A todos los que somos partidarios de la República como Sistema
de Gobierno, la abdicación del Rey Juan Carlos, poco o nada nos importa, si
después de su marcha no se ponen en marcha los mecanismos para convocar un
Referendum, por el que el pueblo español pueda decidir si quiere o no, seguir
apoyando a la más que obsoleta Monarquía.
Los últimos escándalos que últimamente han venido salpicando
a la Casa real y la imputación de la Infanta Cristina y su marido en uno de los
casos más mediáticos de corrupción, en particular, podrían haber sido el
detonante de la decisión tomada por Juan Carlos y que ha pillado por sorpresa a
la mayoría de los ciudadanos, al producirse justo después de los malos
resultados electorales obtenidos por el bipartidismo.
Precisamente esta coincidencia en el tiempo, tras atisbarse
que otras fuerzas políticas, hasta ahora consideradas menores, pudieran llegar
a tener más impacto del que en un principio se creyera, de cara a elecciones
futuras y que estas formaciones emergentes ya hayan expuesto su voluntad de
pedir la convocatoria del Referendum al que antes aludíamos, habrá sido quizá
la razón que haya llevado al Rey a reconsiderar su negativa permanente a la
abdicación, al pensar que la coronación de su hijo, ayudará a transformar, al
menos en parte, la mala opinión que de la Institución vienen manifestando
últimamente los ciudadanos.
También la inminente finalización de la instrucción del caso
Urdangarín pudiera tener un peso del que hasta ahora no se ha hablado, si el Juez
Castro, fiel a su línea, decide sentar a la Infanta en el banquillo de los
acusados y en el transcurso del juicio se la lleva al terreno de tener que
contestar incómodas preguntas sobre si su padre conocía o no, la naturaleza de
los negocios que manejaba junto a su marido.
No estaría bien visto por la Sociedad que sobre el Rey
empezara a pendular la sospecha de que aún sabiendo lo que se cocía en las
sociedades que manejaban su propia hija y su yerno, no hubiera hecho absolutamente
nada por evitar que los delitos se produjeran y su única reacción hubiera sido
aconsejar a Urdangarín que abandonara sus negocios, justo antes de que el
escándalo estallara.
Si las presiones que la Casa Real ha estado ejerciendo sobre
Castro, finalmente no han dado frutos, con toda probabilidad esta y no otro
habrá sido la gota que ha colmado el vaso de la inestabilidad en que ya se
encontraba la Monarquía y muy especialmente, su cabeza visible en España.
Nada nos ha aclarado Juan Carlos en su discurso institucional
sobre los auténticos motivos de su abdicación y el argumento de que el País
necesita gente joven no nos convence, mientras tengamos que soportar que
nuestros hijos, que no son portadores de ilustres apellidos, se vean obligados
a emigrar para poder encontrar cualquier tipo de trabajo.
Entretanto, Felipe de Borbón y su esposa Leticia, están a
punto de ocupar un magnífico puesto
vitalicio, que nada tiene que ver con su currículum ni sus conocimientos.
Si esto es justo, que alguien me ofrezca las pruebas, por
favor.

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