La irónica Mafalda que nos acompañó en nuestra juventud y a
la que continuamos admirando ahora que ya peinamos algunas canas, obtiene el
premio Príncipe de Asturias de la mano de Quino, su creador, como un
reconocimiento a una clase de Comic, por encima de todo, comprometido con todo
aquello que sucede en su tiempo.
La niña descarada e impertinente que nos enseña que las
reglas a veces, no tienen siquiera razón de ser y que se mezcla con los adultos
y sus problemas, desde su aparente inocencia, hace ahora un alto en el camino
para venir a esta España de la que tanto jugo sacaría, a recoger un
merecidísimo galardón, que en el fondo, no sé si le gustaría demasiado.
¿A quién no se le ha escapado una sonrisa con las ocurrencias
de Mafalda, al sentirse plenamente identificado con la sutileza de su
pensamiento?
¿Y cuántos de nosotros podemos evitar dirigir allí la mirada
cuando nos tropezamos con alguna de sus viñetas, para conocer el criterio de
este pequeño monstruo intemporal, dueño de una Filosofía tan directa?
Decir que Quino encontró un filón inagotable cuando creó este
personaje, sería quedarse corto y que consiga mantenerse a la cabeza de los
dibujantes pasados tantos años, no puede ser más que la constatación de que su
trabajo es espléndido.
Quizá por eso, nosotros que hemos envejecido, mientras la
niña se ha quedado anclada en una tierna infancia que el mundo se encarga de
complicar con avatares para todos incomprensibles, no podemos por menos que
congratularnos de que se le conceda este premio, pues forma parte de nuestras vidas
y aún nos ayuda a sobrellevar nuestro destino, de la mejor manera posible, con
el tesoro impagable de la risa.

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