miércoles, 4 de junio de 2014

Coronas y balones


Con la abdicación del Rey y a pocos días de que comience el Mundial de fútbol en Brasil, el grueso de los españoles parece no mirar a otro lado que no sea el Palacio de la Zarzuela y las peripecias de la Selección, ahora en Washington.
Pero el País continúa sumido en la profundidad de una crisis que no acaba de remontar, a pesar del triunfalismo que expresa Rajoy y no a todos los ciudadanos les agrada tener que seguir soportando la existencia de una Monarquía, que por edad, ni siquiera pudieron aceptar cuando se aprobó la Constitución, en 1978.
Muchas de estas personas han visto en la marcha de Juan Carlos una ocasión para expresar su deseo de que antes de que Falipe VI sea coronado, se convoque un Referendum, en el que se pregunte abiertamente para que la sociedad  pueda decantarse entre Monarquía y República y así lo han manifestado en las calles, a falta de otros foros en los que ser oídos por sus representantes políticos.
Pero no está el Partido Popular por permitir ningún tipo de Consulta que pueda poner en peligro el absolutismo de su mandato, que se ha venido apoyando reiterativamente en la excusa que le ofrece haber obtenido en las urnas, una mayoría absoluta.
Teniendo como tiene en sus filas a un gran número de trasnochados monárquicos, que proceden directamente de los adeptos que tuvo D. Juan durante los años de la dictadura, Rajoy nunca se arriesgaría siquiera a plantear la posibilidad del Referendum, sobre todo por no incidir aún más en las graves disidencias que ya se cuecen en el seno de su Partido.
Quien debiera solicitar, por dignidad, la celebración de la Consulta, sería precisamente el que ahora es aspirante a ser el próximo dueño de la corona, si no quiere empezar un reinado asentado en la oposición absoluta de una parte importante de la sociedad española, que no solo está compuesta por jóvenes que no entienden la supervivencia de una Institución obsoleta, sino también por gente mayor, que nunca comulgaron, por ideas, con otro sistema de gobierno que no fuese el de la República.
Pero la  idea de abandonar privilegios vitalicios no suele ser asumida de buena gana por nadie que se crea con derecho a ellos y menos aún, por quién ha sido preparado desde la más tierna infancia para seguir la dinastía de su padre y que por su trayectoria familiar, ni siquiera parece entender que pueda existir alguien que cuestione la Monarquía, por considerarla como algo natural, por tradición histórica.
Tampoco parece ayudar en este caso, tener al lado una plebeya que no viene precisamente de un linaje noble y que debiera estar, por su procedencia, mucho más informada de lo que se piensa en el que ha sido su entorno natural, hasta que por matrimonio se convirtió, como por arte de magia, en Princesa.
Así que mucho me temo que habrá coronación y que al coincidir con el fútbol, España quedará paralizada hasta después del Verano.
En cuanto empiecen las retransmisiones televisadas de los mundiales, las calles quedarán definitivamente desiertas y a más de uno, le será indiferente quién mira la caja tonta en la Zarzuela.
Definitivamente, el fútbol es ahora el opio del pueblo.



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