Cuando todo hacía presagiar un fin de semana en el que las
únicas noticias destacables habrían de estar directamente relacionadas con el
inicio de la campaña de las europeas, un terrible accidente de tráfico que ha
costado la vida a varios niños y heridas de diversa gravedad a otros tantos, en
un pequeño pueblo de Extremadura, ha llegado inesperadamente a última hora del
pasado Sábado, conmoviendo a los españoles por la contundencia de una tragedia,
que viene a sumarse a otras muchas que se vienen sucediendo con regularidad, en
nuestras carreteras secundarias.
A pesar de la dureza de nuestro código de circulación y de la
estrecha vigilancia a que son sometidos los conductores de todo tipo de
vehículos en las grandes ciudades, que un microbús repleto de escolares choque
con un vehículo agrícola de grandes dimensiones que llevaba varios años sin
pasar la ITV y cuyo conductor acumulaba siete sanciones anteriores, además de
dar positivo en el test de drogas, ha de causar una necesaria extrañeza y no
deja otro remedio que dudar si las leyes se aplican por igual en todos los
puntos de la geografía española, o sólo en aquellos en que se sabe con certeza
que constituyen una jugosa fuente de ingresos para las arcas del Estado.
Si lo único que prima en las sanciones de tráfico que se imponen es el afán recaudatorio,
podría resultar explicable que al encontrarse el lugar de este accidente lejos
de los grandes núcleos de población, ni el vehículo agrícola que circulaba sin
pasar la ITV estuviera inmovilizado y que
a un conductor con este historial delictivo no le hubiera sido retirado
el carnet, si como se puede intuir, había perdido el número de puntos
necesarios que se precisan para circular legalmente.
Pero la falta de vigilancia en estos lugares parece ser un
hecho cierto, puesto que resulta bastante común cuando se viaja por este tipo
de carreteras pequeñas, tropezar con maquinaria agrícola motorizada a menudo
manejada por individuos que suelen circular cometiendo todo tipo de
infracciones, probablemente amparados por moverse en un área cercana al sitio
en el que viven y por la benevolencia de unos vecinos incapaces de denunciar a
quienes conocen de toda la vida.
Así, se suele ver a conductores de avanzadísima edad
manejando tractores y otras máquinas
absolutamente desvencijadas, yendo de un lado a otro de las carreteras y
entorpeciendo durante trechos largos el ritmo de la circulación, sin que,
curiosamente nunca, en ese momento, aparezca algún agente de la autoridad que
pida la documentación del vehículo o compruebe la vigencia del carnet del
conductor en cuestión, como suele suceder en casi todos los tramos de las
autopistas.
Y son las estadísticas de los accidentes mortales que se
producen en el País, las que reclaman urgentemente una mayor atención a este
tipo de actividades tan comunes que suelen ser, precisamente, las que terminan
provocando mayores índices de siniestralidad, quizá por la impunidad que
permite la falta de vigilancia en estos puntos negros.
Si como todo parece apuntar, en el caso que nos ocupa, el conductor
reincidente del vehículo agrícola se saltó un STOP provocando el choque con el
microbús en el que viajaban los niños, y además bajo los efectos de la droga,
quizá haya llegado el momento de exigir al Ministro de Interior que además de
acudir al entierro de los menores fallecidos, haga algo por combatir el exceso
de peligrosidad que existe en nuestras carreteras secundarias.
Sobre todo porque las vidas humanas han de ser,
necesariamente, mucho más valiosas que todo el montante recaudado en las grandes
ciudades y sus alrededores por los agentes de la autoridad, cuyo número es, a
juzgar por lo que sucede en los pueblos, del todo insuficiente.
Si el Código de circulación ha sido escrito sólo para ser
obedecido por unos pocos, la igualdad de los españoles ante la ley, queda
severamente vulnerada, al permitirse tropelías como las que han dado lugar a
este luctuoso suceso.
Vayamos todos pues, con precaución, cuando circulemos por
estas vías, porque a los políticos, parece interesarles bien poco lo que en
ellas sucede.

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