lunes, 12 de mayo de 2014

Todo por el poder


El ex Presidente del Gobierno Felipe González, en el programa El Objetivo de Ana Pastor, hizo saltar anoche todas las alarmas políticas, al admitir que vería con buenos ojos una coalición entre PSOE  y PP, de cara a las elecciones europeas, si la situación del país la requiriera, en un intento tácito  de que no se rompa el bipartidismo.
El gusto a la alternancia en el poder, podría conseguir hasta esto, si se llega a intuir que la irrupción de nuevos partidos en el panorama político y el ascenso de grupos hasta ahora minoritarios, como IU y UPD, pudieran conseguir fragmentar la intención de voto de los españoles, dejando un resultado en que ninguna de las formaciones hasta ahora mayoritarias pudiera detentar en solitario el poder, no teniendo entonces más remedio que atender mucho más a las demandas de los ciudadanos, por la necesidad perentoria de tener que pactar, con quienes serían realmente, los nuevos vencedores.
Esta posible coalición, cuyo estudio ya estaría en marcha, según fuentes de determinada prensa, podría ocasionar, sin embargo, un peligroso efecto de rechazo en los electores fieles a los dos grandes partidos,  los unos, por considerar una alianza con la izquierda, aunque sea moderada, como una grave traición a los principios conservadores y  los otros, porque terminaría de fulminar la imagen que los socialistas han venido ofreciendo desde la última etapa de Zapatero, confirmando una derechización total, que ya nada tendría que ver con los principios fundamentales de una doctrina, cada vez más desvirtuada por la degeneración de sus líderes.
Que los políticos son capaces de hacer cualquier cosa por mantenerse en el poder, es algo que los españoles hemos tenido que aprender a base de durísimas experiencias y quizá por esta razón, ni siquiera llega a extrañarnos suficientemente este nuevo planteamiento, pero habría que tener en cuenta que nada bueno ha salido jamás de estas coaliciones entre enemigos declarados de toda la vida y que las renuncias que cada uno hace en momentos de desesperación, suelen acarrear después, graves consecuencias para los que habitualmente suelen pagar los errores de los políticos y que somos, como es bien sabido, todos los ciudadanos que sufrimos los vaivenes de sus mandato.
Si PP y PSOE se avinieran finalmente al acuerdo, inicialmente, serían los conservadores los más beneficiados en este asunto, al no haber sufrido aún descalabro alguno en ningún tipo de elecciones, al contrario que los socialistas, que continúan sin poder recuperarse de la debacle ocurrida en las generales que llevaron a la Moncloa a Mariano Rajoy y que trajeron como consecuencia todo lo ocurrido, en estos últimos dos años.
Si los socialistas quieren terminar con una trayectoria de más de cien años de existencia, el acuerdo con los moderados sería sin duda, la mejor manera de conseguirlo. Y si el PP quiere que el voto de los electores más  moderados de su partido, vaya íntegramente a VOX, no  tienen más que aceptar la coalición… y sentarse a esperar el resultado de las europeas.
Pero, ¿estamos los ciudadanos dispuestos a consentir que tal alianza sea un hecho, dejándonos atrapar en las redes de una especie de lobby político, formado por personajes de ideologías tan dispares, que únicamente buscan perpetuarse en el poder que les otorga la soberana decisión del pueblo?

Yo creo que no y no hay otra manera de demostrarlo que acudiendo masivamente a las urnas para dar una lección magistral a quienes son capaces de urdir tamaños desatinos, es decir, ir a votar, pero  siempre a los otros, a los que aún conservan la inocencia incorrupta de los que empiezan, sin que les haya atrapado aún en sus fatídicas redes la ambición y el amor al despotismo que mueven a los grandes y que solo merecen por nuestra parte, un profundo desprecio.

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