lunes, 7 de mayo de 2018

Los viejos luchadores nunca mueren



Andamos los mayores, poseídos por una creciente indignación, que además de tener que ver con la situación de desamparo en que vivimos y con las inaceptables cargas familiares que nos ha acarreado la política de recortes del Partido Popular, se incrementa cada vez que se piensa, desde las esferas del poder, que vivimos aún poseídos por el analfabetismo reinante en los años treinta o cuarenta del pasado siglo, mientras se pone en duda, de manera reiterada e insistente, nuestra capacidad de razonar y nuestro propio nivel de inteligencia.
Afortunadamente, aquellos tiempos en que las clases trabajadoras y muy fundamentalmente los ancianos, vivían en la oscuridad y sin la más mínima posibilidad  de entender una sola palabra de los grandilocuentes discursos que ofrecían los políticos, hace ya mucho que pasaron y estos viejos de hoy, no estamos dispuestos a consentir que se nos manipule, como hacían los caciques con nuestros abuelos, pues muchos de nosotros, poseemos, gracias al sacrificio y el esfuerzo de nuestros abnegados progenitores, una formación que nos permite mirar a los ojos,  de igual a igual, a todos estos que ocupando un escaño o algún puesto de cierta relevancia, se han hecho expertos en el arte de la manipulación, o al menos eso intentan, a través de esas propuesta trampa que nos lanzan, a ver si picamos el anzuelo.
Ser mayor, no significa necesariamente vivir anclado a tiempos pasados, ni haber malgastado los años que llevamos vividos, sin haber sabido evolucionar al paso que marcaban los acontecimientos, en cada momento y por supuesto, la edad no merma la curiosidad por entender los asuntos que ocurren a nuestro alrededor ni obstaculiza el afán por aprender, por los medios que sean, aquello que quizá no se sabe, pero de cuya comprensión depende poder hallar una salida que resuelva nuestros  más acuciantes problemas.
Existen además, valiosísimos aliados que ayudan sobremanera a no perder el paso que marca la actualidad, al mismo tiempo que nuestra existencia y en esta era de la comunicación, la lectura y el acceso a los medios servidos a través de las redes, proporcionan mil mecanismos al que los quiere utilizar, para poder ser, cada día, un poco más sabio, sin que exista un solo tema sobre el que no se pueda obtener información y aprovecharla en propio beneficio.
Y luego, está el tema de la procedencia.  Porque éstos que peinamos canas provenimos, en general,  de una generación de inagotables luchadores a los que les tocó vivir una época histórica convulsa que fuimos capaces de transformar, contando con la voluntad y el esfuerzo y esa condición, que se queda anclada en el alma de manera profunda y latente, aflora inevitablemente en cuanto se detecta alguna señal que pueda poner en peligro alguna de aquellas cosas que ganamos, moviéndonos otra vez, a volver a combatir, con la diferencia de que ahora podemos invertir en hacerlo todo el tiempo del mundo, pues nuestra veteranía ya no exige de nosotros una dedicación laboral, que antes nos era imprescindible.
Así que a quienes piensen que pueden obtener una rendición, a través de un ofrecimiento que   parchee nuestra situación durante un par de años, sin afrontar a fondo la raíz del problema, ya les digo yo que jamás conseguirán las bendiciones que tanto  les gustaría obtener, ni por supuesto, podrán quebrar esa unidad que ha surgido espontáneamente entre nosotros, por un caso de extrema necesidad y que nos hace estar cada  día, orgullosos de nuestro comportamiento.
Comentarios como los vertidos por la Secretaria de Estado de Comunicación, ante los abucheos recibidos por Rajoy, de parte de un grupo de pensionistas, nos conceden, involuntariamente, la seguridad de tener la razón y nos enseñan que el camino que estamos marcando con nuestras protestas en las calles, es el único que puede conquistar el grueso de las reivindicaciones que exigimos y que son, de mera justicia.
En el mismo momento en que esta Secretaria deslenguada y faltona lanzaba los improperios que todos hemos podido oír a través de los medios, el Presidente de nuestro Gobierno, entraba apresuradamente y visiblemente nervioso en el recinto al que se dirigía, sin atreverse a cruzar una sola mirada, con el grupo de personas que le increpaban desde la acera de enfrente.
Nadie esperaba, por supuesto, que se parase a conversar. Hace ya mucho tiempo que sabemos que esa corriente de complicidad que debiera existir obligatoriamente entre el pueblo y su Presidente, no existirá jamás mientras Rajoy esté en el poder, pero su actitud vergonzante, el hecho de acelerar el paso para escapar de la evidencia de lo que allí estaba ocurriendo, dice mucho de lo que todos podemos esperar de él y señala, de manera incontrovertida e incuestionable, que su afección por los colectivos que forman parte del país que dirige, deja mucho que desear y pone en tela de juicio su capacidad real para ocupar el cargo que ostenta.
Ni sus espantadas, ni su ley Mordaza, ni sus veleidades con PNV o Ciudadanos, para doblegar nuestra voluntad, podrán nunca dar los resultados que tuviera previstos, pues los viejos luchadores, nunca mueren.
Tampoco nos creemos ese interés repentino que le ha entrado por bailar al son que le marca la calle, ahora que su declive personal y el de su Partido, augura tiempos difíciles y el fin de esa era de insolencia en la que a través de las mayorías absolutas, nos trajo hasta la situación que estamos atravesando y que tanto nos duele, se acerca inexorablemente.
La memoria intacta de sus acciones durante sus años de mandato, nos hará permanecer alerta. Para su desgracia, los mayores tenemos mucho tiempo para pensar y ya les digo yo que no olvidaremos, en lo que nos reste de vida, la indiferencia con que fuimos tratados, en los peores momentos.

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