lunes, 28 de mayo de 2018

Buscando apoyos desesperadamente



Admitida a trámite la Moción de Censura presentada por el PSOE, Pedro Sánchez busca desesperadamente apoyos, a uno y otro lado del arco político, topándose con condiciones partidistas que van  encaminadas a obtener beneficios propios, tanto por parte de los nacionalistas catalanes y vascos, como por los Ciudadanos de Rivera, que sueña con unas elecciones en las que poder alcanzar el poder, sin tener que pasar por el trance de que el líder de los socialistas  esté, aunque sólo sea por unos meses, al frente del Gobierno.
Si la situación en que ha quedado el PP, tras la sentencia del caso Gurtel, con M. Rajoy a la cabeza, es buena o no, poco  o nada parece importar a los líderes de las Formaciones que constituyen el Parlamento actual y sólo Podemos; con IU y sus Confluencias, han asegurado a los socialistas su colaboración sin condiciones, dada la gravísima excepcionalidad que vivimos en el País, en estos momentos.
Es muy difícil de entender para los ciudadanos que en las circunstancias actuales y habiendo quedado finalmente probada la financiación ilegal del PP, que además ha sido condenado a título lucrativo, sean precisamente los Partidos que menos representación parlamentaria tienen, incluido el de Rivera, los que estén poniendo mayores trabas para poder desalojar inmediatamente del poder a quienes han hecho de la corrupción un negocio institucional que zahiere reiteradamente los intereses primarios de una Sociedad, obligada durante años a malvivir, en un ambiente de austeridad exigido, autoritariamente, por los mismos que mientras tanto, se dedicaban a practicar, impunemente, el arte del saqueo.
Asombrados porque nacionalistas y Ciudadanos no se hayan adherido inmediatamente a la propuesta presentada por Sánchez, se impone una reflexión profunda de los motivos que cada cual puede tener para exhibir sin pudor estas absurdas discrepancias de fondo y de forma y no se puede más que llegar a la conclusión de que a los primeros no les interesa, en el fondo, desatascar el problema catalán, quizá porque Rajoy les ofrece innumerables motivos para la contestación y por tanto,  la publicidad gratuita que les proporcionan estos desencuentros y a los segundos, porque no soportan que cualquier otro, sea Sánchez o cualquiera, pueda ocupar una Presidencia que todas las encuestas adjudican, desde hace un tiempo, a Rivera, cuyo mayor deseo es pues, la celebración de nuevos comicios, ahora que los vientos le son favorables para lograr el único objetivo que le ronda por la cabeza.
Pero, ¿qué piensan realmente esos millones de españoles, que  son los que decidirán, cuando llegue el momento, quiénes serán los encargados de hacerse con las riendas del poder, de las actitudes que en estas circunstancias de excepción están tomando todos y cada uno de nuestros representantes políticos?
Se podría decir que en opinión de la calle, en general y tras las vicisitudes  ocurridas en los últimos días, para todos resulta prioritario desalojar, cuanto antes, a los populares del poder y que ese desalojo, si finalmente se consigue, se convierta a la vez, en un castigo a las prácticas generalizadas de corrupción que los conservadores han venido llevando a cabo de un modo escandaloso durante tantos años y que habrían continuado manteniéndose, de no ser por la profesionalidad de un determinado sector de la prensa y la irrupción en la política española de nuevas Formaciones que han transformado con éxito, la visión que todos teníamos, de la forma de funcionar del Sistema.
Son muchos los que esgrimen el argumento de que si Sánchez consigue vencer con el apoyo de los nacionalistas, estaría  vendiendo  la unidad del territorio español y ese concepto de patrioterismo barato basado en la exhibición de símbolos y banderas, olvidando que por la Ley electoral que permanece en vigor, desde la misma llegada de la democracia, todos los Gobiernos y muy particularmente el del PP, han pactado en innumerables ocasiones con catalanes y vascos, para poder sacar adelante sus propuestas y que el mismo Rajoy, sin ir más lejos, lo acaba de volver a hacer, en este caso, con el PNV, la pasada semana, para conseguir la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, in extremis.
Es por tanto, incomprensible ese miedo cerval que evidencian  los de Ciudadanos a que los separatistas catalanes puedan unirse a Sánchez en la Moción que plantea, porque lo que demuestra en el fondo, no es más que una debilidad ante la fuerza que han ido ganando los que se han convertido en sus más pavorosos enemigos y poca o ninguna intención de que la magnitud que ha alcanzado el conflicto catalán, sobre todo a nivel de calle, pudiera quizá suavizarse, si se arbitrara una tercera vía de diálogo y negociación, hasta ahora inexistente.
Para entendernos, a Rivera sólo le interesa el poder. Tomar las riendas del País, a ser posible, con una mayoría absoluta que le permita hacer y deshacer a su antojo, aquí y allá y muy fundamentalmente en Catalunya, dónde quién sabe hasta dónde sería capaz de llegar, con tal de aniquilar al movimiento separatista que representa, no lo olvidemos, a la mitad de quiénes habitan este territorio ahora convulso y sobre todo lo demás, brillar como un nuevo salvador de una Patria a la que todos pertenecemos, pero que él rata de adjudicarse, desdeñando los conceptos que otros podamos tener sobre el significado de dicha palabra.
Pues bien, con la aquiescencia o no del señor Rivera, que si no apoya la Moción, consiente en que Rajoy siga anclado al sillón que ocupa, deseando, según palabras literales, agotar la legislatura, socialistas y podemitas, han tomado ya una decisión y actuando en conciencia, ejerciendo el derecho legal que les ofrece la Constitución y acorde con la excepcionalidad del momento, han plantado, cómo no podía ser de otra manera, cara al PP, que bajo ningún concepto, puede continuar ostentando la Presidencia de un país, al que ha estafado y saqueado hasta la saciedad, sobre todo en los años de esta terrible e inacabable crisis.
Ganar o perder, ya lo decíamos el otro día, es lo de menos. Asumir responsabilidades y poder mirar a los ciudadanos a los ojos, con dignidad, se convierte, indefectiblemente, en el único factor a tener en cuenta.
Así que lo que haga cada uno, será minuciosamente anotado en la memoria de una Sociedad que considera imprescindible la honestidad de los políticos y que ha aprendido, a base de decepciones, a no poner su confianza, nunca más, en aquellos que a través de mensajes de contenido descafeinado, lanzan promesas ilusorias, que después acaba borrando el viento.
A los separatistas, ya les digo que su situación no mejorará, ni con Rajoy, ni con Rivera y que en algo tendrán que ceder. Si pierden la ocasión que les brinda esta Moción de Censura, estarían cometiendo, cuando menos, un error de incalculables consecuencias.
Y a Rivera, no se me ocurre mejor consejo que darle que el de destruir los espejos en que se mira, henchido de orgullo y egolatría, pues el tiempo y la volubilidad de las circunstancias, muchas veces rompen en mil pedazos, en un instante, todos y cada uno de nuestros sueños.





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