lunes, 26 de mayo de 2014

Balcones cerrados


Afectados por un visible nerviosismo por los resultados electorales, las voces relevantes de los Partidos mayoritarios han empezado a hacer análisis, claramente orientados a desacreditar a quienes acaban de irrumpir en la escena política con fuerza y lo han hecho con comentarios claramente ofensivos hacia los representantes de Podemos, previendo quizá que es precisamente este grupo el que pudiera finalmente arrancarles el poder que detentan, si siguen así, hasta la celebración de las próximas elecciones municipales.
Pensaba ilusamente el PP que los ciudadanos apoyábamos su gestión y que esas mayorías silenciosas que nunca salen a las calles a manifestar su protesta, acudirían ahora a votar en su favor, permitiéndoles continuar sin obstáculos con su política de recortes. Pero no salir no significa, de ningún modo, estar de acuerdo y el mensaje de las nuevas formaciones políticas, muchas de ellas surgidas directamente de los movimientos ciudadanos, ha calado hondamente en todos aquellos que aún sin participar en las manifestaciones, han visto reflejados sus problemas en el discurso que gente como Pablo Iglesias viene ofreciendo y que se encuentra sin lugar a dudas, mucho más cerca de la realidad popular que el triunfalismo increíble del PP o la tibia oposición que ha estado practicando el PSOE.
Los balcones cerrados en Génova y Ferráz, tras conocerse los resultados electorales, podría considerarse como la imagen más representativa del sentimiento de miedo que debieron albergar los líderes del bipartidismo, al comprobar que una formación sin apenas recursos había sido capaz de darles una lección de cómo se ganan a pulso los votos de los ciudadanos.
Ahora dirán que sin embargo, ellos son los triunfadores reales de los comicios, pero pasar de un apoyo de más del ochenta por ciento al cuarenta y perder 8 y 9 escaños respectivamente, en comparación con las elecciones anteriores, no denota ni por asomo, haber ganado nada, sino más bien, haber sido claramente derrotados por una voluntad popular, hastiada de  la nocividad de las políticas practicadas en las dos últimas legislaturas y que son responsabilidad exclusiva, de PP y PSOE.
Con más de un año por delante, hasta la celebración de las Municipales, Pablo Iglesias y su Formación cuentan con tiempo suficiente para tratar de no defraudar a quienes les han otorgado sus votos y para acarrearse nuevos adeptos, si su presencia empieza a hacerse notar en Europa y su lenguaje continúa siendo un reflejo de los problemas reales que atañen a los ciudadanos, que en definitiva, es lo que importa.
El perroflauta de la coleta, como seguramente diría Esperanza Aguirre, acaba de herir de muerte al PP, simplemente con el relato de las medidas que el partido gubernamental ha venido tomando desde su llegada al poder y con la escueta promesa de luchar contra la corrupción y poner empeño en que se cambie la grave situación que padece una gran parte de la ciudadanía.
El error de los populares ha sido no darse cuenta a tiempo de que Pablo Iglesias somos todos y que su postura de intolerancia hacia las políticas de recortes es, indiscutiblemente, la misma que mantienen todos los ciudadanos, se atrevan o no a exponerlas públicamente, muchos de ellos amedrentados por el miedo.
Rajoy se ve obligado, a partir de hoy, a temer seriamente el ascenso espectacular que Podemos podría conseguir en cuanto el boca a boca haga su efecto en la Sociedad en que vivimos y ese temor, que ya se adivina real a causa de estos resultados electorales, debiera empujarle a pensar en un cambio inminente de su línea de gobierno.
Porque al final, o se escucha a los ciudadanos o se marcha uno a casa, casi siempre con deshonor y tras haber sufrido una derrota de la que con toda probabilidad,  no vuelve a levantarse nunca.





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