jueves, 8 de mayo de 2014

Bring back our girls


La campaña que se ha puesto en marcha a través de la Red, para que cesen los secuestros de niñas en Nigeria y para que las que ya lo fueron sean devueltas a sus familias sanas y salvas, está consiguiendo movilizar a millones de personas, en contra de esta barbarie incomprensible, directamente dirigida a terminar con el derecho a la educación de las mujeres, que preconizan determinados grupos islamistas.
Que en el siglo XXI los derechos de las mujeres continúen siendo  ignorados por ciertos colectivos que arguyendo razones de fe, contemplan la prepotencia machista como único modo de vida, considerando al sexo opuesto como una mercancía meramente sexual que ni siquiera merece atención médica en caso de padecer alguna enfermedad y cuya única misión en la vida es la de complacer hasta la esclavitud los deseos de los hombres, no puede obedecer a otra causa que no sea la de una ausencia total de todo tipo de cultura, en todos aquellos que se proclaman defensores a ultranza de lo que ellos llamarían doctrina.
Mentalmente anclados a una edad media que no han conseguido abandonar aunque hayan pasado más de diez siglos y considerando a las mujeres en su pensamiento como una clase más de ganado al que se puede maltratar, vilipendiar y someter a continuos abusos desde la prepotencia de un machismo armado hasta los dientes que no ha sabido ni querido evolucionar con los tiempos, los grupos que están secuestrando en Nigeria a las niñas, con la intención de privarlas de su derecho a acudir a las escuelas y otros muchos que aplauden y practican también estas inaceptables costumbres, no son más que un reducto de una clase de humanidad que por representar lo que representa, parece no haber aprendido absolutamente nada sobre principios éticos y morales y que colocan en un lugar vergonzoso a la Religión que supuestamente, defienden.
Su radicalismo troglodita y las ansias por no apartarse de la profunda ignorancia que demuestran cuando ponen en práctica su particular doctrina, no hace sino potenciar un odio colectivo a cualquier cosa que tenga que ver con las leyes del Islam, que en muchos casos es aprovechado por líderes occidentales sin escrúpulos para justificar una violencia contra millones de inocentes que nada tienen que ver, sin embargo, con estas teorías de un terror, mucho más nefasto que el de las armas, por muy sofisticadas que sean.
Y sin embargo, no podemos tratar de comprender lo que pasa por ejemplo en Nigeria, si tratamos de analizar los hechos desde nuestra mentalidad occidental del siglo XXI o desde la posición de que disfrutamos, si somos mujeres y nos encontramos en otras partes del mundo en las que la igualdad empieza ser un hecho.
Incluso aunque intentáramos cambiar desde la base, las propias creencias de la población femenina que  permanece bajo el yugo de estos radicales enfermizos y que se ve obligada sin remisión a convivir con ellos, la idiosincrasia de la cultura reinante en esos lugares, nos haría tropezar, en más casos de los que podríamos creer, con un apoyo tácito a la manera de actuar de sus hombres y con una contundente negativa, si les propusiéramos una modificación de su actitud en el plano personal, por considerar como normal, lo que desde aquí nos parece aberrante, vejatorio e intolerable.
Puede que hagan falta diez siglos más para que ellas lleguen adonde estamos nosotras ahora y a saber dónde estaremos nosotras entonces.
Por eso, aunque la tristeza por la situación que sufren no puede por menos que afectarnos en lo más profundo del corazón, encontrar una salida rápida para su padecimiento parece del todo inalcanzable.
Teniendo en cuenta además, que no hay en juego en este caso de las mujeres ningún negocio productivo que pueda enriquecer a ninguna de las grandes potencias que gobiernan el destino del mundo, como el petróleo de Irak, por ejemplo, y tratándose como se trata, solo de una grave injusticia que únicamente afecta la situación personal y humanitaria de un número indeterminado de mujeres, no se puede esperar tampoco, que nadie “intervenga” para que la situación sea erradicada para siempre de allí donde se produce.
Que Michel Obama se haya adherido a la campaña a favor de las niñas nigerianas, no significa, créanme, que su marido esté dispuesto a hacer nada por ellas, a otros niveles mucho más prácticos.
Este tipo de terrorismo doméstico no mueve tropas, solo conciencias.






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