La elección de Gonzalo Moliner como nuevo Presidente del Consejo General del Poder Judicial, en sustitución de Dívar, que se vio forzado a dimitir a causa de sus comentados viajes de lujo a Marbella, abre nuevas expectativas para un mejor funcionamiento de la justicia, al tratarse de un candidato del ala progresista, perteneciente a los Jueces para la Democracia.
Sin que su anterior currículum sea, en principio, una garantía para un mejor funcionamiento del órgano que desde ahora dirige, los ciudadanos hemos de agradecer al menos, su clara oposición a la entrada en vigor de la Reforma Laboral, que coincidiría plenamente con el pensamiento general que reina en la sociedad y que podría, llegado el caso, materializarse en un importante apoyo para todos aquellos que han pedido su retirada, al gobierno que preside Mariano Rajoy.
Moliner, que ha llegado a dudar seriamente de la constitucionalidad de esta Ley, podría representar una cierta esperanza de triunfo, si finalmente se decidiera hacer un recurso contra el texto implantado por decreto, por el Partido Popular y éste fuera admitido a trámite por los tribunales, trayendo la posibilidad de un litigio que de ganarse, acabaría por echar abajo toda la suerte de vejaciones que contra los trabajadores, a través de la reforma se cometen, evidenciando un estrepitoso fracaso para los que abusando de su poder, han transportado las condiciondes laborales a nivel de hace más de cincuenta años.
No hay por qué suponer que el cargo que ahora ocupa haga cambiar de opinión al recién elegido juez, por lo que se diría que quizá fuese un buen momento para intentar descalificar las tendenciosas iniciativas del gobierno, en cuanto a su política laboral se refiere y tratar de buscar algún hueco por el que devolver a la ciudadanía todos y cada uno de los derechos que se le han venido sustrayendo, desde que se obedecen a rajatabla, las órdenes dictadas desde Europa.
Un triunfo de esta categoría podría empezar a devolver la confianza perdida en la justicia al pueblo español, que mira atónito cómo a diario caen en saco roto sus súplicas por que se actúe con contundencia contra los múltiples implicados en casos de corrupción y delitos económicos en general, sin que ninguna de las voces provenientes de las altas esferas judiciales se pronuncie en contra de la tibieza de sus compañeros al dictar sentencia, ni se implique personalmente en el esclarecimiento de la verdad, mezclando indignamente en las causas, su propia ideología política.
El pueblo, que desde hace tiempo decidió que vivía en una realidad diferente a la de todos estos organismos, ni siquiera sopesa ya la posibilidad de ejercer su derecho a la denuncia, hastiado por los acontecimientos que se producen a su alrededor, en un país que parece haber perdido el norte, cuando de finanzas se habla, y que falla habitualmente en contra de los trabajadores, en un claro desprecio por la clase a la que pertenecen.
La elección de Gonzalo Moliner podría representar un ansiado cambio en las directrices seguidas hasta el momento en el mundo de la judicatura y empezar a demostrar que es posible hacer las cosas de otra manera, si el empeño se pone en servir a los auténticos fines de la Ley, con ecuanimidad e independencia.
Si esto llegara a ser así, la angustia que se cierne sobre las cabezas de las gentes de a pie, podría mitigarse en gran medida e iniciarse un nuevo acercamiento entre los órganos jurídicos y la sociedad, tan lejanos ahora en forma y pensamiento.

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