domingo, 1 de julio de 2012

El triunfalismo de Rajoy



Animado por su natural espíritu de triunfalismo, el Presidente Rajoy trata de auto convencerse de haber vencido a la inexpugnable Alemania de Merkel, pavoneándose de un valor que no fue capaz de demostrar ante su pueblo, por ejemplo cuando se produjo la petición de rescate.

Pero la verdad es que la agónica situación a que nos estaban conduciendo las exigencias alemanas, no le han dejado otro remedio que ponerse del lado del socialista Hollande y del representante de una Italia que ya se miraba en el espejo español, si no se tomaban medidas con rapidez para tratar de cambiar recortes por crecimiento, aunque fuera como se ha demostrado, a base de hacer extrañas alianzas.

Todos recordamos aún las feroces críticas de los populares hacia el socialismo español que le antecedió en el poder y como se jactaban de su admiración hacia la política económica que preconizaba la nueva dama de hierro europea, mientras prometían durante su campaña electoral un cambio radical en la situación española, esperanzados en su afinidad ideológica con quien hasta estos momentos sigue gobernando realmente en Europa.

Después de comprobar que la política actual carece de sentimientos, quizá a causa de la poca transparencia con que se han tratado los casos de la Banca española, capitaneados por la Bankia de Rato, Rajoy no ha tenido otra opción que tragarse las irreconciliables diferencias ideológicas que le separaban de la izquierda moderada europea y doblegarse a las propuestas del Presidente Francés, no sin antes haber llevado a la nación, en sólo siete meses de gobierno, a una situación ruinosa sin viso alguno de mejora y con cerca de un millón más de parados de los que encontró cuando tomó posesión de su cargo.

Así que es incierto que la iniciativa de que el Banco Central Europeo gestione los préstamos haya partido precisamente de Moncloa, ni que la señora Merkel haya caído rendida a los pies de Rajoy, convencida por la rotundidad de sus argumentos. Lo que ha funcionado de verdad ha sido haberse colocado del lado de otros socios con auténtico peso en la economía del Continente, aunque esto haya de suponer una renuncia inicial a unos principios conservadores, que probablemente no convenza a un sector amplio de sus propios compañeros de partido.

Pero es más fácil ponerse medallas y alardear ante las cámaras de televisión de ser una especie de Cid Campeador, vencedor de batallas en las que otros fracasaron anteriormente, e irse forjando una leyenda, ayudado con tenacidad por la prensa afín a sus ideas, para seguir manipulando a los ciudadanos españoles con historias ficticias que sólo tratan de resanar la dañadísima imagen de un Presidente, que no ha ganado una sola de las bazas jugadas desde su toma de posesión y que se encuentra desaparecido para un pueblo ávido de explicaciones veraces, que jamás recibe de su boca.

Y sin embargo, las mayorías ya ni siquiera necesitan su comparecencia para saber en qué punto se encuentra el País, pues comprueban en carne propia y a diario, la ineficacia de cuantas medidas se toman y que hasta ahora no han hecho otra cosa que empeorar su ya precaria situación laboral y mermar de manera escandalosa su poder adquisitivo, hasta el punto de hacerlas caminar por la cuerda floja de la pobreza, pensando que el próximo paso que desde el gobierno se dé, las conducirá inevitablemente al abismo.

De nada sirve pues el zafio intento de recibir con música orquestal a quien dirige nuestros destinos, ni corear al supuesto triunfador con vítores engañosos que para nada merece. Si lo conseguido por esta curiosa coalición funciona, será fácil de comprobar en los próximos tiempos, que de momento se abren camino instalando en este primero de Julio el copago sanitario, subiendo la electricidad y el gas, y anunciando un próximo aumento del IVA en productos de primera necesidad, que encarecerá profusamente la cesta de la compra.

Si no hay creación de empleo, lo venimos diciendo, la recuperación de la dignidad perdida por los trabajadores españoles resultará del todo imposible, como imposible será la reactivación de un consumo prohibido para todas aquellas familias en situación de precariedad que han visto cómo sus gobernantes forzaban su desintegración con medidas inaceptables de recortes ya imposibles y reformas laborales del todo inaceptables.

Ya no vale otra cosa que un enfrentamiento frontal con la avaricia de los poderosos y una defensa a ultranza de los derechos perdidos, priorizando las necesidades de los pueblos y relegando a los auténticos culpables de esta crisis, a un lugar en el que no puedan eludir sus responsabilidades con la justicia y en el que se les exija plena satisfacción de cuántas penalidades han venido causando a ciertas Naciones de Europa.

Si el triunfalista Rajoy es capaz de afrontar este reto parece algo impensable proviniendo de dónde proviene y representando a quienes en realidad representa. Pero ésta es una incógnita que se irá despejando cuando vuelva de la Final del Campeonato de Fútbol europeo, algo que nuestro Presidente, por supuesto, no estaba dispuesto a perderse.











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