Mariano Rajoy debe ser el único español que no admite el estrepitoso fracaso de su política económica.
Obstinado en seguir defendiendo la viabilidad de los recortes como única salida a la crisis, parece vivir en una burbuja insonorizada dónde no llegan los ecos de lo que está ocurriendo en los mercados y se mantiene en una posición insostenible que nos acerca al temido rescate, inevitablemente.
Los fantasmas de Grecia, Irlanda y Portugal, pululan sobre nuestras cabezas recordándonos que estos tres países ya vivieron la situación que ahora nosotros padecemos, y que tampoco ellos tuvieron la suerte de salir airosos del trance, al ser sus gobiernos de la misma opinión que este que nos ha tocado sufrir y que no es capaz de reaccionar dando un giro de ciento ochenta grados a lo que hasta ahora se ha hecho, para apostar por el desarrollo y que se desvíe diametralmente de las exigencias europeas, para pensar profundamente sobre las auténticas necesidades españolas.
La torpeza de los asesores con que cuenta Rajoy está colmando la paciencia del pueblo, que no comprende cómo se puede caer tantas veces en los mismos errores, sin haber ya intentado al menos, reconducir la situación hacia otros horizontes que en lugar de facilitar el despido de los trabajadores, poniendo así trabas insuperables al consumo, invirtiera en la creación inmediata de empleo, gustase o no, a sus socios capitalistas de Europa.
Por otro lado, no se entera el Presidente que nadie puede ya confiar en la banca española, que se ha encargado de perder ella solita toda su credibilidad, al estar mayoritariamente regentada por directivos incompetentes con desmedidas ansias de riqueza, que para lograr sus objetivos personales no han dudado incluso en estafar a sus propios clientes, ofreciéndoles productos que les han llevado a la ruina, como las acciones preferentes, pongo por caso.
¿Qué clase de fiabilidad pueden generar ya personajes como Rodrigo Rato, que ha sido artífice de la mayor debacle sufrida por una entidad financiera en la historia de España, y ha hecho, junto con otros muchos como él, que sea necesario acudir a un rescate, que ahora estamos pagando los ciudadanos y que pone al país en la tesitura de tener, finalmente, que hipotecarse sine die?
¿Qué resultados han dado todas y cada una de las medidas adoptadas por el PP, desde su llegada al poder, incluida la flagrante Reforma Laboral, que causa un retroceso de cincuenta años para los derechos de los asalariados y que arrastra al desempleo a miles de padres de familia y a la emigración a una multitud de españoles, que abandonan su territorio por no tener ninguna perspectiva de futuro?
¿Qué sórdida carta guarda el Presidente debajo de la manga, para tratar de convencernos una vez más, de que nuestra desgracia es nuestro bien, e ir aumentando los plazos para empezar una recuperación, cada vez que se pone en contacto con nosotros, siempre a través de terceros y nunca con la valentía necesaria para contar la verdad a su pueblo?
¿Qué piensa cuando la sociedad se echa a la calle pidiendo a gritos su dimisión, acusándole de haber cometido una estafa electoral, por incumplimiento total del programa que presentaba cuando se derretía por ocupar el sillón de la Moncloa, de pueblo en pueblo, y de casa en casa?
Debe ser espantoso contemplar a diario que todos tus movimientos no hacen otra cosa que empeorar la situación y no tener la lucidez suficiente para decir basta y sentarse a reflexionar sobre la manera de plantar cara a los usureros que te subyugan con sus exigencias, aunque sea abandonando la moneda causante de todas las penalidades, pero conservando la dignidad de hacerlo, en beneficio de la mayoría.
¿Cómo nos explicará Rajoy su fracaso, si finalmente tiene que acudir al rescate, después de haber justificado ante nosotros los recortes en sanidad y educación, la merma de sueldos de los funcionarios, la subida del IVA y el IRPF, el abandono a su suerte de las personas dependientes, la Reforma Laboral y tantos y tantos tijeretazos, que han llevado el nivel de vida de los españoles, a los años de la post guerra?
¿Nos dirá que se equivocó? ¿O habremos de empezar de nuevo a ser solidarios para pagar la deuda de un Estado en ruinas, a causa de la mala gestión de sus nefastos políticos, sin tener siquiera derecho, hasta dentro de tres años, a exigir su inmediata dimisión y la convocatoria de nuevas elecciones?
¿Será Rajoy en persona quién se digne a dirigirse a la Nación, o habremos de conformarnos con la información que quiera darnos el Ministro de turno, negando la gravedad de unos hechos que ya son imposibles de ocultar?
¿Habrá confirmado ya su asistencia a las Olimpiadas, para encontrarse fuera del territorio nacional cuando se produzca la petición de rescate, o por una vez, se encontrará el Presidente en el lugar que le corresponde y tendremos la “suerte” de poder contemplarlo a través de la televisión, ahora que su hegemonía ideológica domina en casi la totalidad de las cadenas?
No tardaremos mucho en saber la respuesta a todas y cada una de estas preguntas, pero dada la experiencia acumulada en los últimos tiempos, nada hace prever un cambio en la actitud de este oscuro Presidente, cuyos pensamientos nadie conoce, excepto él…y puede que su fiel Soraya Sainz de Santamaría.

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