lunes, 2 de junio de 2014

Una oportuna abdicación


A todos los que somos partidarios de la República como Sistema de Gobierno, la abdicación del Rey Juan Carlos, poco o nada nos importa, si después de su marcha no se ponen en marcha los mecanismos para convocar un Referendum, por el que el pueblo español pueda decidir si quiere o no, seguir apoyando a la más que obsoleta Monarquía.
Los últimos escándalos que últimamente han venido salpicando a la Casa real y la imputación de la Infanta Cristina y su marido en uno de los casos más mediáticos de corrupción, en particular, podrían haber sido el detonante de la decisión tomada por Juan Carlos y que ha pillado por sorpresa a la mayoría de los ciudadanos, al producirse justo después de los malos resultados electorales obtenidos por el bipartidismo.
Precisamente esta coincidencia en el tiempo, tras atisbarse que otras fuerzas políticas, hasta ahora consideradas menores, pudieran llegar a tener más impacto del que en un principio se creyera, de cara a elecciones futuras y que estas formaciones emergentes ya hayan expuesto su voluntad de pedir la convocatoria del Referendum al que antes aludíamos, habrá sido quizá la razón que haya llevado al Rey a reconsiderar su negativa permanente a la abdicación, al pensar que la coronación de su hijo, ayudará a transformar, al menos en parte, la mala opinión que de la Institución vienen manifestando últimamente los ciudadanos.
También la inminente finalización de la instrucción del caso Urdangarín pudiera tener un peso del que hasta ahora no se ha hablado, si el Juez Castro, fiel a su línea, decide sentar a la Infanta en el banquillo de los acusados y en el transcurso del juicio se la lleva al terreno de tener que contestar incómodas preguntas sobre si su padre conocía o no, la naturaleza de los negocios que manejaba junto a su marido.
No estaría bien visto por la Sociedad que sobre el Rey empezara a pendular la sospecha de que aún sabiendo lo que se cocía en las sociedades que manejaban su propia hija y su yerno, no hubiera hecho absolutamente nada por evitar que los delitos se produjeran y su única reacción hubiera sido aconsejar a Urdangarín que abandonara sus negocios, justo antes de que el escándalo estallara.
Si las presiones que la Casa Real ha estado ejerciendo sobre Castro, finalmente no han dado frutos, con toda probabilidad esta y no otro habrá sido la gota que ha colmado el vaso de la inestabilidad en que ya se encontraba la Monarquía y muy especialmente, su cabeza visible en España.
Nada nos ha aclarado Juan Carlos en su discurso institucional sobre los auténticos motivos de su abdicación y el argumento de que el País necesita gente joven no nos convence, mientras tengamos que soportar que nuestros hijos, que no son portadores de ilustres apellidos, se vean obligados a emigrar para poder encontrar cualquier tipo de trabajo.
Entretanto, Felipe de Borbón y su esposa Leticia, están a punto de ocupar un magnífico  puesto vitalicio, que nada tiene que ver con su currículum ni sus conocimientos.

Si esto es justo, que alguien me ofrezca las pruebas, por favor.    

No hay comentarios:

Publicar un comentario