Declara Mariano Rajoy que está contento con los resultados de
la Encuesta de Población Activa, que pone en evidencia que en la actualidad
tenemos un veintisiete por ciento de paro, más de un cincuenta y cinco por
ciento que afecta directamente a los jóvenes, con casi un millón más de
desempleados que cuando llegó al poder y recibió la tan cacareada herencia de
Zapatero, de la que tanto abominó y abomina.
Esto, según el
Presidente, representa el triunfo de su Reforma Laboral y de las durísimas
políticas de recortes aplicadas durante sus más de dos años de gobierno y que
han llevado a los españoles a esta situación que sólo a él parece producirle
una incomprensible satisfacción, si se miran los resultados obtenidos.
Las promesas reiteradas de creación de empleo, que González
Pons fijó en su momento en tres millones, igual que otras, se las llevó el
viento y estamos a día de hoy, muchísimo peor que al principio de su nefasto
mandato, siendo además los que tienen la suerte de conservar el empleo, mucho
más pobres y habiendo perdido una gran parte de las prestaciones sociales de
que disfrutábamos antes de su llegada.
¿De qué está contento Rajoy? Es un misterio que no acabamos
de comprender, a no ser que se refiera a los niveles de obediencia hacia los
mandatos europeos que viene demostrando
y que más bien, se acercan mucho a lo que vulgarmente se llama
servilismo.
Porque desde luego, el mensaje de triunfalismo que albergan
sus palabras de satisfacción, no concuerda para nada con la opinión de los que
nos vemos obligados a sufrir sus políticas y en nada enorgullecería a cualquier
mandatario que tuviera un poco de dignidad, si atendiera a la herencia que se
está encargando de dejar tras su paso por el poder y que empeora infinitamente
la que dejó Zapatero.
Y no es que el socialista no cometiera terribles errores de
los que seguramente se arrepentirá toda su vida y que los españoles le hicieron
pagar en las urnas, a juzgar por los resultados que obtuvo, sino que la
gravedad de la situación actual, empieza a hacer menos mala la gestión de la
anterior legislatura, si se toma como referente adonde hemos llegado en la
actual y se analizan en profundidad los niveles de carencias que han alcanzado
los hogares españoles, desde que gobierna la derecha.
Es cierto que se está creando, con cuenta gotas, algún
empleo, pero habría que preguntarse de qué clase, con qué salario y condiciones
de trabajo y en qué medida ha empeorado el que ya existía, si se quiere hacer
justicia en la valoración de la actuación de Rajoy.
Que trabajamos más horas, por menos dinero y que la tendencia
empresarial es la de despedir, al amparo de la Reforma Laboral, a los
trabajadores mayores y a todos los que cobran un salario superior a mil euros,
para reemplazarlos por otros menos cualificados, eventuales y a los que sólo se
pague el salario mínimo, es un secreto a voces que todos y cada uno de los
españoles conocemos y que, evidentemente, ni nos complace, ni nos produce
ningún tipo de orgullo.
Más bien, nos indigna que el Presidente del gobierno ponga en
duda nuestro nivel de inteligencia en cada una de sus intervenciones y que pretenda
convencernos de que la indignidad que está instalando en el panorama laboral
español, es la panacea que nos sacará de la crisis, gracias a su gestión y la
de los suyos.
E incluso debe pensar, el pobre, que creemos a pies juntillas
lo que nos dice, como si lidiar con la economía familiar no fuera una prueba
evidente de cuánto se nos miente.
Ir por el mundo arrastrando tras de sí la losa de seis
millones de personas desempleadas, no constituye, al parecer suficiente
penitencia ni es móvil para avergonzar a este Presidente de Gobierno que nos ha
tocado sufrir, muy a pesar nuestro.
Pero el tiempo pone inexorablemente a cada uno en su sitio y
ya llegará el día en que los españoles podamos colocar a Rajoy, con la fuerza
de nuestros votos, exactamente, donde merece.

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