Como si la terrible crisis que sufrimos se hubiera tratado de un sueño y las preocupaciones diarias fueran a ser resueltas con prontitud, devolviendo la tranquilidad perdida a millones de españoles desesperados, los medios de comunicación retiran de sus portadas cualquier noticia que tenga que ver con la economía y la sustituye por alguna de las muchas imágenes que ofrecen los deportistas en Londres, porque han llegado las Olimpiadas.
No hay forma humana de entender cómo un país que hace sólo dos días se debatía en la agónica situación de tener que acudir a un rescate, puede cambiar tan de repente sus prioridades más absolutas y caer en la trampa envuelta en papel celofán que se le ofrece, aún sabiendo que la maquinaria del poder no se detendrá durante estos quince días de eventos deportivos, que nada nuevo aportarán al bienestar común, cuando la tramoya del espectáculo desaparezca y volvamos de bruces a la cruda realidad que vivimos y a la misma desesperanza.
Con cierta sensación de ser además engañados, nos vemos obligados a tener contacto con lo que acontece en los juegos querámoslo o no, sobrepasados por la sobredosis de información que desde allí nos llega, a pesar de que todos sabemos que el espíritu que movió en principio estas convocatorias deportivas ya no existe, porque ha quedado enterrado entre las jugosas compensaciones que recibirán los atletas, sólo por participar en tan destacado evento.
Los amateur se perdieron en la noche de los tiempos y ahora, los representantes de las naciones suelen ser super estrellas de categoría mundial que han hecho del deporte un muy lucrativo medio de vida y que han contaminado el olimpismo de un sabor a metal, que no procede precisamente de las simbólicas medallas que se les otorgan.
Al coincidir con el periodo vacacional, las Olimpiadas representan el momento perfecto para que los avispados políticos que nos gobiernan encuentren la oportunidad de urdir, sin presiones populares, cualquier manera de sacar adelante nuevas medidas, que una vez pasado el espejismo londinense, dejen estupefacta a una sociedad descuidada, que ha bajado la guardia obnubilada por los oropeles atléticos ofrecidos a todas horas por las obedientes televisiones estatales y que podría tardar en volver a reaccionar, situada ahora en sus respectivos lugares de veraneo.
Y sin embargo, han pasado cosas, aunque hayan quedado relegadas a las páginas interiores de los periódicos, como por ejemplo, que desde Alemania se diga que no se va a comprar deuda española o que desde Francia se haya llegado a sugerir que nuestro país está perdido sin remisión y que será necesario el rescate.
Pero por desgracia, los pueblos adolecen de una inusitada inocencia y son fáciles de engatusar con atrayentes reclamos que desvíen su mirada de aquellos lugares en que precisamente en esos momentos debiera estar, sobre todo si no interesa a los poderosos tener incómodos observadores que puedan perturbar su maliciosa manera de actuar, siempre a espaldas de la sociedad y jugando abusivamente con el elemento sorpresa.
Resulta muy útil tener entretenido al personal con majestuosas ceremonias inaugurales, de un boato y suntuosidad casi pecaminosos en los tiempos que corren, mientras que, por ejemplo en nuestro caso, siguen aumentando escandalosamente las cifras del paro, como consecuencia de una Reforma Laboral inaceptable para las clases trabajadoras, pero que parece ser la estrella del proyecto Rajoy, junto con sus escandalosos recortes que asfixian a la población, llevándola al límite de sus fuerzas.
Si es verdad, que de vez en cuando se necesita un respiro que dulcifique de alguna manera la amargura que nos acompaña permanentemente y que también es necesario mantener viva la ilusión, dedicando un poco de nuestro tiempo al ocio y al divertimento, pero lo grave de estos casos es que somos conscientes de que detrás de las iluminadas pantallas que nos ofrecen esos minutos de amenidad, se esconden futuras acciones que probablemente empeoren la triste rutina que ya nos acompaña, desde que comenzara a extenderse entre nosotros, la nebulosa de esta crisis.
Procuraremos pues, mantenernos alerta ante posibles manipulaciones, de esas que tánto gustan a nuestro actual gobierno, e ir digiriendo las Olimpiadas sin perder de vista los mercados de valores, ni los comentarios sobrevenidos entre bambalinas, de parte de los que tienen en sus manos nuestro futuro, cuando termine la bonita película que estos días se proyecta desde la Gran Bretaña.
No sea que mientras que se celebran los juegos, se esté tramitando el doloroso rescate que tanto tememos y cuando se nos diga, nos pillen hablando de las medallas conseguidas o no, en vez de sobre las acciones que habría que organizar, para mover del asiento a este gobierno tan nefasto.

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