y convirtiendo
a la ex Presidenta, perdónenme, en una boba de solemnidad incapaz de descubrir
lo que cocía su alrededor, a pesar de convivir a diario, con todos y cada uno
de los implicados.
Tanto es así, que estas nuevas imputaciones podrían ser la última
gota que colmara el vaso de la carrera política de Aguirre, pues volver a
recurrir al argumento de la ignorancia ya no ha de satisfacer siquiera a los
miembros más relevantes de su Partido, por lo que seguramente se vería obligada
a abandonar, por fin, su estrecha relación con el mundo de la política.
¿Y qué decir de Rajoy? ¿Cómo puede un Presidente de Gobierno
mantenerse en el poder, obviando toda una catarata de corrupción invadiendo su
Partido, todos los días de su vida?
Ningún Presidente, de cualquier otro País democrático,
permanecería como si no hubiera pasado nada, anclado al poder y habría dimitido
hace ya mucho tiempo.
La explicación de su permanencia en el cargo no puede ser
otra que su falta de dignidad. Como augurábamos casi desde tomó posesión de su
cargo, no da la talla que precisa un Presidente.

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