miércoles, 11 de junio de 2014

Salud y República


Rodeados por un numeroso grupo de personas, que reclaman un Referendum por el que los españoles puedan decidir entre Monarquía o República, como Sistema de Gobierno, los Diputados aprueban la Ley de Abdicación del Rey, con el apoyo natural de todos los miembros del PP que se sientan en el Congreso y la disciplina de voto que el PSOE impone a los suyos, desoyendo las voces que reclamaban libertad  para que cada cual pudiera expresar su opinión personal, precisamente en este asunto.
Viniendo como vienen los socialistas de un Partido que nació con clara vocación republicana, llama poderosamente la atención que los dirigentes actuales hayan decidido forzar a sus representantes en las Cortes a prestar un apoyo a la Monarquía, que en la mayoría de los casos no se corresponde con la ideología personal que defienden, o al menos con la que defendían hasta que la derechización acabó invadiendo un colectivo que hasta entonces, se había considerado de izquierdas.
Abusando del argumento que defiende la intocabilidad de una Carta Constitucional, aprobada expresamente para los años de la transición y con las concesiones que entonces se dieron obligatoriamente para evitar que un estallido social siguiera a la muerte de Franco, los socialistas parecen haber abandonado definitivamente los principios fundamentales que movieron su nacimiento y se enrocan ahora en una teoría de absurdo agradecimiento a la figura de Juan Carlos, que a este paso se va a convertir en eterno, en cuanto sea un hecho la entronización de un nuevo Rey, que no ha sido elegido democráticamente, por los votos de todos los ciudadanos.
Tampoco esta vez se ha tenido en cuenta la opinión de otros grupos minoritarios que defendían el derecho de los españoles a decidir sobre su forma de Gobierno, ni el espíritu republicano que existe de hecho, en una buena parte de los que se sientan en el Parlamento y solo se ha podido conseguir, a instancias de IU, que la votación se realice a mano alzada y que, por tanto, se pueda saber por qué se decanta cada uno, pertenezca al Partido que pertenezca.
Solo le faltaba al PSOE un error de tamaña magnitud, que viene a sumarse a la multitud de problemas que están convirtiendo al Partido centenario en un incomprensible esperpento del que nadie conoce el final y que coloca a sus más significados protagonistas y a la cúpula saliente, en una ridícula posición que no hace, sino agrandar las distancias existentes con las clases populares, que miran atónitas como se va derrumbando un Partido en el que una vez, mayoritariamente, confiaron y que no ha sido capaz de mantener la ilusión que antaño provocó, por la espantosa gestión que han venido haciendo sus líderes.
El grito de Salud y República, que durante años fue el saludo que entrecruzaban los militantes socialistas al encontrarse en los actos en que coincidían, ha quedado hoy muy atrás y por lo que hemos vivido en los últimos tiempos, yo diría que nunca jamás volverá a pronunciarse y que quedará definitivamente enterrado y únicamente será referido, quizá cuando transcurra el tiempo, como una mera anécdota que protagonizaron hombres y mujeres, cuando el mundo se movía por ideales y no por motivos exclusivamente crematísticos y por ambición de poder, como desgraciadamente sucede ahora.




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