La inminente imputación en el caso Bárcenas de un político de
renombre del PP, parece ser el próximo paso que piensa dar el Juez Ruz,
aparentemente convencido de la financiación ilegal del Partido conservador y de
la existencia real del pago de sobresueldos.
La exhaustiva investigación que el magistrado está llevando,
en colaboración con la Banca Suiza, apunta directamente a que las cantidades
evadidas por Bárcenas no eran competencia exclusiva del ex tesorero y que
habría otras muchas cuentas, también en el País helvético, cuyos titulares
pudieran ser nombres de peso en la sede de Génova, como venía apuntando
determinada prensa, aunque hasta ahora, haya silenciado las identidades de
estos individuos.
En plena campaña electoral de las europeas y brutalmente
sacudido por el crimen de Isabel Carrasco en León, el PP tropieza nuevamente
con la tozudez de Ruz en investigar hasta las últimas consecuencias la
veracidad de los papeles del ex tesorero y
debe temer que en cualquier momento, la información judicial se filtre a
los medios, provocando un nuevo tsunami que arrase más aún, su ya
desprestigiada imagen.
Pero ya hemos dicho muchas veces que uno es esclavo de sus
errores y que quién comete un delito se ve perseguido por él para toda la vida.
Así, si durante más de veinte años, presuntamente, se produjeron
irregularidades en el seno de este Partido, es natural que habiendo ahora
salido a la luz esta información, más de uno se encuentre inquieto por su más
que probable implicación en unos hechos, que ya suponía sepultados por el paso
del tiempo.
El olor a corrupción que permanentemente persigue a muchos
miembros relevantes de este partido, en Madrid, en Valencia, en Castilla la
Mancha y en infinidad de lugares salpicados por toda la geografía española y la
cantidad de cargos políticos de esta formación formalmente imputados por la
justicia, ofrece una idea de qué clase de política es la que practica en cuanto
se le ofrece un resquicio de poder y cómo gestionan los asuntos de Estado
quienes acompañan en su andadura, a quién ahora nos gobierna.
Ya no valen las teorías conspiratorias que tanto gustan a la
cúpula del PP y quedan absolutamente anuladas por el peso de una verdad que
terminará por aplastarlo, si un milagro no lo remedia.
Porque o todos los jueces españoles se han puesto de acuerdo
para perjudicar a Rajoy, cosa que parece improbable, o la contundencia de las
pruebas en la multitud de casos de corrupción abiertos, en los que militantes
conservadores se encuentran implicados, acabará por traer consigo condenas que
prueben fehacientemente su participación en los hechos.
Qué más necesita la ciudadanía para dar electoralmente la
espalda a quienes tan mala fama arrastran, es en este momento, una incógnita
que seguramente se resolverá en los próximos comicios.
Pero votar a tanto sospechoso de saquear las arcas del
Estado, sería de necios y mantener la intención de voto a favor de quienes
además de no tener en cuenta la opinión de los ciudadanos, se han convertido en
políticos con la única intención de enriquecerse, un suicidio.

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