domingo, 29 de junio de 2014

Tributo de parados


Gracias a la nueva Reforma Fiscal del PP, los trabajadores españoles que sean despedidos habrán de destinar parte de la indemnización que reciban, a pagar un tributo a la hacienda pública, que  podrá constituir más de la mitad del dinero correspondiente, sobre todo en los casos en que se haya estado empleado en la misma empresa durante muchos años.
Contemplando el panorama laboral reinante en España desde que Rajoy aterrizó en el Gobierno, a nadie se le escapa que son, precisamente, los hombres y mujeres mayores de cincuenta años, los más afectados por haber quedado en desempleo, tras considerar los empresarios que eran ellos, quienes percibían salarios de mayor cuantía por su duración temporal en los puestos que ocupaban y los que representaban el mayor escollo a salvar, si se quería, como parece evidente, conseguir la meta de una rebaja salarial considerable, al reemplazarlos por gente más joven que cumpliría sin rechistar las mismas funciones, por la mitad del sueldo.
La situación en que han ido quedando los afectados por estos despidos masivos, a causa de su edad, no puede ser más desalentadora, si se tiene en cuenta que para ellos resulta prácticamente imposible volver a encontrar un empleo y de que en muchos casos, tienen aún por delante diez o quince años para llegar a la jubilación, en los que no les resultará nada fácil afrontar la economía doméstica, en cuanto acabe el periodo en que puedan cobrar el desempleo.
El deterioro emocional que se produce en personas acostumbradas a trabajar de manera continuada, casi durante toda su vida, puede acabar convirtiendo a los protagonistas de esta historia en seres que nunca volverán a ser lo que fueron y que jamás podrán acostumbrarse a su nuevo modo de vida, fuertemente marcado por la constante penuria de un sinfín de carencias.
Tan amargo es el futuro que les aguarda, que uno no sabe si resulta aún peor que el que tienen por delante los cientos de miles de jóvenes que ni siquiera han conseguido encontrar un primer empleo.
Muchos de estos trabajadores considerados erróneamente mayores, hasta ahora podían rehacer de algún modo su vida, con el montante de las indemnizaciones legalmente recibidas tras producirse su despido, convirtiéndose en emprendedores tardíos capaces de montar un pequeño negocio familiar que paliara, al menos en parte, la oscuridad que se les venía encima cuando se apoderaba de ellos esa ociosidad impuesta por un Sistema de Gobierno que ha resultado ser implacable para los ciudadanos, en su afán de cambiar el modelo laboral español, por otro que se ajuste más a las exigencias que desde Europa reclaman  los que manejan el poder y el dinero.
Si a partir de ahora, además del drama familiar que supone  su expulsión de las empresas, han de restar a la indemnización que reciben el suculento bocado que Montoro piensa cobrarles, amparándose en su nuevo tipo de fiscalidad, ya ni siquiera les quedará la esperanza de convertirse en autónomos y habrán de renunciar, forzosamente, al sueño de volver a trabajar nunca más.
Pues bien, yo no sé si el PP ha valorado suficientemente esta medida que ha presentado ante los medios, dentro de su reforma Fiscal, como si fuera la panacea que va hacer desaparecer por arte de magia todos los efectos negativos que nos ha traído la crisis, pero la sensación que hemos tenido los españoles que hemos profundizado algo en su contenido, ha sido la de considerar que Mariano Rajoy está cometiendo al apoyarla, uno de los errores más grandes de toda su carrera política.
Las indemnizaciones por despido, lejos de ser un regalo voluntario de las Empresas, son una prestación a la que los trabajadores tienen derecho y que se lleva contemplando desde hace años en las leyes por las que nos regimos y que siempre han estado sujetas a lo que anteriormente se había aprobado en los convenios colectivos, asentándose en el país, como indiscutibles…hasta que llegó el PP.
No se puede olvidar que todos y cada uno de los trabajadores ya tributan por las retribuciones que reciben cuando están en activo y que el dinero que perciben como indemnización cuando son despedidos está por tanto, suficientemente amortizado por los impuestos abonados durante el tiempo que constituye su vida laboral, siendo esta nueva reclamación de  ahora, un auténtico asalto, no solo a su poder adquisitivo, sino también a su dignidad y hasta a su propia inteligencia.

Si lo que el PP se ha propuesto seriamente, sobre todo después de los resultados de las elecciones europeas, es que nadie vuelva a votarles jamás en próximos comicios, la Reforma Fiscal de Montoro y el cobro de impuestos sobre las indemnizaciones por despido, son el camino correcto para conseguirlo y más aún, cuando pretenden vender a la Sociedad esta medida “estrella”, a bombo y platillo, asegurándonos que en ella está el germen de la recuperación y que con su aplicación, todos volveremos a ser felices, aunque como desgraciadamente sabemos, eso resulta imposible, mientras ellos  no abandonen el gobierno.

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