martes, 2 de junio de 2015

Decíamos ayer


Mientras el Juez Castro se niega a bajar la fianza impuesta a la Infanta Cristina, caen otros cinco cargos de relevancia en el PP de Madrid, imputados en relación con la trama Púnica, demostrando que como decíamos ayer, no pasa un solo día sin que se destape un nuevo caso de corrupción protagonizado por políticos, en este País nuestro.
La  Púnica, no sé si lo recuerdan, es la que llevó a la mano derecha de Aguirre, Francisco Granados, a prisión y aún a día de hoy, continúan apareciendo nuevas pruebas que dan idea de la magnitud de esta red extorsionadora y mafiosa, cuyos tentáculos parecían atrapar a todo aquel que quisiera pujar por conseguir contratos de obras públicas y que ha prácticamente, descabezado al gobierno de la Comunidad de Madrid, con las excepciones de Ignacio González y de la propia Aguirre.
Solo le faltaba al PP, tras los resultados obtenidos en las últimas elecciones, que este caso le enrede de la manera  que lo está haciendo, privándole de la posibilidad de aprovechar en otras labores a los concejales y secretarios salientes y poniéndole, por enésima vez, en la tesitura de tener que salir ante los medios a volver a negar que conocían las actividades de estos imputados, argumento que por otra parte, ya nadie cree y que deteriora cada vez más, la imagen que los españoles tenemos de Rajoy y los suyos.
Mucho perjudican además este suceso, al proceso de negociaciones que está llevando a cabo Cristina Cifuentes, sobre todo porque a Ciudadanos no le interesa nada en estos momentos hacer ningún tipo de pactos con quienes se hayan de pleno inmersos en esta causa, aún pendiente de ser completada, pues deben a sus votantes, al menos hasta que se celebren las generales, la obligación de cumplir su promesa electoral de no aliarse con nadie relacionado con corruptelas, sean de la índole que fueren.
Y no digamos, cómo estará Esperanza Aguirre, tan rotunda al defender a capa y espada su propia limpieza, pero rodeada por un sinfín de delincuentes saqueando a manos llenas las arcas de su Comunidad y convirtiendo a la ex Presidenta, perdónenme, en una boba de solemnidad incapaz de descubrir lo que cocía su alrededor, a pesar de convivir a diario, con todos y cada uno de los implicados.
Tanto es así, que estas nuevas imputaciones podrían ser la última gota que colmara el vaso de la carrera política de Aguirre, pues volver a recurrir al argumento de la ignorancia ya no ha de satisfacer siquiera a los miembros más relevantes de su Partido, por lo que seguramente se vería obligada a abandonar, por fin, su estrecha relación con el mundo de la política.
¿Y qué decir de Rajoy? ¿Cómo puede un Presidente de Gobierno mantenerse en el poder, obviando toda una catarata de corrupción invadiendo su Partido, todos los días de su vida?
Ningún Presidente, de cualquier otro País democrático, permanecería como si no hubiera pasado nada, anclado al poder y habría dimitido hace ya mucho tiempo.
La explicación de su permanencia en el cargo no puede ser otra que su falta de dignidad. Como augurábamos casi desde tomó posesión de su cargo, no da la talla que precisa un Presidente.




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