Gracias a la nueva Reforma Fiscal del PP, los trabajadores
españoles que sean despedidos habrán de destinar parte de la indemnización que
reciban, a pagar un tributo a la hacienda pública, que podrá constituir más de la mitad del dinero
correspondiente, sobre todo en los casos en que se haya estado empleado en la
misma empresa durante muchos años.
Contemplando el panorama laboral reinante en España desde que
Rajoy aterrizó en el Gobierno, a nadie se le escapa que son, precisamente, los
hombres y mujeres mayores de cincuenta años, los más afectados por haber
quedado en desempleo, tras considerar los empresarios que eran ellos, quienes
percibían salarios de mayor cuantía por su duración temporal en los puestos que
ocupaban y los que representaban el mayor escollo a salvar, si se quería, como
parece evidente, conseguir la meta de una rebaja salarial considerable, al
reemplazarlos por gente más joven que cumpliría sin rechistar las mismas
funciones, por la mitad del sueldo.
La situación en que han ido quedando los afectados por estos
despidos masivos, a causa de su edad, no puede ser más desalentadora, si se
tiene en cuenta que para ellos resulta prácticamente imposible volver a
encontrar un empleo y de que en muchos casos, tienen aún por delante diez o
quince años para llegar a la jubilación, en los que no les resultará nada fácil
afrontar la economía doméstica, en cuanto acabe el periodo en que puedan cobrar
el desempleo.
El deterioro emocional que se produce en personas
acostumbradas a trabajar de manera continuada, casi durante toda su vida, puede
acabar convirtiendo a los protagonistas de esta historia en seres que nunca
volverán a ser lo que fueron y que jamás podrán acostumbrarse a su nuevo modo
de vida, fuertemente marcado por la constante penuria de un sinfín de
carencias.
Tan amargo es el futuro que les aguarda, que uno no sabe si
resulta aún peor que el que tienen por delante los cientos de miles de jóvenes
que ni siquiera han conseguido encontrar un primer empleo.
Muchos de estos trabajadores considerados erróneamente
mayores, hasta ahora podían rehacer de algún modo su vida, con el montante de
las indemnizaciones legalmente recibidas tras producirse su despido,
convirtiéndose en emprendedores tardíos capaces de montar un pequeño negocio
familiar que paliara, al menos en parte, la oscuridad que se les venía encima
cuando se apoderaba de ellos esa ociosidad impuesta por un Sistema de Gobierno
que ha resultado ser implacable para los ciudadanos, en su afán de cambiar el
modelo laboral español, por otro que se ajuste más a las exigencias que desde
Europa reclaman los que manejan el poder
y el dinero.
Si a partir de ahora, además del drama familiar que
supone su expulsión de las empresas, han
de restar a la indemnización que reciben el suculento bocado que Montoro piensa
cobrarles, amparándose en su nuevo tipo de fiscalidad, ya ni siquiera les
quedará la esperanza de convertirse en autónomos y habrán de renunciar, forzosamente,
al sueño de volver a trabajar nunca más.
Pues bien, yo no sé si el PP ha valorado suficientemente esta
medida que ha presentado ante los medios, dentro de su reforma Fiscal, como si
fuera la panacea que va hacer desaparecer por arte de magia todos los efectos
negativos que nos ha traído la crisis, pero la sensación que hemos tenido los
españoles que hemos profundizado algo en su contenido, ha sido la de considerar
que Mariano Rajoy está cometiendo al apoyarla, uno de los errores más grandes
de toda su carrera política.
Las indemnizaciones por despido, lejos de ser un regalo
voluntario de las Empresas, son una prestación a la que los trabajadores tienen
derecho y que se lleva contemplando desde hace años en las leyes por las que
nos regimos y que siempre han estado sujetas a lo que anteriormente se había
aprobado en los convenios colectivos, asentándose en el país, como
indiscutibles…hasta que llegó el PP.
No se puede olvidar que todos y cada uno de los trabajadores
ya tributan por las retribuciones que reciben cuando están en activo y que el
dinero que perciben como indemnización cuando son despedidos está por tanto,
suficientemente amortizado por los impuestos abonados durante el tiempo que
constituye su vida laboral, siendo esta nueva reclamación de ahora, un auténtico asalto, no solo a su poder
adquisitivo, sino también a su dignidad y hasta a su propia inteligencia.
Si lo que el PP se ha propuesto seriamente, sobre todo
después de los resultados de las elecciones europeas, es que nadie vuelva a
votarles jamás en próximos comicios, la Reforma Fiscal de Montoro y el cobro de
impuestos sobre las indemnizaciones por despido, son el camino correcto para
conseguirlo y más aún, cuando pretenden vender a la Sociedad esta medida
“estrella”, a bombo y platillo, asegurándonos que en ella está el germen de la
recuperación y que con su aplicación, todos volveremos a ser felices, aunque
como desgraciadamente sabemos, eso resulta imposible, mientras ellos no abandonen el gobierno.

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