jueves, 25 de junio de 2015

Distintos ante la ley


Guillermo Zapata, el concejal del equipo de Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid, ha sido finalmente imputado a causa de sus comentarios en clave de humor negro publicados hace años en la Red, convirtiéndose así en el primer miembro de Podemos que habrá de enfrentarse a la justicia, aunque no por un caso de corrupción, como los protagonizados por cargos de otros Partidos.
Presentíamos que esto iba a pasar, desde el momento en que supimos que los chistes de mal gusto provenían de dónde provenían y creyendo, como creemos, que las acciones de cualquiera que proceda de los movimientos ciudadanos que han irrumpido en el arco político español, van a ser, a partir de ahora, minuciosamente analizadas por los conservadores, ya que no terminan de asimilar ni lo harán durante mucho tiempo, el hecho de haber sido apeados del poder, por quiénes ellos consideran aún una turba de radicales absolutamente nefasta para el futuro que le espera a España.
Esta imputación se podría comprender, si la misma vara de medir se aplicara a todos y cada uno de los innumerables energúmenos que se dedican a minar la Red con barbaridades que causa vergüenza mencionar y entre ellos, cierto brigada de la Guardia civil que enaltece un día sí y otro también, las “gloriosas hazañas” de las SS, añorando que en nuestro País no exista un movimiento de tal ideología.
Pero no. El Ministro aún está pensando qué hacer con la denuncia presentada por un sindicato del cuerpo contra este individuo, al que ni siquiera consideran compañero, mientras Zapata es llamado al orden, al menos con la aquiescencia del juez que ve en sus twiter, posible motivo de delito.
La diferencia entre los dos casos es evidente, pues mientras que Zapata, en el momento en que los comentarios fueron publicados, no era más que un ciudadano de a pie, el brigada ocupa un cargo en el cuerpo al que pertenece, sin que en este caso, curiosamente, sus soflamas ni siquiera hayan llamado la atención de sus superiores, ni en ningún momento haya sido castigado por ello.
Y aunque los españoles estamos acostumbrados a que la Ley no se aplique, al menos en apariencia, de manera igualitaria para todos nosotros, resulta ciertamente difícil comprender  que se haga de manera tan descarada, corriendo como corren las noticias, a la velocidad del viento.
A ver si es verdad que las cosas empiezan a cambiar en breve, sobre todo para que los sufridos ciudadanos podamos al menos, recuperar una parte de la confianza perdida en las Instituciones cuya función es la defensa de los intereses de todos.
Porque de seguir así, el hecho de buscar apoyo para  salvaguardar la supuesta igualdad que nuestra Constitución nos otorga, se convierte en un impracticable camino que muchos ni siquiera se atreven a iniciar, seguros de perder, a tenor de lo que sucede a otros muchos que lo recorrieron antes que ellos.


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