domingo, 18 de mayo de 2014

El macho Cañete


La noche del debate televisivo entre Cañete y Valenciano, la suerte se puso de cara para el PP, al registrar la emisión una de las cotas de audiencia más bajas que se recuerdan, en la historia de todos los enfrentamientos entre candidatos de los dos partidos mayoritarios, desde la llegada de la Democracia.
Gracias a que millones de españoles desilusionados por la política decidieron esa noche no sintonizar TVE, la desafortunada frase del candidato del PP a las europeas, asegurando que le resultaba muy difícil entablar un cara a cara con una mujer, teniendo en cuenta que al ser ella sentimentalmente más débil y siendo él un caballero, nunca sería capaz de utilizar toda la dureza de sus argumentos, tardó en ser conocida por los televidentes y la noche le regaló la posibilidad de urdir una rectificación que se apresuró a ofrecer a primera hora de la mañana, al darse cuenta o ser advertido por los suyos, de que había pecado mortalmente de un recalcitrante machismo.
El macho Cañete, al que ya hemos tenido la oportunidad de ver durante muchos años protagonizando escenas que le alejan por sí mismas, bastante, de la imagen ideal de lo que sería un caballero, pretendió quizá anticiparse al resultado de un debate que era fácil ganarle únicamente enumerando todas y cada una de las medidas de recortes que se ha permitido aprobar el gobierno al que pertenecía hasta hace apenas un mes, e inconscientemente, añadió a su larga lista de ridículas intervenciones ante las cámaras, un imperdonable alegato que sólo consiguió indignar y mucho, a todas y cada una de las españolas que siendo como son, inteligentes, independientes y absolutamente capaces de salir adelante por sí mismas y de soportar cualquier tipo de dificultad, de la índole que sea, se sintieron aludidas por la postura antediluviana del candidato conservador a las europeas.
 Ya sabíamos que este macho ibérico de pura cepa era capaz de hacer cualquier cosa por conseguir mantenerse en primera línea de juego y todos habíamos podido contemplarle comiendo con auténtica voracidad chuletón de ternera en plena crisis de las vacas locas, pechugas de pollo, en pleno auge de la gripe aviar e incluso yogures caducados para demostrar que la fecha que figura en los alimentos es para él una minucia, que uno puede saltarse con toda naturalidad si el hambre aprieta o el sueldo no llega para cubrir las necesidades de una familia.
Ya contábamos con su afición a presidir jurados de concursos culinarios en los que catar sin despeinarse todos los platos que se atrevieran a presentar los participantes, habíamos oído a muchos ciudadanos de Baleares asegurar que era el dueño de medio Mallorca y hasta éramos conscientes de que podía ser sospechoso de conseguir contratos con empresas públicas, siendo ministro de Rajoy.
Sabíamos que su labor al frente del Ministerio de Agricultura no ha contado, precisamente, con el beneplácito de los agricultores y hasta que en realidad, ser el candidato elegido para las europeas le había parecido, en privado, una especie de afrenta, por creer que en el fondo se trataba de una maniobra del PP, para alejarle de Madrid, donde él hubiera preferido seguir, hasta culminar su carrera política.
Pero que además de todas estas innegables “virtudes”, Cañete guardaba en su fuero interno un macho recalcitrante que ponía en duda la capacidad de las mujeres para desarrollar labores políticas, era un secreto tan bien guardado, que ni siquiera sus propias compañeras de Partido parecían conocerlo, o seguramente no hubieran permitido que encabezara las listas y mucho menos que se atreviera a presumir de ello ante unas cámaras de Televisión y menos aún, a punto de empezar un Debate.
Y si esto es lo que dice ¿Qué puede guardar en su interior este macho de exagerada voracidad al que ahora se le ha encomendado el papel de representarnos en el Parlamento europeo y qué podemos esperar las mujeres de su gestión en cualquiera de los muchos temas que tienen que ver con nosotras?
¿Va a pelear porque se nos conceda una igualdad de salarios, al considerar que en nuestra debilidad necesitamos esa subida para paliar nuestra desprotección ante los hombres?
¿Va a cuidar de que nuestra frágil salud emocional sea mejor atendida por su propio gobierno, librándonos de tener que soportar las carencias a que nos somete sin piedad la política de recortes de su Presidente?
¿Va a intentar que nos libremos por fin del fantasma de los malos tratos con que nos llevan obsequiandoalgunos especímenes machistas, abriendo más casas de acogidas para las víctimas de esta plaga que nos azota?
¿Va a enfrentarse a Gallardón para que podamos decidir qué queremos hacer con nuestro cuerpo y cuándo queremos ser madres o su caballerosidad no llega más allá de no querer zaherir la autoestima de Valenciano ante la audiencia de un simple programa televisivo?
Verán, Cañete es lo que es y esta vez se le ha visto el plumero.
 Así que aunque muchas de nosotras ya habíamos decidido hace tiempo no regalarle el inapreciable valor de nuestro voto, conocer su  opinión nos ha servido para tener la certeza de que no nos equivocábamos y para reafirmarnos en la intención de alejarle de nuestras vidas, lo más posible.
Si ahora además es abucheado por las mujeres en los mítines, por favor, que no lo llamen escrache.


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