El ex Presidente del Gobierno Felipe González, en el programa
El Objetivo de Ana Pastor, hizo saltar anoche todas las alarmas políticas, al
admitir que vería con buenos ojos una coalición entre PSOE y PP, de cara a las elecciones europeas, si
la situación del país la requiriera, en un intento tácito de que no se rompa el bipartidismo.
El gusto a la alternancia en el poder, podría conseguir hasta
esto, si se llega a intuir que la irrupción de nuevos partidos en el panorama
político y el ascenso de grupos hasta ahora minoritarios, como IU y UPD,
pudieran conseguir fragmentar la intención de voto de los españoles, dejando un
resultado en que ninguna de las formaciones hasta ahora mayoritarias pudiera
detentar en solitario el poder, no teniendo entonces más remedio que atender
mucho más a las demandas de los ciudadanos, por la necesidad perentoria de
tener que pactar, con quienes serían realmente, los nuevos vencedores.
Esta posible coalición, cuyo estudio ya estaría en marcha,
según fuentes de determinada prensa, podría ocasionar, sin embargo, un
peligroso efecto de rechazo en los electores fieles a los dos grandes partidos,
los unos, por considerar una alianza con
la izquierda, aunque sea moderada, como una grave traición a los principios
conservadores y los otros, porque
terminaría de fulminar la imagen que los socialistas han venido ofreciendo
desde la última etapa de Zapatero, confirmando una derechización total, que ya
nada tendría que ver con los principios fundamentales de una doctrina, cada vez
más desvirtuada por la degeneración de sus líderes.
Que los políticos son capaces de hacer cualquier cosa por
mantenerse en el poder, es algo que los españoles hemos tenido que aprender a
base de durísimas experiencias y quizá por esta razón, ni siquiera llega a
extrañarnos suficientemente este nuevo planteamiento, pero habría que tener en
cuenta que nada bueno ha salido jamás de estas coaliciones entre enemigos
declarados de toda la vida y que las renuncias que cada uno hace en momentos de
desesperación, suelen acarrear después, graves consecuencias para los que habitualmente
suelen pagar los errores de los políticos y que somos, como es bien sabido,
todos los ciudadanos que sufrimos los vaivenes de sus mandato.
Si PP y PSOE se avinieran finalmente al acuerdo,
inicialmente, serían los conservadores los más beneficiados en este asunto, al
no haber sufrido aún descalabro alguno en ningún tipo de elecciones, al
contrario que los socialistas, que continúan sin poder recuperarse de la
debacle ocurrida en las generales que llevaron a la Moncloa a Mariano Rajoy y
que trajeron como consecuencia todo lo ocurrido, en estos últimos dos años.
Si los socialistas quieren terminar con una trayectoria de
más de cien años de existencia, el acuerdo con los moderados sería sin duda, la
mejor manera de conseguirlo. Y si el PP quiere que el voto de los electores más
moderados de su partido, vaya
íntegramente a VOX, no tienen más que
aceptar la coalición… y sentarse a esperar el resultado de las europeas.
Pero, ¿estamos los ciudadanos dispuestos a consentir que tal
alianza sea un hecho, dejándonos atrapar en las redes de una especie de lobby
político, formado por personajes de ideologías tan dispares, que únicamente
buscan perpetuarse en el poder que les otorga la soberana decisión del pueblo?
Yo creo que no y no hay otra manera de demostrarlo que
acudiendo masivamente a las urnas para dar una lección magistral a quienes son
capaces de urdir tamaños desatinos, es decir, ir a votar, pero siempre a los otros, a los que aún conservan
la inocencia incorrupta de los que empiezan, sin que les haya atrapado aún en
sus fatídicas redes la ambición y el amor al despotismo que mueven a los
grandes y que solo merecen por nuestra parte, un profundo desprecio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario