Así que pasen unos años, si alguien decide alguna vez revisar todos y cada uno de los artículos incluidos en este blog, tendrá en sus manos una visión muy particular de la crisis que está sufriendo España, escrita desde las vísceras, por una ciudadana de a pie, sin otro interés que el de contar su verdad a través de esta ventana abierta al mundo.
El proyecto, que empezó como una especie de juego de disciplina que me obligara a abandonar mi natural pereza para hacer una crónica diaria de la realidad, ha funcionado más que razonablemente bien y se ha convertido en indispensable compañero, llegando a alterar mi rutina de manera trepidante, a la vez que provocando una imperiosa necesidad de continuar el camino, ahora ya, por los miles de lectores que lo esperan y lo comparten, según me dicen las estadísticas.
He de confesar que cuando tuve entre las manos la edición que recoge los dos primeros años de artículos, bajo el título de “Tiempos de contienda”, me asombró haber sido capaz de haber creado un material tan nutrido sin haber notado apenas el esfuerzo, ni haber sentido jamás un minuto de desaliento.
Los dos volúmenes de que consta la edición demuestran sin embargo, que detrás de este modo sencillo de comunicación se esconde una labor cotidiana de creación que constata un trabajo personal, hasta hace unos años impensable, pero decididamente maravilloso.
Ya hemos hablado muchas veces de mi apasionado amor a este oficio, pero no estaría mal recordar que esta vocación, que me ha acompañado desde la más tierna infancia como la única en mi vida, sigue produciendo en mí unas dosis de ilusión inalterables y que son el motor que me mueve, en este maremoto que sacude el mundo que nos rodea, convulsionándolo todo con su desesperanza.
Es verdad que nada de lo que había escrito hasta ahora había tenido tan gran recompensa y que el solo hecho de imaginar que personas a las que nunca conoceré sienten a menudo la necesidad de dedicar unos momentos a compartir las ideas que me pasan por la cabeza, es ya un elemento sobrecogedor e inquietante que no me permite parar y que arroja luz sobre el camino a seguir, aunque no siempre es fácil encontrar la manera.
He de suponer que no en todo estarán de acuerdo conmigo. A muchos los conozco y me paran en la calle para compartir sus pensamientos o para proporcionarme material fresco que propicie nuevas noticias, pero otros, que viven como pueden en países con regímenes autoritarios, o en sitios impensables en los que parece difícil entrar con sencillos artículos escritos en castellano, hacen por mí mucho más que prestar un poco de atención a lo que desde mi humildad digo y son la parte más importante de esta correspondencia tácita que se ha creado entre nosotros, que probablemente nunca llegaremos a coincidir.
Ese amor incondicional que en muchos casos supone un duro riesgo y que sin embargo permanece aportando a esta aventura una dosis incalculable de satisfacción personal, quería yo que fuera recompensado de alguna manera, desde este rincón íntimo en el que nacen todas y cada una de mis palabras.
La vida que ha ido transcurriendo en este blog, es el elemento común que nos une, en el fehaciente deseo de hacer de la tierra un lugar mucho más habitable y placentero para nosotros, amantes de la libertad sin cortapisas, y enemigos de la manipulación y la injusticia, por encima de todo.
Habrá que seguir intentándolo, cada cual como mejor lo sepa hacer, aunque ya digo, que la idea que nos mueve a todos no deja de ser un gran principio desde el que poder combatir la fatalidad que parece cernirse sobre la humanidad en los tiempos que corren.
Las palabras, que en sí parecen inofensivas, son el arma más poderosa de que dispone el hombre para aportar nuevas fórmulas de convivencia y para comenzar a transformar su realidad en un futuro mucho más limpio y generoso que el que se nos augura desde la implacable frialdad de las cifras que nos gobiernan.
Por todos los que estamos aquí, por vosotros y `por mí misma, merece la pena intentarlo y contarlo, para que no caiga en olvido.

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