La noche del debate televisivo entre Cañete y Valenciano, la
suerte se puso de cara para el PP, al registrar la emisión una de las cotas de
audiencia más bajas que se recuerdan, en la historia de todos los
enfrentamientos entre candidatos de los dos partidos mayoritarios, desde la
llegada de la Democracia.
Gracias a que millones de españoles desilusionados por la
política decidieron esa noche no sintonizar TVE, la desafortunada frase del
candidato del PP a las europeas, asegurando que le resultaba muy difícil
entablar un cara a cara con una mujer, teniendo en cuenta que al ser ella
sentimentalmente más débil y siendo él un caballero, nunca sería capaz de
utilizar toda la dureza de sus argumentos, tardó en ser conocida por los
televidentes y la noche le regaló la posibilidad de urdir una rectificación que
se apresuró a ofrecer a primera hora de la mañana, al darse cuenta o ser
advertido por los suyos, de que había pecado mortalmente de un recalcitrante
machismo.
El macho Cañete, al que ya hemos tenido la oportunidad de ver
durante muchos años protagonizando escenas que le alejan por sí mismas,
bastante, de la imagen ideal de lo que sería un caballero, pretendió quizá
anticiparse al resultado de un debate que era fácil ganarle únicamente enumerando
todas y cada una de las medidas de recortes que se ha permitido aprobar el
gobierno al que pertenecía hasta hace apenas un mes, e inconscientemente,
añadió a su larga lista de ridículas intervenciones ante las cámaras, un
imperdonable alegato que sólo consiguió indignar y mucho, a todas y cada una de
las españolas que siendo como son, inteligentes, independientes y absolutamente
capaces de salir adelante por sí mismas y de soportar cualquier tipo de
dificultad, de la índole que sea, se sintieron aludidas por la postura
antediluviana del candidato conservador a las europeas.
Ya sabíamos que este
macho ibérico de pura cepa era capaz de hacer cualquier cosa por conseguir
mantenerse en primera línea de juego y todos habíamos podido contemplarle
comiendo con auténtica voracidad chuletón de ternera en plena crisis de las
vacas locas, pechugas de pollo, en pleno auge de la gripe aviar e incluso
yogures caducados para demostrar que la fecha que figura en los alimentos es
para él una minucia, que uno puede saltarse con toda naturalidad si el hambre
aprieta o el sueldo no llega para cubrir las necesidades de una familia.
Ya contábamos con su afición a presidir jurados de concursos
culinarios en los que catar sin despeinarse todos los platos que se atrevieran
a presentar los participantes, habíamos oído a muchos ciudadanos de Baleares
asegurar que era el dueño de medio Mallorca y hasta éramos conscientes de que
podía ser sospechoso de conseguir contratos con empresas públicas, siendo
ministro de Rajoy.
Sabíamos que su labor al frente del Ministerio de Agricultura
no ha contado, precisamente, con el beneplácito de los agricultores y hasta que
en realidad, ser el candidato elegido para las europeas le había parecido, en
privado, una especie de afrenta, por creer que en el fondo se trataba de una
maniobra del PP, para alejarle de Madrid, donde él hubiera preferido seguir,
hasta culminar su carrera política.
Pero que además de todas estas innegables “virtudes”, Cañete
guardaba en su fuero interno un macho recalcitrante que ponía en duda la
capacidad de las mujeres para desarrollar labores políticas, era un
secreto tan bien guardado, que ni siquiera sus propias compañeras de Partido
parecían conocerlo, o seguramente no hubieran permitido que encabezara las
listas y mucho menos que se atreviera a presumir de ello ante unas cámaras de
Televisión y menos aún, a punto de empezar un Debate.
Y si esto es lo que dice ¿Qué
puede guardar en su interior este macho de exagerada voracidad al que ahora se
le ha encomendado el papel de representarnos en el Parlamento europeo y qué
podemos esperar las mujeres de su gestión en cualquiera de los muchos temas que
tienen que ver con nosotras?
¿Va a pelear porque se nos
conceda una igualdad de salarios, al considerar que en nuestra debilidad
necesitamos esa subida para paliar nuestra desprotección ante los hombres?
¿Va a cuidar de que nuestra
frágil salud emocional sea mejor atendida por su propio gobierno, librándonos
de tener que soportar las carencias a que nos somete sin piedad la política de
recortes de su Presidente?
¿Va a intentar que nos libremos
por fin del fantasma de los malos tratos con que nos llevan “obsequiando”algunos especímenes machistas,
abriendo más casas de acogidas para las víctimas de esta plaga que nos azota?
¿Va a enfrentarse a Gallardón
para que podamos decidir qué queremos hacer con nuestro cuerpo y cuándo
queremos ser madres o su caballerosidad no llega más allá de no querer zaherir
la autoestima de Valenciano ante la audiencia de un simple programa televisivo?
Verán, Cañete es lo que es y esta
vez se le ha visto el plumero.
Así que aunque muchas de nosotras ya habíamos
decidido hace tiempo no regalarle el inapreciable valor de nuestro voto,
conocer su opinión nos ha servido para
tener la certeza de que no nos equivocábamos y para reafirmarnos en la
intención de alejarle de nuestras vidas, lo más posible.
Si ahora además es abucheado por
las mujeres en los mítines, por favor, que no lo llamen escrache.

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