jueves, 12 de julio de 2012

Terreno pantanoso





La contundencia de las medidas que piensa aplicar el PP, en estricta obediencia de las órdenes dictadas por los prestamistas europeos, pone en pie de guerra a toda la sociedad española y ya se anuncian movilizaciones, en pleno periodo vacacional, que prometen ser nutridas y sonoras.

La subida del IVA, que va a empobrecer considerablemente el poder adquisitivo de las clases medias y que probablemente terminará por afectar negativamente a todos los sectores relacionados con el consumo, no parece ser precisamente, una buena solución para facilitar una salida pronta de la crisis y ha sido ferozmente criticada por los ciudadanos, que ven cómo su poder adquisitivo se derrumba, acercándose cada vez más al umbral de la pobreza.

Los funcionarios, asaltados de nuevo en lo que representa el derecho a percibir el salario que ganan, se han lanzado a la calle sin esperar, calificando de delito lo que contra ellos acaba de perpetrar el Ejecutivo, y no entienden que ningún organismo jurídico ponga veto a quienes incumplen flagrantemente el contrato que fija las bases salariales de los empleados públicos, jugando con los compromisos adquiridos con otros por estos trabajadores y obligándolos en muchos casos a convertirse en morosos, al retirarles parte de sus salarios.

Los desempleados ven también cómo se esfuman parte de las prestaciones que recibían, un derecho adquirido por los años de cotización ya trabajados y son acusados por el mismísimo Presidente de la Nación de no estar buscando la manera de reinsertarse al mundo laboral, a pesar de que todos sabemos de primera mano, las enormes dificultades que existen para volver a encontrar cualquier empleo.

Rajoy anunciaba ayer estas y otras medidas en el Congreso sin una sola muestra de emoción o preocupación en su rostro y volvía a apelar al manido argumento de que los pasos que tomaba eran estrictamente necesarios para el bien común, contradiciendo de manera estruendosa la cruda realidad que nos vemos obligados a vivir, los que como única riqueza poseemos únicamente, el fruto de nuestro esfuerzo.

Consciente o inconscientemente, el Partido Popular empezó en la fecha de ayer, ya alguien lo apuntó desde la tribuna, el camino hacia la mayor debacle electoral que haya sufrido su formación desde que fuera creada, adentrándose en un terreno pantanoso que con toda probabilidad acabará por engullirlo y perdiendo el último resquicio de credibilidad que le quedaba ante una sociedad que ha ido comprobando paulatinamente, la completa falsedad de cuántas promesas electorales se les hizo, desde las filas de la derecha conservadora.

La terrible represión con que ha sido reprimida la marcha minera, augura además que la lucha ciudadana no tendrá fácil la reclamación de sus derechos y que el verano va a venir cargado de nubarrones negros que ensombrezcan, aún más, el panorama desolador que se cierne sobre nuestras cabezas.

Ha quedado claro quién pagará la deuda de la intervención europea, y ya no vale el intento de manipulación que el Gobierno ha tratado de ejercer sobre los españoles, tal y como demuestra el nutrido ramillete de agresiones en forma de recortes, que se convertirán en efectivos en el Consejo Ministerial del próximo Viernes.

Y sin embargo, la prima de riesgo vuelve a dispararse demostrando la inutilidad de las decisiones tomadas, como si ni siquiera obedecer como ovejas a lo que se nos exige, fuera suficiente para poder respirar un poco de esperanza, aunque el fracaso no tiene visos de afectar las decisiones de quién nos dirige y más parece para él una motivación que le lleva a estrellarse una y otra vez contra el mismo muro, que un indicativo que le haga reconocer sus errores y plantearse la necesidad de hallar otro camino por el que afrontar el incierto futuro que se nos presenta.

Pero a pesar de que desde sus propias filas se ha minimizado la importancia de las protestas populares, tratando de restar gravedad por ejemplo, a lo que acarreó en su paso por Madrid la marcha minera, de todos es sabido, que las manifestaciones callejeras ponen sensiblemente nerviosos a los gobiernos conservadores y son, en el fondo, una especie de mancha en su expediente, sobre todo cuando se tiene la intención de presumir de popularidad a los ojos de una Europa que mira con lupa lo que sucede en nuestro País, ahora que se ha convertido en dueña de nuestros destinos y pagado por ello.

Así que habrá que utilizar con habilidad los instrumentos que sean necesarios para hacer oír la voz de esta sociedad presa de la indignación y la ira, haciendo llegar a dónde fuera menester el descontento generalizado que nos aflige, resistiendo lo que sea necesario, en exigencia de nuestro justos derechos.

Tratarán de silenciarnos, seguro, e inventarán de nuevo fantasmas de anarquía infiltrados entre los asistentes a cualquier convocatoria en la que se produzcan disturbios, pero por fortuna, vivimos en una era en que las imágenes de la verdad son capaces de viajar con extrema velocidad de punta a punta del planeta y cualquier falacia creada para distorsionar la realidad, será desenmascarada sin remedio.

Tiene que enterarse Rajoy de que lo está haciendo rematadamente mal, hasta el punto de haberse convertido, en solo siete meses de mandato, en el Presidente más nefasto que haya tenido España, Y no porque lo dicen los bancos de la esperpéntica oposición que tiene en el Congreso de los Diputados, sino porque lo grita, en la calle, su pueblo.









No hay comentarios:

Publicar un comentario