martes, 6 de mayo de 2014

Volviendo a los años cincuenta


Según fuentes de prensa, la editorial Anaya ha puesto a la venta unos libros de texto, supongo que de Lengua y Literatura, en los que se ofrece a los estudiantes una versión absolutamente tergiversada de la biografía de dos de los más grandes poetas españoles, como son Federico García Lorca y Antonio Machado.
Del primero, se dice simplemente que murió en el transcurso de la Guerra Civil española, sin llegar a mencionar que fue fusilado por sus creencias, sin que aún en el día de hoy hayan podido ser recuperados sus restos, propiciando el error de que quienes estudien este texto puedan llegar a pensar que fue una víctima más de las que cayeron en la contienda y no un ejemplo claro de lo que ocurrió con muchos de los intelectuales que estando a favor de la República, cometieron el error de permanecer en el País.
De Antonio Machado se cuenta que decidió emigrar a Francia con su familia, sin aclarar que no le quedó más remedio que exiliarse, acosado también por su ideología y en compañía de una madre muy enferma, teniendo que pasar en el camino hacia la nación vecina toda una suerte de penalidades, para finalmente asentarse en una humilde pensión de Colliure, en la que madre e hijo murieron en poco tiempo, quedando enterrados en la pequeña localidad para siempre, como se puede constatar si uno decide visitar su tumba, por cierto, siempre llena de flores.
Esta interpretación absolutamente partidista de estas dos historias de tristeza infinita, no ha podido por menos que recordarme aquellas Enciclopedias que nos servían como libro único en mi infancia y en las que se llegaba a retratar a los republicanos con forma de diablo portando un tridente, mientras la imagen de los integrantes del bando franquista se representaba en forma de jóvenes apolíneos vestidos con la camisa azul de la falange, con el yugo y las flechas bordados en su atlético pecho y un enorme escapulario, símbolo de su fe, colgando siempre de su cuello.
Los textos, por supuesto al servicio de la versión que la Dictadura ofrecía sobre la contienda, intentaba potenciar en nosotros, entonces solo niños, una admiración sin límites hacia quienes se hacían llamar salvadores de la Patria y un odio cerval hacia los que, supuestamente, se habían empeñado en hacer de nuestro país un antro de perversión e inmoralidad, que de haber seguido adelante, nos habría enviado a todos directamente al infierno.
Y aunque algunos tuvimos la suerte de conocer versiones bien distintas en el seno de la familia, se nos lacró sin embargo, con la obligación de tener que repetir como papagayos aquella parte de nuestra historia, tal y como querían oírla quienes entonces nos mandaban, sin dejarnos siquiera el derecho a investigar otras fuentes, al estar prohibida por ley, la venta de cualquier tipo de literatura que pudiera insinuar siquiera la verdad de lo sucedido, dejando en muchos de nosotros un poso de miedo a cuanto tuviera que ver con las ideas de una izquierda, que nada había hecho para merecer el trato vejatorio que durante cuarenta años recibió por parte de la Dictadura.
Por eso al leer la noticia a la que hacemos referencia al principio de este artículo, no me queda otro remedio que lamentar que a estos pobres estudiantes de hoy, pueda llegar a pasarles algo similar a lo que nos ocurrió a nosotros, con esta parte importantísima de nuestra historia y que ofreciéndoles esta versión manipulada del final de la vida de estos poetas, se les impida apreciar en toda su dimensión, la grandeza de su obra y también de la valentía con que afrontaron la defensa de unas ideas a las que tenían derecho por el mero hecho de ser personas, aunque precisamente por tenerlas, se truncaran sus trayectorias de manera tan incomprensible y violenta.
Y porque no quisiéramos por nada del mundo regresar a la oscuridad en que nos tocó vivir en aquellos años cincuenta, la obligación de  reclamar el conocimiento de la verdad por parte de nuestros jóvenes, se convierte en algo urgente e inaplazable, antes de que pueda convertirse en algo rutinario y tácitamente aplaudido por quienes hoy se encuentran al frente del Gobierno.
No vaya a ser que poco a poco y a base de escribir en los textos mentiras como éstas, nuestra historia más reciente vuelva a ser una manera de hacer proselitismo a favor de una derecha, que no parece estar dispuesta a cambiar su manera de actuar, aunque hayan pasado más de ochenta años.


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