En una demostración flagrante de desprecio hacia la ciudadanía, la televisión pública española abre hoy su telediario de mediodía, sin hacer una sola referencia a las manifestaciones multitudinarias que recorrieron ayer el país, en contra de las políticas económicas del Partido Popular y en defensa de una oportunidad para recuperar el nivel de empleo que tanto se ha ido deteriorando desde su llegada al poder, con las medidas adoptadas a base de decretos.
Como si nada de esto hubiera pasado, la cabecera del informativo abre con la habitual subida de la prima de riesgo, pisotea el derecho a la información fidedigna de unos ciudadanos que aguardaban con ilusión la cobertura del estallido social que se produjo ayer en las calles, y opta por ocultar sin rubor el éxito multitudinario de la protesta, en un alarde inusitado de manipulación de los medios de comunicación por un poder, cada vez más cercano a la tiranía y más alejado de la Democracia.
Afortunadamente, muchos de los españoles que tuvimos la suerte de contemplar in situ la enorme explosión de indignación que se sacudió ayer todos los rincones del país, ya nos habíamos encargado de narrar la verdad, en forma de imágenes o simplemente con palabras, a través de esta ventana abierta al mundo que supone Internet, y que tanto ayuda en estos casos a poner encima del tapete la realidad de los hechos.
Pero es que esta vez, ni siquiera han tratado de ridiculizar las cifras de los asistentes, probablemente aplastados por su contundencia, sino que han hecho del silencio más bochornoso un aliado tras el que esconderse, para no responder claramente a las reclamaciones populares, mostrando así un absoluto desprecio por la voluntad de los que, con sus votos, los llevaron hasta el poder y más aún, por los que nunca les votamos ni les votaremos.
Evidentemente, no era grato tener que dar imágenes de cientos de miles de españoles reclamando la inmediata dimisión de Rajoy, ni tener que responder ante las acusaciones de poner a la banca por encima de los intereses del pueblo, pero lo sucedido, doy fe, no ha sido un espejismo, sino una experiencia vivida por todos los que creímos ayer que esa era la única manera de levantar nuestras voces, y que encontramos en nuestra sonada protesta, el único medio para ser escuchados por una casta política nefasta, capitaneada por un Partido Popular, que en sólo siete meses de poder, ha terminado sin consideración alguna, con lo que considerábamos un Estado demócrata y justo.
El silencio periodístico con que Televisión Española ha tratado la información de la protesta, viene a sumarse a la caza de brujas ya practicada por este organismo público, días atrás, contra determinados profesionales de la información que de haber seguido allí, probablemente se hubieran opuesto radicalmente a seguir las directrices marcadas, en este y en otros casos venideros.
Su ausencia, queda ahora demostrado, era absolutamente necesaria para esta burda manipulación con intenciones insidiosas, ya que al parecer se contaba con otros, dispuestos a admitir una renuncia a los principios que deben mover el mundo del periodismo y a disfrazar la verdad, o simplemente a ocultarla, con tal de conservar un puesto de trabajo que ultraja su seriedad profesional y personal, reprimiendo la libertad de expresión, como ha quedado de manifiesto.
La respuesta que este silencio merece no es otra que un boicot masivo a la programación emitida desde lo que ya puede ser considerado como un feudo del régimen de Rajoy, es decir, pagar con la misma moneda, el silencio, su voluntad de confundir a la ciudadanía, tratando de negar como sea, la evidencia.
Si TVE pierde su audiencia, difícilmente podrá transmitir su mensaje de adhesión a los populares, ni ninguna otra información sesgada con la que llegar a tergiversar la realidad que vivimos los que, afortunadamente, aún conservamos la dignidad de ser decentes, porque un medio de comunicación sólo existe si los receptores de sus mensajes siguen dispuestos a mantener la línea de transmisión que se establece entre ellos y el emisor.
Es decir, si no la sintonizamos, nunca más podrán volver a mentirnos.

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