jueves, 19 de julio de 2012

España en la calle


La voz soberana del pueblo español se manifestó ayer de forma clamorosa en las calles de todo el país, olvidando cualquier consigna partidista, para demostrar su rechazo unánime a las políticas practicadas por el gobierno de Rajoy, con pulso firme y dejando claro que se está dispuesto a llegar hasta dónde sea necesario, en defensa de los derechos de la ciudadanía.

Ni el sofocante calor, que en algunos casos superaba los treinta y cinco grados, ni las amenazas vertidas desde las tribunas del Congreso sólo un día antes de la convocatoria, impidieron que una multitud incontable de personas cambiaran la comodidad de sus hogares o sus lugares de vacaciones, por la necesidad de hacer patente su indignación y su rechazo más contundente a lo que se fragua a sus espaldas, desde las más altas esferas de su gobierno.

Sin distinción de edades ni condición, aunados por la necesidad de ser oídos por una clase política absolutamente desvinculada de la voluntad popular, los españoles demostraron una vez más que en situaciones de emergencia, son capaces de pronunciarse libremente y que no toleran la manipulación que sobre ellos trata de ejercerse, como ya ocurriera con anterioridad, en casos como el de la guerra de Irak, o los atentados de los trenes, de infausto recuerdo.

La primera sorpresa que se llevaron los manifestantes al acudir al lugar convenido fue la de encontrar, luchando codo con codo con ellos a la mismísima policía, que había decidido cambiar su emplazamiento en los furgones de vigilancia, por sumarse a unas reivindicaciones que también les afectan, como funcionarios que son y como simples ciudadanos de a pie que estaban de acuerdo con lo que allí se reclamaba.

No se sabe si las crónicas de los periódicos oficiales serán capaces de recoger con veracidad la magnitud del suceso, pero la libertad de expresión que aún reina en las redes sociales aclarará a quién quiera saber, como se desarrollaron las marchas, sin manipulación de las cifras de participantes, ni intento de tergiversación de su ideología, como viene siendo habitual, en los últimos tiempos.

Se hizo especial hincapié en los privilegios ofrecidos por el gobierno a la Banca, rechazando unilateralmente la necesidad del rescate para sacar adelante a este tipo de instituciones, y se corearon masivamente consignas que reclamaban la creación de puestos de trabajo, como primera necesidad, para abandonar de una vez estos tiempos de crisis en los que estamos inmersos.

Sin incidentes de consideración, el pulso que el pueblo español echó ayer a su impresentable gobierno, espera desde hoy una respuesta por parte del ejecutivo, advirtiendo que éste ha sido sólo el principio de lo que pudiera sobrevenir, si no se cambian radicalmente las políticas aplicadas y se dan pasos atrás en asuntos como la reforma laboral ó las últimas medias adoptadas, aprobadas sólo por la tiranía de una mayoría absoluta, que no da patente de corso al PP, para gobernar sin el apoyo de los ciudadanos.

Lo que ayer pasó en el país, reclama una urgente reflexión del gabinete Rajoy, que ahora ha podido comprobar en carne propia la indignación que está produciendo en la sociedad desde su llegada al poder y que debiera poner atención a lo que la soberanía popular le reclama, si no quiere que un estallido social de graves consecuencias se le venga encima como una losa que acabe con su prepotencia, de una vez para siempre.

Por una vez, el orgullo de ser español se pone al servicio de una causa mucho más justa que la de la obtención de una copa de fútbol y las multitudes se unen para buscar el bienestar común y asegurar un futuro mejor a sus hijos, con un reparto más equitativo de la riqueza. Éste, empieza a ser el camino.











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