Admitida a trámite la Moción de Censura presentada por el
PSOE, Pedro Sánchez busca desesperadamente apoyos, a uno y otro lado del arco
político, topándose con condiciones partidistas que van encaminadas a obtener beneficios propios, tanto
por parte de los nacionalistas catalanes y vascos, como por los Ciudadanos de
Rivera, que sueña con unas elecciones en las que poder alcanzar el poder, sin
tener que pasar por el trance de que el líder de los socialistas esté, aunque sólo sea por unos meses, al
frente del Gobierno.
Si la situación en que ha quedado el PP, tras la sentencia
del caso Gurtel, con M. Rajoy a la cabeza, es buena o no, poco o nada parece importar a los líderes de las
Formaciones que constituyen el Parlamento actual y sólo Podemos; con IU y sus Confluencias,
han asegurado a los socialistas su colaboración sin condiciones, dada la
gravísima excepcionalidad que vivimos en el País, en estos momentos.
Es muy difícil de entender para los ciudadanos que en las
circunstancias actuales y habiendo quedado finalmente probada la financiación
ilegal del PP, que además ha sido condenado a título lucrativo, sean
precisamente los Partidos que menos representación parlamentaria tienen, incluido
el de Rivera, los que estén poniendo mayores trabas para poder desalojar
inmediatamente del poder a quienes han hecho de la corrupción un negocio
institucional que zahiere reiteradamente los intereses primarios de una Sociedad,
obligada durante años a malvivir, en un ambiente de austeridad exigido,
autoritariamente, por los mismos que mientras tanto, se dedicaban a practicar,
impunemente, el arte del saqueo.
Asombrados porque nacionalistas y Ciudadanos no se hayan
adherido inmediatamente a la propuesta presentada por Sánchez, se impone una reflexión
profunda de los motivos que cada cual puede tener para exhibir sin pudor estas
absurdas discrepancias de fondo y de forma y no se puede más que llegar a la
conclusión de que a los primeros no les interesa, en el fondo, desatascar el
problema catalán, quizá porque Rajoy les ofrece innumerables motivos para la
contestación y por tanto, la publicidad
gratuita que les proporcionan estos desencuentros y a los segundos, porque no
soportan que cualquier otro, sea Sánchez o cualquiera, pueda ocupar una
Presidencia que todas las encuestas adjudican, desde hace un tiempo, a Rivera,
cuyo mayor deseo es pues, la celebración de nuevos comicios, ahora que los
vientos le son favorables para lograr el único objetivo que le ronda por la
cabeza.
Pero, ¿qué piensan realmente esos millones de españoles, que son los que decidirán, cuando llegue el
momento, quiénes serán los encargados de hacerse con las riendas del poder, de
las actitudes que en estas circunstancias de excepción están tomando todos y
cada uno de nuestros representantes políticos?
Se podría decir que en opinión de la calle, en general y tras
las vicisitudes ocurridas en los últimos
días, para todos resulta prioritario desalojar, cuanto antes, a los populares
del poder y que ese desalojo, si finalmente se consigue, se convierta a la vez,
en un castigo a las prácticas generalizadas de corrupción que los conservadores
han venido llevando a cabo de un modo escandaloso durante tantos años y que
habrían continuado manteniéndose, de no ser por la profesionalidad de un
determinado sector de la prensa y la irrupción en la política española de
nuevas Formaciones que han transformado con éxito, la visión que todos
teníamos, de la forma de funcionar del Sistema.
Son muchos los que esgrimen el argumento de que si Sánchez
consigue vencer con el apoyo de los nacionalistas, estaría vendiendo la unidad del territorio español y ese
concepto de patrioterismo barato basado en la exhibición de símbolos y banderas,
olvidando que por la Ley electoral que permanece en vigor, desde la misma
llegada de la democracia, todos los Gobiernos y muy particularmente el del PP,
han pactado en innumerables ocasiones con catalanes y vascos, para poder sacar adelante
sus propuestas y que el mismo Rajoy, sin ir más lejos, lo acaba de volver a
hacer, en este caso, con el PNV, la pasada semana, para conseguir la aprobación
de los Presupuestos Generales del Estado, in extremis.
Es por tanto, incomprensible ese miedo cerval que evidencian los de Ciudadanos a que los separatistas
catalanes puedan unirse a Sánchez en la Moción que plantea, porque lo que
demuestra en el fondo, no es más que una debilidad ante la fuerza que han ido
ganando los que se han convertido en sus más pavorosos enemigos y poca o
ninguna intención de que la magnitud que ha alcanzado el conflicto catalán,
sobre todo a nivel de calle, pudiera quizá suavizarse, si se arbitrara una
tercera vía de diálogo y negociación, hasta ahora inexistente.
Para entendernos, a Rivera sólo le interesa el poder. Tomar
las riendas del País, a ser posible, con una mayoría absoluta que le permita
hacer y deshacer a su antojo, aquí y allá y muy fundamentalmente en Catalunya,
dónde quién sabe hasta dónde sería capaz de llegar, con tal de aniquilar al movimiento
separatista que representa, no lo olvidemos, a la mitad de quiénes habitan este
territorio ahora convulso y sobre todo lo demás, brillar como un nuevo salvador
de una Patria a la que todos pertenecemos, pero que él rata de adjudicarse,
desdeñando los conceptos que otros podamos tener sobre el significado de dicha palabra.
Pues bien, con la aquiescencia o no del señor Rivera, que si
no apoya la Moción, consiente en que Rajoy siga anclado al sillón que ocupa,
deseando, según palabras literales, agotar la legislatura, socialistas y
podemitas, han tomado ya una decisión y actuando en conciencia, ejerciendo el
derecho legal que les ofrece la Constitución y acorde con la excepcionalidad
del momento, han plantado, cómo no podía ser de otra manera, cara al PP, que bajo
ningún concepto, puede continuar ostentando la Presidencia de un país, al que
ha estafado y saqueado hasta la saciedad, sobre todo en los años de esta terrible
e inacabable crisis.
Ganar o perder, ya lo decíamos el otro día, es lo de menos.
Asumir responsabilidades y poder mirar a los ciudadanos a los ojos, con
dignidad, se convierte, indefectiblemente, en el único factor a tener en
cuenta.
Así que lo que haga cada uno, será minuciosamente anotado en
la memoria de una Sociedad que considera imprescindible la honestidad de los
políticos y que ha aprendido, a base de decepciones, a no poner su confianza,
nunca más, en aquellos que a través de mensajes de contenido descafeinado, lanzan
promesas ilusorias, que después acaba borrando el viento.
A los separatistas, ya les digo que su situación no mejorará,
ni con Rajoy, ni con Rivera y que en algo tendrán que ceder. Si pierden la
ocasión que les brinda esta Moción de Censura, estarían cometiendo, cuando menos,
un error de incalculables consecuencias.
Y a Rivera, no se me ocurre mejor consejo que darle que el de
destruir los espejos en que se mira, henchido de orgullo y egolatría, pues el
tiempo y la volubilidad de las circunstancias, muchas veces rompen en mil
pedazos, en un instante, todos y cada uno de nuestros sueños.

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