domingo, 20 de mayo de 2018

Un traspiés lamentable



La polémica surgida tras la compra de un chalet de 600.000 euros, por parte de Pablo Iglesias e Irene Montero, ha provocado una serie   de  durísimas críticas en determinados sectores de la Formación a la que pertenecen, al considerar que dicha adquisición contradice radicalmente el discurso esgrimido desde el principio, por el propio fundador de Podemos, que en muchas ocasiones y refiriéndose a casos como el que nos ocupa, ha tildado estas actitudes como propias de la gente afín a lo que se ha denominado como La Casta, quizá porque compras similares se hicieron, en esos casos, por motivos meramente especulativos.
A pesar de que Iglesias y Montero se prestaron a ofrecer inmediatamente, ante los medios, toda suerte de explicaciones, justificando la operación como una manera de preservar su intimidad y la de los hijos que esperan y aclarando que la vivienda, situada en Galapagar, iba a ser utilizada únicamente como primera vivienda, la concesión del préstamo solicitado, que en su caso podría ser considerado tensión de la finca en cuestión, desataron rápidamente un aluvión de ataques indiscriminados, por parte de los otros Partidos políticos y muy particularmente del PP, muy atacados anteriormente por cuestiones similares a ésta, desde la Formación morada.
Al mismo tiempo, las redes sociales se llenaban de mensajes recriminatorios emitidos por militantes y simpatizantes de Podemos y el Alcalde de Cádiz, perteneciente a la corriente anticapitalista, metía el dedo en la llaga alegando que se sentía orgulloso de vivir y criar a sus hijs en una vivienda de obrero.
Tal ha sido la polvareda levantada a causa de la compra, que esta mañana nos despertábamos con la noticia de que Iglesias y Montero ponían sus cargos a disposición de las bases de Podemos y á de que en breve, se celebrará una consulta, en la que se decidirá si la mayoría confirma o no a estos líderes en los puestos que ocupan actualmente, como suele ser costumbre en esta Formación, cada vez que hay que tomar una decisión de cierta relevancia.
En estos momentos de crispación en los que vivimos, que Iglesias y Montero se decidan a comprar libremente un inmueble  carecería de total importancia, si en lugar de tratarse de un chalet de seiscientos mil euros, hubieran adquirido propiedad más modesta, ofreciendo el ejemplo que de ellos esperaban sus bases, teniendo en cuenta que la conciencia política y ética que se ha convertido en una referencia en el ideario de Podemos, se basa precisamente en el hecho de que sus líderes procuran no diferenciarse en nada del resto de sus militantes y simpatizantes, que en su mayoría, proceden de las clases trabajadoras y se consideran ideológicamente, de izquierdas.
Ha sido el suyo, un alarde probablemente involuntario de ostentación, que ha dolido profundamente a toda una legión de seguidores que se adscribieron a Podemos buscando una salida política para canalizar su indignación y huyendo a la vez, de las premisas de los Partidos clásicos, que habían creado una especie de burbuja que los separaba de la sociedad, en la que preservar a capa y espada, todos y cada uno de sus privilegios.
La gente acostumbra a mirar a los líderes morados, como parte del mundo en el que ella misma se desenvuelve, cuestión que los ha hecho, desde el principio, mucho más cercanos y asequibles que el resto de políticos españoles, ofreciendo la impresión de que eran los únicos que compartían y entendían sus problemas, moviéndose con total naturalidad, al lado de cualquier colectivo que tuviera a bien expresar sus reivindicaciones en las  
Esta compra, sin ser en absoluto oscura o ilegal, ha sido sin embargo, la mecha que ha encendido la incógnita de lo que podría ocurrir si alguna vez se diera el caso de que Podemos llegara al poder, poniendo en cuestión si los comportamientos que han caracterizado hasta ahora a sus líderes, continuarían siendo los mismos, o todo se trataba de una mera ilusión, creada con el único fin de conseguir un mayor número de votos, de determinados sectores.
La noticia de hoy, que ha conseguido eclipsar los nombramientos de los Consellers en Catalunya, por parte de Torra y hasta las repercusiones que pueda tener la tozudez de ofrecer cargos a presos y huidos, a nivel nacional, pone, por primera a, en riesgo, el hasta ahora indiscutible liderazgo de Iglesias en Podemos y ya veremos, si no marcará, pa relevra él, un camino de salida que inmediatamente podría ser aprovechado por personajes de relevancia, procedentes de otras corrientes.
La crisis, que llega en el peor de los momentos y que sin duda beneficia considerablemente las aspiraciones de Rivera, se produce sin embargo, por unos motivos a los que los ciudadanos no estamos acostumbrados, pues nada tiene que ver con la corrupción, por ejemplo, pero demuestra fehacientemente, que algo ha cambiado para bien en nuestra sociedad y que en cierto sentido, hemos aprendido y mucho de lo que significa ser fiel a nuestras propias conciencias, abominando de todo aquello que nos parece que roza los límites de la ética o la coherencia.
En este caso, el problema afecta estrictamente a la intimidad de los afectados, pero chirría en el pensamiento de quiénes les siguieron, como una especie de traición de alguien querido y admirado que de pronto te decepciona con un comportamiento, para ti, inadmisible.
Ha sido el suyo, un error de bulto, que quizá nunca debieron cometer y aunque hay que respetar su decisión, como lo que es y no convertirla en una cuestión política de primer orden, puede que se convierta para ellos en un borrón d considerables dimensiones, que ensucia su impecable expediente.
Ya veremos lo que votan las bases y el precio real que tendrán que pagar Iglesias y Montero, por esta compra, finalmente.

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