Con la abdicación del Rey y a pocos días de que comience el
Mundial de fútbol en Brasil, el grueso de los españoles parece no mirar a otro
lado que no sea el Palacio de la Zarzuela y las peripecias de la Selección,
ahora en Washington.
Pero el País continúa sumido en la profundidad de una crisis
que no acaba de remontar, a pesar del triunfalismo que expresa Rajoy y no a
todos los ciudadanos les agrada tener que seguir soportando la existencia de
una Monarquía, que por edad, ni siquiera pudieron aceptar cuando se aprobó la
Constitución, en 1978.
Muchas de estas personas han visto en la marcha de Juan
Carlos una ocasión para expresar su deseo de que antes de que Falipe VI sea
coronado, se convoque un Referendum, en el que se pregunte abiertamente para
que la sociedad pueda decantarse entre
Monarquía y República y así lo han manifestado en las calles, a falta de otros
foros en los que ser oídos por sus representantes políticos.
Pero no está el Partido Popular por permitir ningún tipo de
Consulta que pueda poner en peligro el absolutismo de su mandato, que se ha
venido apoyando reiterativamente en la excusa que le ofrece haber obtenido en
las urnas, una mayoría absoluta.
Teniendo como tiene en sus filas a un gran número de
trasnochados monárquicos, que proceden directamente de los adeptos que tuvo D.
Juan durante los años de la dictadura, Rajoy nunca se arriesgaría siquiera a
plantear la posibilidad del Referendum, sobre todo por no incidir aún más en
las graves disidencias que ya se cuecen en el seno de su Partido.
Quien debiera solicitar, por dignidad, la celebración de la
Consulta, sería precisamente el que ahora es aspirante a ser el próximo dueño
de la corona, si no quiere empezar un reinado asentado en la oposición absoluta
de una parte importante de la sociedad española, que no solo está compuesta por
jóvenes que no entienden la supervivencia de una Institución obsoleta, sino
también por gente mayor, que nunca comulgaron, por ideas, con otro sistema de
gobierno que no fuese el de la República.
Pero la idea de
abandonar privilegios vitalicios no suele ser asumida de buena gana por nadie
que se crea con derecho a ellos y menos aún, por quién ha sido preparado desde
la más tierna infancia para seguir la dinastía de su padre y que por su
trayectoria familiar, ni siquiera parece entender que pueda existir alguien que
cuestione la Monarquía, por considerarla como algo natural, por tradición
histórica.
Tampoco parece ayudar en este caso, tener al lado una plebeya
que no viene precisamente de un linaje noble y que debiera estar, por su
procedencia, mucho más informada de lo que se piensa en el que ha sido su
entorno natural, hasta que por matrimonio se convirtió, como por arte de magia,
en Princesa.
Así que mucho me temo que habrá coronación y que al coincidir
con el fútbol, España quedará paralizada hasta después del Verano.
En cuanto empiecen las retransmisiones televisadas de los
mundiales, las calles quedarán definitivamente desiertas y a más de uno, le
será indiferente quién mira la caja tonta en la Zarzuela.
Definitivamente, el fútbol es ahora el opio del pueblo.

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