sábado, 7 de julio de 2012

Primavera en la Plaza de Mayo





Después de treinta y seis años de lucha sin tregua, por conocer la verdad de lo que pasó con sus hijos y nietos desaparecidos durante la Dictadura de Vileda, las abuelas de Plaza de Mayo, en Argentina, pueden hoy narrar la inmensa alegría que sienten sus corazones al conocer la sentencia que reconoce la implicación personal del dictador y sus colaboradores en los secuestros de los bebés de los entonces detenidos y asesinados, sin que quedara en muchos casos, rastro de ellos en ningún lugar.

La denodada labor de estas mujeres indefensas, que adoptaron el pañuelo blanco en la cabeza como símbolo inequívoco de su lucha, y que consiguieron hacer llegar a cualquier rincón del planeta su desesperada llamada a favor de recuperar a sus nietos entregados impunemente en adopción por los tiranos, da un paso de gigante en la recuperación de una parte de la historia argentina y produce una inenarrable emoción en todos aquellos que durante todos estos años estuvimos permanentemente a su lado, aguardando sin conocerlas, que un poco de luz iluminara sus vidas dedicadas por entero a poder abrazar a quienes se les hurtó su verdadera identidad, para colocarles en familias adeptas a un régimen de infausto recuerdo.

Algunos de estos niños hubieron de afrontar la terrible realidad de su propia historia, descubriendo con pavor que sus verdaderos progenitores habían sido víctimas de la terrible represión que siguió al golpe de Estado de Vileda y que aquellos con quienes habían convivido hasta entonces, eran meros comparsas del régimen de terror que había gobernado su país y liquidado a cuántos se opusieron de alguna manera a la imposición por las armas de la ideología militar.

La gente implicada desde el principio en la agónica batalla de conocer el destino de los suyos y que tan poca ayuda internacional encontró en su reclamación de justicia, sin embargo, nunca perdió la esperanza y envejeció tirando minuciosamente del hilo que fue desenmarañando la intrincada trama de los hechos, consiguiendo desentrañar lo que por todos los medios se había tratado de ocultar al mundo y que desafiaba todas las leyes éticas que hasta entonces se habían dado como válidas.

Ha costado demasiado tiempo que la lentísima máquina judicial terminara por darles la razón y aún tienen un largo camino por recorrer hasta que lleguen a esclarecerse la totalidad de los casos, pero la sentencia que viene cuando ya muchos de ellos han muerto y otros están directamente inmersos en la senilidad, no puede por menos que emocionar a todas las personas de bien y alimentar la necesidad de seguir indagando hasta que todos y cada uno de los culpables sean apeados de su impunidad, en estos atroces delitos.

En España, la concienciación con este tema siempre ha sido de una fortaleza extraordinaria, quizá por la similitud que la historia tiene con lo acaecido tras nuestra guerra civil y que aún continúa sin solucionarse a satisfacción de las víctimas.

Lo tuvo claro, por ejemplo, el Juez Garzón, que se convirtió en un referente para los familiares de los desaparecidos argentinos y también de los españoles y que, como sabemos, acabó siendo víctima de su valentía y apartado de la carrera judicial, en un proceso con demasiados matices de sospecha.

Seguros de que la batalla ganada no significa el final de esta guerra, la posición de estas abuelas será a partir de ahora sin embargo, un poco más optimista ante el reto que tienen por delante y el saber que siniestros personajes como Vileda han sido señalados ante el mundo como lo que realmente son, ayudará grandemente a no caer en el desaliento, así que pasen otros treinta años.

Nuestros corazones están hoy, como siempre, al lado de quienes hubieron de acostumbrarse a seguir viviendo sin sus seres arrebatados por la fuerza, pero que nunca perdieron la fe en recuperar su memoria.

Y una tímida sonrisa ilumina hoy los rostros de los que, en la distancia, comprendemos y compartimos su dolor, dispuestos a continuar a su lado en lo que quiera traer el destino, hasta llegar al fondo de la verdad.





Para los cinéfilos y en relación con en este tema., recomiendo “La historia oficial”, una película con bastantes años, pero digna de ser revisada.





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