Anda el Partido Socialista naufragando en un mar de confusión
y parece haber perdido la brújula que le indicara la dirección correcta para
llegar a puerto, después del detonante que ha supuesto para quienes lo integran,
la magnitud del fracaso electoral en las europeas.
La marcha de
Rubalcaba, en lugar de clarificar las cosas, ha ido engrosando la maraña que ya
existía, prácticamente desde que perdió Zapatero y los últimos acontecimientos
ocurridos, incluidas las dimisiones y otros eventos, recuerda en parte, lo que
ocurrió en los últimos tiempos de la UCD de Suárez, antes de que la formación
terminara por hacerse añicos y desaparecer definitivamente.
Ni siquiera el pretendido boom de Susana Díaz consigue frenar
la decepción que provoca en los ciudadanos el comportamiento de los socialistas
y se diría que solo un milagro podría ayudar a reconducir este barco y a sus
tripulantes, que en este momento se encuentran, a su pesar, a la deriva.
Tampoco las guerras internas y los mutuos reproches que se
vienen sucediendo entre los representantes de determinadas facciones colaboran en la urgente revolución que el
PSOE necesita, ni logra restablecer ni un ápice la conexión que este Partido
tenía con la Sociedad, hasta que empezó
a mezclarse peligrosamente con la ideología de la derecha.
De esta maltrecha situación, sale absolutamente beneficiado
el PP, que al haberse quedado sin un líder a quién vapulear, con la marcha de
Rubalcaba, ha encontrado un inagotable filón en la total desorganización de que
adolecen en estos momentos, sus rivales más directos.
Y lo peor es que a medida que van pasando los días, más se va oscureciendo el panorama que tienen por
delante los militantes de base del PSOE, que probablemente en la mayoría de los
casos, han obrado con buena voluntad y no tienen la culpa de las veleidades de los ineptos que los
dirigen.
Son ellos los que están pagando en carne propia, los
continuados errores cometidos por sus líderes y los que han de escuchar a pie
de calle, de parte de los ciudadanos, cómo se les compara con la gente del PP,
sin que por ahora, puedan hacer otra cosa que callar y bajar la cabeza.
Muchos de estos militantes, que seguramente se afiliaron al
PSOE por el amor que les transmitieron sus antecesores a la ideología del Partido,
se encuentran ahora ante la difícil decisión de tener que permanecer en él, sin
reconocer en ninguna de las medidas tomadas por su dirección las ideas que
siempre consideraron como suyas, o abandonar desilusionados por el cambio
sufrido en los cimientos que supuestamente debieran mover a los que se llaman a
sí mismos socialistas.
No sería de extrañar que se produjera por estos motivos, una
emigración masiva de estos militantes hacia otras formaciones más comprometidas
con la realidad social y que la desbandada dejara a los llamados
socialdemócratas, que ahora capitanean el PSOE, más solos que la una.
Porque de nada vale quedarse si se ha perdido del todo la
ilusión y mucho menos, trabajar a favor de preceptos en los que nunca se ha
creído.
A todo el que mira a la izquierda, le sería imposible, hoy
por hoy, permanecer en el PSOE.

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