jueves, 1 de mayo de 2014

Un incomprensible triunfalismo


Declara Mariano Rajoy que está contento con los resultados de la Encuesta de Población Activa, que pone en evidencia que en la actualidad tenemos un veintisiete por ciento de paro, más de un cincuenta y cinco por ciento que afecta directamente a los jóvenes, con casi un millón más de desempleados que cuando llegó al poder y recibió la tan cacareada herencia de Zapatero, de la que tanto abominó y abomina.
 Esto, según el Presidente, representa el triunfo de su Reforma Laboral y de las durísimas políticas de recortes aplicadas durante sus más de dos años de gobierno y que han llevado a los españoles a esta situación que sólo a él parece producirle una incomprensible satisfacción, si se miran los resultados obtenidos.
Las promesas reiteradas de creación de empleo, que González Pons fijó en su momento en tres millones, igual que otras, se las llevó el viento y estamos a día de hoy, muchísimo peor que al principio de su nefasto mandato, siendo además los que tienen la suerte de conservar el empleo, mucho más pobres y habiendo perdido una gran parte de las prestaciones sociales de que disfrutábamos antes de su llegada.
¿De qué está contento Rajoy? Es un misterio que no acabamos de comprender, a no ser que se refiera a los niveles de obediencia hacia los mandatos europeos que viene demostrando  y que más bien, se acercan mucho a lo que vulgarmente se llama servilismo.
Porque desde luego, el mensaje de triunfalismo que albergan sus palabras de satisfacción, no concuerda para nada con la opinión de los que nos vemos obligados a sufrir sus políticas y en nada enorgullecería a cualquier mandatario que tuviera un poco de dignidad, si atendiera a la herencia que se está encargando de dejar tras su paso por el poder y que empeora infinitamente la que dejó Zapatero.
Y no es que el socialista no cometiera terribles errores de los que seguramente se arrepentirá toda su vida y que los españoles le hicieron pagar en las urnas, a juzgar por los resultados que obtuvo, sino que la gravedad de la situación actual, empieza a hacer menos mala la gestión de la anterior legislatura, si se toma como referente adonde hemos llegado en la actual y se analizan en profundidad los niveles de carencias que han alcanzado los hogares españoles, desde que gobierna la derecha.
Es cierto que se está creando, con cuenta gotas, algún empleo, pero habría que preguntarse de qué clase, con qué salario y condiciones de trabajo y en qué medida ha empeorado el que ya existía, si se quiere hacer justicia en la valoración de la actuación de Rajoy.
Que trabajamos más horas, por menos dinero y que la tendencia empresarial es la de despedir, al amparo de la Reforma Laboral, a los trabajadores mayores y a todos los que cobran un salario superior a mil euros, para reemplazarlos por otros menos cualificados, eventuales y a los que sólo se pague el salario mínimo, es un secreto a voces que todos y cada uno de los españoles conocemos y que, evidentemente, ni nos complace, ni nos produce ningún tipo de orgullo.
Más bien, nos indigna que el Presidente del gobierno ponga en duda nuestro nivel de inteligencia en cada una de sus intervenciones y que pretenda convencernos de que la indignidad que está instalando en el panorama laboral español, es la panacea que nos sacará de la crisis, gracias a su gestión y la de los suyos.
E incluso debe pensar, el pobre, que creemos a pies juntillas lo que nos dice, como si lidiar con la economía familiar no fuera una prueba evidente de cuánto se nos miente.
Ir por el mundo arrastrando tras de sí la losa de seis millones de personas desempleadas, no constituye, al parecer suficiente penitencia ni es móvil para avergonzar a este Presidente de Gobierno que nos ha tocado sufrir, muy a pesar nuestro.
Pero el tiempo pone inexorablemente a cada uno en su sitio y ya llegará el día en que los españoles podamos colocar a Rajoy, con la fuerza de nuestros votos, exactamente, donde merece.



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