martes, 3 de julio de 2012

En el reino de Cospedal




Desde que Maria Dolores de Cospedal se erigió en reina y señora de la Comunidad Autónoma de Castilla- La Mancha, su política de recortes ha resultado ser una de las más implacables de todo el territorio nacional.

Apoyo y sostén de Rajoy, junto con Soraya Sainz de Santamaría, fue recompensada por el actual presidente de nuestro gobierno con la presidencia de esta región, antes tradicionalmente socialista, y entró en ella a saco, aplicando con terrible severidad las medidas dictadas desde Madrid, lo que le ha grajeado continuos conflictos, a los que a menudo no se les da la misma importancia informativa que si sucedieran en otros lugares habitualmente más beligerantes, como el País Vasco o Cataluña.

Pero hoy salta la noticia de un despido masivo de los trabajadores de la Dependencia, que vienen a sumarse a los que ya antes se produjeron en sanidad o educación y que dejan entrever la intención de acabar con la interinidad en todos los sectores públicos, a la par que se aumentan los horarios de los funcionarios de plantilla, a los que como a todos los demás, ya se les había reducido el sueldo.

Este ataque frontal a las áreas sociales, que afectan directamente las necesidades primarias de los ciudadanos, que sufren una merma considerable de las prestaciones más urgentes por falta de un personal al que se está despidiendo, se ha convertido como se ve, para Cospedal, en una doctrina irrenunciable que trae consigo un deterioro irreversible del bienestar en su Comunidad.

Y es mucho más criticable en su caso, porque como es sabido por todos, la Presidenta en cuestión percibe salarios de tres entidades distintas y no ha anunciado, que se sepa, su intención de renunciar a ninguno de ellos, en solidaridad con la situación que tanto afecta a su entorno más cercano.

Predicar con el ejemplo, que es una máxima de obligado cumplimiento si se quiere que las cosas funcionen bien, obligaría a la líder conservadora a tener el decoro de prescindir de alguno de sus cargos, aunque sólo fuera como un gesto de solidaridad con todos aquellos ciudadanos a los que ha enviado a las oficinas del INEM, desde su posición de privilegio.

Pero como es costumbre en la coalición a la que pertenece, el Partido Popular por más señas, el bienestar común importa menos que el bienestar propio y la primera norma a cumplir es obedecer los mandatos que llegan desde Europa, siempre contando con el producto del esfuerzo de otros, que en este caso son la mayor parte de nuestra maltrecha sociedad, sin que esto repercuta de ninguna manera, en una merma de beneficios para quien ostenta un cargo de tal importancia.

Y da igual si los ciudadanos dependientes han de aguardar años para poder ser valorados, si se cierran camas en los hospitales o los enfermos han de esperar para ser operados interminablemente, o si los alumnos se hacinan en los Centros Públicos, o se suprimen las sustituciones en caso de baja de los profesores titulares.

La reina brilla con luz propia en lo más alto de la cúspide del poder y deja claro que su situación personal, sus tres empleos, se salvan directamente de la crisis y son, probablemente vitalicios, simplemente por ser quién es.

Quizá pretende con esta demostración de fuerza, ser la alumna más aventajada de Rajoy, a quién apoyó en sus peores momentos cuando luchaba denodadamente por sobrevivir contra Aguirre y sus seguidores, ó bien tiene miras de seguir ascendiendo en su carrera política hasta escenarios de más alcurnia, que este virreinato castellano manchego, que puede que le parezca poca cosa.

Pero ya tiene en contra a Farmacéuticos que no cobran, sanitarios, docentes y toda una cohorte de ciudadanos indignados con su actitud, a los que ahora se suman estos valoradotes de la Dependencia y que se encargarán en un futuro, seguro, de recordarle que los mandatos no son eternos, apeándola sin miramientos de su perecedera corona.





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