jueves, 15 de mayo de 2014

Un nuevo imputado


La inminente imputación en el caso Bárcenas de un político de renombre del PP, parece ser el próximo paso que piensa dar el Juez Ruz, aparentemente convencido de la financiación ilegal del Partido conservador y de la existencia real del pago de sobresueldos.
La exhaustiva investigación que el magistrado está llevando, en colaboración con la Banca Suiza, apunta directamente a que las cantidades evadidas por Bárcenas no eran competencia exclusiva del ex tesorero y que habría otras muchas cuentas, también en el País helvético, cuyos titulares pudieran ser nombres de peso en la sede de Génova, como venía apuntando determinada prensa, aunque hasta ahora, haya silenciado las identidades de estos individuos.
En plena campaña electoral de las europeas y brutalmente sacudido por el crimen de Isabel Carrasco en León, el PP tropieza nuevamente con la tozudez de Ruz en investigar hasta las últimas consecuencias la veracidad de los papeles del ex tesorero y  debe temer que en cualquier momento, la información judicial se filtre a los medios, provocando un nuevo tsunami que arrase más aún, su ya desprestigiada imagen.
Pero ya hemos dicho muchas veces que uno es esclavo de sus errores y que quién comete un delito se ve perseguido por él para toda la vida. Así, si durante más de veinte años, presuntamente, se produjeron irregularidades en el seno de este Partido, es natural que habiendo ahora salido a la luz esta información, más de uno se encuentre inquieto por su más que probable implicación en unos hechos, que ya suponía sepultados por el paso del tiempo.
El olor a corrupción que permanentemente persigue a muchos miembros relevantes de este partido, en Madrid, en Valencia, en Castilla la Mancha y en infinidad de lugares salpicados por toda la geografía española y la cantidad de cargos políticos de esta formación formalmente imputados por la justicia, ofrece una idea de qué clase de política es la que practica en cuanto se le ofrece un resquicio de poder y cómo gestionan los asuntos de Estado quienes acompañan en su andadura, a quién ahora nos gobierna.
Ya no valen las teorías conspiratorias que tanto gustan a la cúpula del PP y quedan absolutamente anuladas por el peso de una verdad que terminará por aplastarlo, si un milagro no lo remedia.
Porque o todos los jueces españoles se han puesto de acuerdo para perjudicar a Rajoy, cosa que parece improbable, o la contundencia de las pruebas en la multitud de casos de corrupción abiertos, en los que militantes conservadores se encuentran implicados, acabará por traer consigo condenas que prueben fehacientemente su participación en los hechos.
Qué más necesita la ciudadanía para dar electoralmente la espalda a quienes tan mala fama arrastran, es en este momento, una incógnita que seguramente se resolverá en los próximos comicios.
Pero votar a tanto sospechoso de saquear las arcas del Estado, sería de necios y mantener la intención de voto a favor de quienes además de no tener en cuenta la opinión de los ciudadanos, se han convertido en políticos con la única intención de enriquecerse, un suicidio.




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