Los tiempos inciertos que vivimos, ofrecen a determinados políticos sin escrúpulos una oportunidad de oro para justificar, provocando el miedo, todos y cada uno de los errores que cometen.
La situación de inestabilidad emocional que atravesamos los españoles, que hemos pasado casi repentinamente, de la felicidad a la pobreza, hacen de nosotros los candidatos idóneos para ser manipulados por la estrategia de una amenaza permanente, que impida cualquier intento de contestación social que haga frente a la manera tiránica de gobernar que nos condena al patíbulo, pero que en teoría podría ser peor, de no doblegarnos sumisamente a las premisas que se nos imponen.
Curiosamente, cada vez que se anuncia una convocatoria de protesta a nivel nacional, determinados miembros del gobierno Rajoy y él mismo si se prevé que la contestación será multitudinaria, utilizan la tribuna televisada de que disponen en el Parlamento para lanzar mensajes apocalípticos que provoquen un alarmismo general, esgrimiendo argumentos intimidatorios que socaven la intención de los indecisos con la excusa de que las medidas que contra los trabajadores se toman, son la única manera de salvarnos de una hecatombe anunciada y que su dureza es estrictamente necesaria para evitar el derrumbe completo del Estado español.
En esa línea, el Ministro Montoro trataba afanosamente esta mañana de explicar que de no hacerse efectiva la desmedida subida del IVA y las otras medidas lesivas que el ejecutivo acaba de lanzar, los salarios de los trabajadores públicos corrían un serio peligro de no poder ser abonados, y por ello apelaba a la comprensión de este colectivo vapuleado sin piedad por su gobierno, alegando estar seguro de que esta razón les haría asumir dócilmente la supresión de una de sus pagas extraordinarias, sin tener que acudir a las calles para manifestar su descontento.
Después de siete meses en el poder, se volvía a recurrir a la herencia recibida como causa de todos los males que nos azotan y Rajoy inyectaba su propia dosis de terror, manifestando que había elegido andar un mal camino, para no tener que andar otro aún peor.
Aunque no se hizo referencia a ello, la convocatoria de manifestaciones para mañana en todo el país, estaba latente a lo largo de toda la sesión y cada una de las palabras emitidas por los populares llevaba implícito un mensaje destinado a disuadir a la población de su intención de hacer oír su voz en las calles, por medio del pavor que produce el solo pensamiento de llegar a caer en un abismo mucho más negro que el que ahora soportamos, sobre todo si se instala entre nosotros la sensación de la inutilidad de la protesta y damos por bueno lo que hasta ahora nos parecía absolutamente inaceptable.
Vencer por el terror, es sin duda una de las formas más insidiosas de manipulación a que `puede arriesgarse un gobernante, pero si cuenta de antemano con que dará los resultados apetecidos y con ella conseguirá paralizar la intención de una sociedad, que de otro modo podría protagonizar episodios que demuestren el verdadero malestar que aqueja a los hastiados ciudadanos de esta nación, el riesgo será asumido sin pestañear, sin que importe la angustia provocada en los que reciben el mensaje, que en este caso somos, para mayor agravio, su pueblo.
Esta agresión intencionada, que demuestra el enorme desprecio que por nosotros sienten aquellos que nos gobiernan, debe pues provocar el efecto contrario al esperado y convertirse en un revulsivo que alimente nuestra intención de hacer valer nuestra dignidad personal, haciendo aquello que debemos hacer para defender nuestros bien ganados derechos, sin consentir que se dude de nuestra natural inteligencia para arrastrarnos exactamente, hasta dónde se nos quiere tener.
La necesidad de oponernos con contundencia a los atropellos que se cometen contra las clases trabajadoras y que se sepa que lo hacemos, en todos los rincones de este bien comunicado mundo, es la única manera de hacer llegar hasta los oídos de quienes viven a espaldas de nuestra realidad, lo que pensamos sobre la política que contra nosotros se practica y que no estamos dispuestos a seguir soportando, ni un minuto más.
Todo hace prever que las convocatorias serán un éxito y que los españoles no caerán en la trampa que hoy se les tendía desde los bancos azules del Parlamento. Ya pasó el tiempo en que por ignorancia, los débiles se plegaban a las exigencias marcadas por los fuertes, desconocedores como eran de que en la unión está su fuerza para mover el mundo.
La clave está en no desfallecer y hacer efectiva la contestación, si es necesario, todos y cada uno de los días, dejando claro a quién en este momento se encuentra en el poder y también a la oposición que con su tibieza permite esta forma de gobierno, que la voluntad popular se siente absolutamente defraudada con su gestión y exige una inmediata restitución de cuantas cosas se le han sustraído, con la excusa inaceptable de una crisis, en la que nada tuvieron que ver los ciudadanos que están siendo obligados a sufragarla.

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