lunes, 19 de mayo de 2014

Españoles en la calle


A todos esos ciudadanos que con su lucha permanente intentan desesperadamente cambiar un sistema político que sólo beneficia a los especuladores y corruptos, debe sin duda producirles una enorme tristeza contemplar que muchos millones de otros españoles que se encuentran por norma instalados en las llamadas mayorías silenciosas, tomen de pronto las calles de las ciudades, como movidos por algo verdaderamente importante, únicamente para festejar que un equipo de fútbol ha ganado la liga o que otro ha logrado la mágica proeza de no descender a segunda división, cuando parecía ser un hecho, a tenor de los resultados.
Parece imposible que este pueblo vejado hasta la saciedad por la dureza de los recortes políticos, privado de servicios tan necesarios como una sanidad de calidad o una educación para esos hijos, a quienes no espera otro futuro que la emigración para poder obtener un puesto de trabajo, sea capaz de permanecer sentado, dependiendo en innumerables casos de la pequeña paga de los jubilados para subsistir y soportando hasta ser desahuciados de sus viviendas, sin hacer siquiera un intento por frenar con su protesta, este disparate globalizador que nos está llevando a la ruina y que sin embargo, baste que sean convocados por los Clubs a los que pertenecen y en cuyas filas militan futbolistas cuyos sueldos anuales bastarían para remediar auténticos problemas de Estado, para comportarse como si de repente se hubieran resuelto todos sus problemas y la crisis hubiera desaparecido de sus vidas por la magia de una bufanda de colores y unos cuantos cánticos entonados alrededor de cualquier fuente.
Vergüenza debería darles a todos, que otras personas mucho más concienciadas con lo que está pasando en el País y que en muchos casos se encuentran en una situación mucho mejor que la que padecen los que permanecen inmóviles, salgan a las calles a defender los derechos de todos y muy particularmente los de los más desfavorecidos, jugándose su integridad física y siendo objeto casi siempre de represión y crítica feroz por parte de los políticos de turno, mientras ellos sólo se mueven, como marionetas, manejados por las órdenes de esos clubs millonarios, que además, suelen arrastrar deudas inmensas con Hacienda, que repercuten gravemente en contra de todos.
¿Acaso esos futbolistas que perciben veinte millones de euros anuales van a remediar en algún modo sus carencias?
¿Van los Presidentes de Clubs, al menos, a regalar entradas a los desempleados, como muestra de solidaridad con los tiempos difíciles que nos han tocado vivir?
¿De verdad es importante ganar o perder, subir o descender, cuando no se tiene trabajo y a uno le es imposible pagar la hipoteca, la factura de la luz y el gas y sus hijos han de ir al colegio teniendo que prescindir de alguna comida, e incluso necesitando que instituciones de carácter benéfico les proporcionen alimentos, para no padecer una desnutrición galopante?
La sensación al contemplar estos estallidos futboleros, no puede por menos que producir una indignación comprensible y una tendencia a pensar que en ciertos casos, algunos tienen lo que se merece.
Porque si nada se hace por remediar aquello que nos afecta a nivel personal y colectivo ¿qué se puede esperar que hagan por uno aquellos a quienes no les afecta en absoluto la terrible tragedia de la pobreza?
Y aunque rectificar es de sabios y la esperanza de que todos estos ciudadanos únicamente preocupados por un Deporte puedan terminar acompañándonos en todas y cada una de nuestras protestas, es lo último que se pierde, su actitud actual, su frivolidad al anteponer unos resultados deportivos a los problemas que padece el país, resulta, por lo menos, del todo imperdonable.
Parece que aquello de Pan y Circo, sigue funcionando a la perfección en esta sociedad nuestra, tan alejada cronológicamente del Imperio Romano, pero tan cercana a la postura de quienes lo gobernaban, tan parecida a la de quienes rigen nuestros destinos en la actualidad.


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