jueves, 8 de mayo de 2014

Medidas contra la corrupción


Ahora que el paro asfixia a casi seis millones de españoles, la idea de sacar a concurso un nutrido número de plazas de colaboradores en la lucha contra la corrupción, ayudaría a desenmarañar las numerosas tramas que van siendo descubiertas todos los días, a la vez que retiraría de las nutridas listas del INEM, a algunos de los muchos necesitados que aguardan con impaciencia el momento de abandonarlas.
Esta Democracia nuestra, que está siendo ensuciada por tahúres sin escrúpulos que decidieron hacerse políticos con la única intención de enriquecerse, precisa urgentemente ser saneada y liberada de esta lacra que extiende sus tentáculos por toda la geografía española, sin que las medidas judiciales, al menos hasta este momento, consigan penalizar con la suficiente dureza, ninguno de los delitos cometidos.
Se quejan los investigadores dedicados a estas tareas de falta de medios, seguramente con razón, si se tiene en cuenta que los delincuentes financieros parecen surgir en tropel hasta de debajo de las piedras y no hay ayuntamiento, ciudad o partido político que se libre de tener varios casos de mayor o menor relevancia, que todos conocemos y muchas veces callamos, por temor a que denunciarlos, nos reporte graves perjuicios.
No hay obra pública de la que alguien no haya sacado tajada, algunas veces triplicando o cuadriplicando su coste real para enriquecer a quienes la contrataron, saltándose todas las normas de moralidad que asegurarían una misma oportunidad de conseguir su adjudicación a todos los participantes en el concurso. 
El amiguismo, la coacción y los tratos a espaldas de la legalidad, embadurnan con su suciedad y sin castigo alguno, todo negocio que tenga que ver con lo público, encareciéndolo a costa del dinero de los contribuyentes y aquí no se hace nada por evitarlo.
Ayer conocíamos que las obras del AVE Madrid- Barcelona, se encarecieron en casi un trescientos por cien, según sus organizadores por cuestiones de tiempo, una excusa que según los fiscales anticorrupción, bien podría ocultar, como en otros casos, una desviación severa de fondos hacia las cuentas personales de algún político, como suele ocurrir desgraciadamente, casi siempre.
Pero he aquí que entre las intensivas investigaciones que se llevan a cabo en los casos de corrupción que se van conociendo y las sentencias dictadas después por los jueces, al menos hasta ahora, suele abrirse una brecha incomprensiblemente insalvable, que viene a dar como resultado, como bien se ha podido comprobar últimamente, un sinfín de inadmisibles absoluciones, que no solo zanjan en falso la mayoría de los casos, sino que permiten que el producto del fraude se olvide, sin que la Hacienda pública vuelva a recuperarlo jamás, en perjuicio de todos nosotros.
Que no interesa endurecer la legislación para los casos de corrupción, es claro y evidente, quizá porque es tan grande la implicación de políticos en ellos, que de hacerlo, las filas de los Partidos podrían verse gravemente mermadas, cosa que no conviene si se pretenden conservar las cotas de poder de que se disfruta.
Y que resulta absolutamente imposible hacer frente a todos y cada uno de los asuntos que requieren investigación de este tipo, por tratarse de un número absolutamente incalculable, es también manifiestamente cierto e incluso inconveniente, si se quiere evitar que la sociedad, harta de padecer esta lacra, se rebele y salga la calle, protagonizando un violento estallido de descomunales consecuencias.
Pero esta `podredumbre que está corrompiéndolo todo y terminando de convencer a los ciudadanos de la deshonestidad de una gran mayoría de políticos, ha de ser, sin embargo, arrancada de raíz y sin compasión de los cimientos del Estado y es por tanto, nuestra obligación, reclamar a quién nos gobierna, que tome urgentemente cartas en el asunto.
Si hay que crear plazas, que se creen y si hay que modificar las leyes, que se modifiquen sin contemplaciones hacia estos delincuentes de abultadas cuentas bancarias que no se compadecen en absoluto del momento de crisis que atraviesa su propio país.
Nada sería más deseable que levantarse una mañana sin que ninguno de ellos haya robado nada y aún más, si por fin viéramos a todos los que en algún momento lo hicieron, devolviendo lo sustraído y entre rejas.






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