lunes, 21 de mayo de 2018

Contra corriente



Nombra Quim Torra, el nuevo President de la Generalitat catalana, un Gobierno que para empezar, no respeta la paridad, pues sólo hay tres mujeres entre sus once miembros y que mantiene la postura de remar contra corriente que viene caracterizando a los independentistas hasta ahora, ya que incluye como Consellers, entre otros, a Jordi Turull y Josep Rull, que se encuentran actualmente en prisión y también a Toni Comín y Lluís Puig, que permanecen huidos en el extranjero.
Siguiendo totalmente la línea que ya anunciara en su discurso de investidura y manteniéndose firme en las posturas adoptadas hasta ahora por los Partidos secesionistas, Torra, que pedía la apertura de un diálogo sin condiciones con Rajoy, provoca con sus nombramientos una reacción inmediata que encabezada por Abert Rivera y consensuada por el PP, también con el PSOE, asume que no quedará otro remedio que mantener vigente la aplicación del 155 en Catalunya, mientras se inician acciones legales contra la iniciativa propuesta por el recién nombrado President.
He de confesar que ya cansa un poco tener que hablar por obligación todos los días de un problema en el que no se avanza ni un ápice, debido al empecinamiento de ambas partes, pero la actualidad política en estos precisos momentos pasa por tener que referirse a él, forzosamente, aun habiendo perdido ya la esperanza de que con estos interlocutores sea posible llegar a encontrar una solución, ya que no hacen otra cosa que provocar, con sus actitudes, un mayor enconamiento del conflicto.
Porque está claro que la Justicia española no va a permitir que ejerzan funciones de Gobierno ni los encarcelados, ni los supuestos exiliados que siguieron a Puigdemont en su apresurada fuga hacia Bélgica y que por su parte, los separatistas, no se encuentran dispuestos a renunciar a sus reivindicaciones, en este aspecto, por lo que mucho nos tememos que el señor Torra se verá obligado a gobernar en paralelo con aquellos que se están encargando de mantener la intervención y que para mayor deshonra, pertenecen al Partido menos votado por los catalanes, en las últimas elecciones celebradas en el mes de Diciembre.
Y así, continuaremos esperando a que alguna de las dos partes se decida a reflexionar sobre la naturaleza de unos planteamientos que parecen haberse convertido en dogmas inamovibles, de los que nadie  quiere apearse, por miedo a ser tachado por los suyos de traición o cobardía, pero que con el paso del tiempo, se están convirtiendo en una rémora que daña considerablemente y sin remisión, no sólo los intereses generales de Catalunya, sino muy fundamentalmente, los de los ciudadanos que la habitan y que seguramente desean recuperar una convivencia, rota por los daños colaterales que están provocando estos enfrentamientos.
Torra no parece en absoluto dispuesto a ceder, no se sabe muy  bien si por fidelidad a su admirado Puigdemont o por las convicciones expresadas a lo largo de los años en todos sus escritos y Rajoy, ya lo saben ustedes, preso de su   manera de ser, seguramente se encuentra preparado para esperar el tiempo que sea necesario, apoyado en su judicialización del problema, por lo que la utilización  de las vías políticas y de negociación se ha hecho invisible, sin que nada ni nadie pueda, desgraciadamente, remediarlo, propiciando que la brecha que nos está separando irremisiblemente, en este asunto, se esté haciendo cada vez mayor, como si efectivamente viviéramos ya en países diferentes, aunque de facto, aún compartamos espacio en el mismo.
No hay momento en que no deseemos poder dar una noticia esperanzadora que permita la entrada de aire limpio en este campo de batalla virtual contaminado por la obstinación y la   intransigencia de sus contendientes, ni día en el que  no miremos con tristeza como todo permanece igual o aún peor, teniendo que volver a recorrer el mismo camino que ya hemos andado tantas veces, en los últimos tiempos.
Entretanto, Rivera, que se ha autoproclamado como defensor a ultranza de la españolidad y cuya posición se ha visto definitivamente reforzada por los resultados obtenidos en Catalunya, ha creado una plataforma civil en defensa de los valores patrios españoles, que potencia insolentemente las diferencias que separaban a sus seguidores de los independentistas catalanes y que le convierten, a él en particular, en una especie de guía espiritual de ciertos valores que se encuentran muy presentes en su propio concepto de Patria y que seguramente, ni compartimos, ni aceptamos, una buena cantidad de ciudadanos que consideramos su supuesta españolidad, como otra forma de nacionalismo.
De manera que el líder de Ciudadanos parece ser quién marca el camino que habrían de seguir los que han sido sus socios más directos y ante el estupor de una izquierda que no se encuentra especialmente en uno de sus mejores momentos, avanza imparable hacia la meta que tiene marcada y que no es otra que llegar a instalarse en Moncloa, a la mayor brevedad posible.
Esto, que podría parecer baladí y a lo que no se le debiera dar demasiada importancia, en otras circunstancias distintas, es en las que vivimos, crucial para que el problema catalán pueda ser resuelto con mayor o menor dureza y los líderes independentistas, con su President a la cabeza, harían  bien en reflexionar seriamente sobre lo que se les vendría encima si Rivera llegara al poder y dependiera de sus decisiones, la continuidad o no, de la Autonomía.
Muchas veces ha expresado el líder de Ciudadanos su opinión de que en Catalunya se está obrando con demasiada ligereza y que habría que endurecer mucho más las políticas que el PP está aplicando allí, por lo que no queremos ni imaginar hasta dónde estaría dispuesto a llegar, si las urnas le convirtieran en Presidente.
En esta tesitura, nos resulta prácticamente imposible centrar la atención en otros temas, que sin embargo, pudieran tener para todos una importancia real mucho mayor que este que tratamos necesariamente, pues el hartazgo que produce la monotonía cotidiana que rodea a este conflicto, en cierto modo, empieza a nublar la razón, impidiéndonos mirar más allá, buscando nuevos argumentos sobre los que escribir y que nos permitan hacerlo con un poco más de placer, por cierto.



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