jueves, 22 de mayo de 2014

Callar la voz del pueblo


Sólo le faltaba al PP, para justificar una merma considerable en nuestros derechos de expresión y reunión, que unos manifestantes atacaran al ministro Montoro y que según las fuentes oficiales, pertenecieran a la extrema izquierda.
Poco han tardado en incluir en el mismo paquete a todos los que no compartimos su línea de pensamiento y menos aún que tardarán en añadir este percance a la campaña que han emprendido contra las redes sociales, tras el asesinato de Isabel Carrasco, empeñados como están en buscar un modo de silenciar cualquier oposición a sus políticas, creando leyes que aseguren durante el mayor tiempo posible, su permanencia en el poder.
Con el agua al cuello y el augurio de que los partidos pequeños harán  mella en las próximas elecciones, cercenando gravemente el bipartidismo, cualquier excusa es buena para que no se oiga todo aquello que se pretende ahora ocultar y que no es otra cosa que un relato detallado de los graves ataque sufridos por la ciudadanía, desde que los conservadores están en el gobierno.
Esta larga lista de agravios, acaba de incrementarse, más si cabe, por las desafortunadísimas palabras de Cañete, a quien ya veía Mariano Rajoy como Comisario europeo y que ahora tendrá que conformarse con conseguir los votos de sus incondicionales y un simple escaño en el Parlamento de Bruselas.
Como nunca han querido reconocer la magnitud de su fracaso y mucho menos la indignación que subyace bajo la aparente pasividad de los españoles, buscar caminos  que conduzcan a unos resultados de los que presumir al día siguiente de las elecciones, se ha convertido en un  objetivo urgente para todos los participantes en esta anodina campaña, que no parece ir precisamente bien, para los intereses de este Partido.
Así que elucubrar sobre los perjuicios que las redes sociales pueden causar a terceros o aprovechar el ataque a Montoro para denostar lo más posible a los que se han convertido en enemigos políticos que amenazan considerablemente la estabilidad en el poder, es ahora la estrategia a seguir por los miembros de este gobierno, que se ha quedado sin argumentos para defender que su gestión ha sido un triunfo, a juzgar por la opinión que los ciudadanos y muchas voces relevantes procedentes de otras formaciones, están expresando libremente en todos los medios y muy particularmente, en este en el que escribo.
Pues bien, no existe la confabulación que se nos atribuye a todos los colectivos y personas que no estamos de acuerdo con las políticas que practica Rajoy.
Más bien, esa numerosísima oposición que se palpa en España y que hasta ahora se ha podido expresar libremente por derecho, debiera mover al PP a una profunda reflexión sobre la manera de gobernar que ha tenido, en estos dos últimos años de permanente sufrimiento para el pueblo.
La dureza de la caída dependerá, en gran parte, de que por fin se animen o no, a descender hasta la realidad en que vivimos los simples mortales.
Aunque esto parece imposible, siendo quiénes son y pensando cómo piensan.




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