Las últimas medidas de ajuste tomadas por el Gobierno Rajoy han puesto en marcha todos los mecanismos internos del pueblo español y lo ha determinado a tomar la calle para decir que basta y aclarar de una vez para siempre que LOS CIUDADADANOS NO TIENEN LA CULPA DE LA CRISIS.
De un modo u otro, todos los recortes que se están tratando de justificar como imprescindibles, acaban mancillando la economía de los trabajadores españoles, que no estamos dispuestos a seguir costeando la deuda que nos han dejado la gran pandilla de facinerosos que detentan por medio de un cargo algún poder y la enorme caterva de inútiles directivos con título de economistas que han estado haciéndose cargo de gestionar el sistema bancario, hasta arrastrarnos, unos y otros, hasta la bancarrota.
Si de verdad se quiere que triunfe una protesta, no hay más que intentar que la gente no tenga nada que perder, pues estar libre de toda posesión corrige con inmediatez cualquier resquicio de miedo y se convierte en la clave para resistir, ya que aquello que se obtuviera de la protesta, por poco que fuera, mejoraría de algún modo la situación que se atraviesa cuando sientes que te han robado injustamente, todo aquello por lo que habías peleado durante toda una vida.
Si además a este caldo de cultivo añades, que los que se suponía que te representaban se cuidan más de los intereses de otros estados que de los son necesarios para levantar a su propia nación, la indignación se convierte en superlativa y ya no queda nada ni nadie que te permita permanecer inmóvil ante la traición encubierta que representa un acto de tal vileza.
Los pueblos están en el derecho de defenderse cuando son víctimas de agresiones continuadas por parte de sus gobernantes y a falta de mecanismos que les permitan manifestar con claridad su oposición a las políticas llevadas a cabo por sus representantes, se ha de hallar una fórmula para hacer entender lo que late en el corazón mismo de nuestra sociedad, con o sin la aquiescencia de los que, por medio de unas falaces promesas electorales se hicieron con un poder cercano al absolutismo y que ahora han tomado un sendero absolutamente lesivo para la ciudadanía, aplicando las vesánicas medidas que les dictan desde quién sabe qué entidades, pero que no cuentan con el apoyo del pueblo soberano, ni responden a las expectativas que en ellos pusieron, los que les premiaron con la bondad extrema de sus votos.
Así que el día 19, llueva o ventee, la clase trabajadora de este País saldrá masivamente a las calles, en defensa de sus más elementales derechos. Y no importan siquiera quienes sean los convocantes de estas manifestaciones o qué itinerarios se autoricen por parte de las autoridades vigentes. Las calles se convertirán en el único Parlamento que nos representa y la opinión ciudadana en la guía que deberá marcar el camino por el que seguir, ya que los políticos han de estar a las órdenes estrictas de lo que les manden sus pueblos.
Y si hay que abandonar el euro, en las manos de los que verdaderamente de él se benefician, o vivir en una autarquía, mientras se consideran nuevas fórmulas para cambiar un sistema que ha perdido toda su validez en el caso de nuestra tierra, a la sociedad no le dolerán prendas en exigirlo y apoyarlo, porque la situación a que nos han llevado hasta ahora es, a todas luces, insostenible.
Estamos preparados para la represión que seguramente habrá en las convocatorias, para ser acusados de alborotadores antisistema, para oír que somos perroflautas sin otra cosa que hacer más que armar alboroto y para que toda la prensa afecta al “régimen” nos descalifique y publique cifras inciertas del número real de manifestantes.
Estamos preparados para que se nos ningunee sin prestar la más mínima atención a nuestras peticiones y para que sin oírnos se nos juzgue arbitrariamente, disfrazando nuestras reivindicaciones con discursos hueros que no acaban de convencer a uno solo de los sufridos españoles.
Pero es seguro que la protesta del día 19 es sólo una más de las muchas que se producirán en el país en los próximos tiempos, y que si hay que permanecer en la calle sine die, se hará. Y ahora, con mucho más apoyo que el que ya tuvieron los movimientos del 15M, también adscritos a la marcha, porque ha llovido mucho y mal desde entonces, sin que ninguno de nuestros gobiernos haya hecho por nosotros nada de nada.

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