jueves, 29 de mayo de 2014

Un ataque feroz


El auténtico alcance de la llegada de Podemos a la política nacional, va en relación directa con la dureza de los ataques dedicados  a esta formación, por parte de numerosos líderes de los dos Partidos mayoritarios y a los que acaba de sumarse Felipe González, que sabe bien por su experiencia que el bipartidismo tiene la obligación de frenar a Pablo Iglesias, si no quiere correr el riesgo de ser desbancado definitivamente, en las próximas elecciones Municipales.
No nos han cogido de extraño sus afirmaciones, teniendo en cuenta la derechización que ha sufrido el discurso del ex Presidente en los últimos tiempos y hasta puede que su intervención venga a confirmar la inquietud que ha provocado el triunfo de estos recién llegados en las Europeas, en quienes habían hecho de la alternancia en el poder, un modo de vida fácil en el que permanecer eternamente.
Las críticas sin piedad que van llegando desde todos los frentes y sobre todo de los dirigentes del PP, que hasta ahora no han sabido en carne propia lo que es la verdadera indignación y  que no están dispuestos a conformarse con que un joven casi desconocido, cuyo aspecto haría cruzar a la acera de enfrente a la mayoría de sus militantes, sea capaz de arrancarles, en solo cuatro meses, una parcela de poder, que les priva de esa mayoría absoluta de la que habían venido disfrutando y abusando, desde hace dos años y medio.
Y como no hay mejor defensa que un buen ataque, la justificación a la enorme pérdida de votos sufrida hace unos días ha de ser buscada en el agravio permanente a quien, en cierto modo, la provocó, en lugar de en una autocrítica feroz, que sería lo que correspondería a la magnitud de su fracaso.
Ahora toca “prevenir” a los españoles de este “comunista peligroso” , amante del modelo político venezolano y simpatizante de un extremismo sin paliativos, siempre según las fuentes cercanas al PP, que armado con la fuerza de la palabra, ha conseguido embaucar a las masas, hasta conducirlas, como el flautista de Hamelín, hasta las mismas puertas de los colegios electorales, para obtener a través de sus votos, un modo de terminar con la regalada vida que disfrutaban, gracias a las bondades de nuestro magnánimo Presidente de gobierno.
Y como no hay peor ciego que el que no quiere ver, entender que la reacción de los ciudadanos  no es más que el fruto de una indignación que es producto de las medidas que han venido adoptando Rajoy y su gobierno, está de momento, vetado a todos aquellos que se nutren de las doctrinas conservadoras y que en ningún momento se han dignado a escuchar la opinión que se estaba gestando en las calles, a causa de su manera de tramitar la política del país y que nos ha llevado a todos, a la situación de absoluta emergencia que ahora padecemos.
Así que los ataques indiscriminados que se están produciendo contra Podemos, bien pueden acarrear un efecto contrario al que se pretende, consiguiendo que la curiosidad del elector le conduzca a informarse sobre lo que pretende la formación de Pablo Iglesias y ayudando a muchos de ellos a sentirse identificados con las propuestas reflejadas en su programa, que es verdad, que nada tienen que ver con las de los grandes Partidos.
Porque los ciudadanos, si son libres, lo son en primer lugar para pensar de motu propio a quién desean apoyar o no, con sus votos y para decidir qué camino les gustaría tomar, para que su País saliera del precipicio en que ha caído, estando en manos de los que ahora nos gobiernan.
Pero como el miedo suele ser el peor de los consejeros y la pérdida de poder trae consigo, de seguro, una eliminación inmediata de ciertos privilegios, no queda otro remedio a quienes aún lo tienen, que inventar estrategias y urdir teorías de conspiraciones, con las que intentar mantenerse en la cresta de la ola, el mayor tiempo que se pueda.
Por lo menos, parecen haber entendido que la fuerza está en nuestras manos y no en las suyas. Y esto, por sí mismo, es ya un avance de considerables dimensiones.



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