Afectados por un visible nerviosismo por los resultados
electorales, las voces relevantes de los Partidos mayoritarios han empezado a
hacer análisis, claramente orientados a desacreditar a quienes acaban de
irrumpir en la escena política con fuerza y lo han hecho con comentarios
claramente ofensivos hacia los representantes de Podemos, previendo quizá que
es precisamente este grupo el que pudiera finalmente arrancarles el poder que
detentan, si siguen así, hasta la celebración de las próximas elecciones
municipales.
Pensaba ilusamente el PP que los ciudadanos apoyábamos su
gestión y que esas mayorías silenciosas que nunca salen a las calles a
manifestar su protesta, acudirían ahora a votar en su favor, permitiéndoles
continuar sin obstáculos con su política de recortes. Pero no salir no
significa, de ningún modo, estar de acuerdo y el mensaje de las nuevas
formaciones políticas, muchas de ellas surgidas directamente de los movimientos
ciudadanos, ha calado hondamente en todos aquellos que aún sin participar en
las manifestaciones, han visto reflejados sus problemas en el discurso que
gente como Pablo Iglesias viene ofreciendo y que se encuentra sin lugar a
dudas, mucho más cerca de la realidad popular que el triunfalismo increíble del
PP o la tibia oposición que ha estado practicando el PSOE.
Los balcones cerrados en Génova y Ferráz, tras conocerse los
resultados electorales, podría considerarse como la imagen más representativa
del sentimiento de miedo que debieron albergar los líderes del bipartidismo, al
comprobar que una formación sin apenas recursos había sido capaz de darles una
lección de cómo se ganan a pulso los votos de los ciudadanos.
Ahora dirán que sin embargo, ellos son los triunfadores
reales de los comicios, pero pasar de un apoyo de más del ochenta por ciento al
cuarenta y perder 8 y 9 escaños respectivamente, en comparación con las
elecciones anteriores, no denota ni por asomo, haber ganado nada, sino más
bien, haber sido claramente derrotados por una voluntad popular, hastiada
de la nocividad de las políticas
practicadas en las dos últimas legislaturas y que son responsabilidad
exclusiva, de PP y PSOE.
Con más de un año por delante, hasta la celebración de las
Municipales, Pablo Iglesias y su Formación cuentan con tiempo suficiente para
tratar de no defraudar a quienes les han otorgado sus votos y para acarrearse
nuevos adeptos, si su presencia empieza a hacerse notar en Europa y su lenguaje
continúa siendo un reflejo de los problemas reales que atañen a los ciudadanos,
que en definitiva, es lo que importa.
El perroflauta de la coleta, como seguramente diría Esperanza
Aguirre, acaba de herir de muerte al PP, simplemente con el relato de las
medidas que el partido gubernamental ha venido tomando desde su llegada al
poder y con la escueta promesa de luchar contra la corrupción y poner empeño en
que se cambie la grave situación que padece una gran parte de la ciudadanía.
El error de los populares ha sido no darse cuenta a tiempo de
que Pablo Iglesias somos todos y que su postura de intolerancia hacia las
políticas de recortes es, indiscutiblemente, la misma que mantienen todos los
ciudadanos, se atrevan o no a exponerlas públicamente, muchos de ellos
amedrentados por el miedo.
Rajoy se ve obligado, a partir de hoy, a temer seriamente el
ascenso espectacular que Podemos podría conseguir en cuanto el boca a boca haga
su efecto en la Sociedad en que vivimos y ese temor, que ya se adivina real a
causa de estos resultados electorales, debiera empujarle a pensar en un cambio
inminente de su línea de gobierno.
Porque al final, o se escucha a los ciudadanos o se marcha
uno a casa, casi siempre con deshonor y tras haber sufrido una derrota de la
que con toda probabilidad, no vuelve a
levantarse nunca.

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