Nombra Quim Torra, el nuevo President de la Generalitat
catalana, un Gobierno que para empezar, no respeta la paridad, pues sólo hay
tres mujeres entre sus once miembros y que mantiene la postura de remar contra
corriente que viene caracterizando a los independentistas hasta ahora, ya que
incluye como Consellers, entre otros, a Jordi Turull y Josep Rull, que se
encuentran actualmente en prisión y también a Toni Comín y Lluís Puig, que
permanecen huidos en el extranjero.
Siguiendo totalmente la línea que ya anunciara en su discurso
de investidura y manteniéndose firme en las posturas adoptadas hasta ahora por
los Partidos secesionistas, Torra, que pedía la apertura de un diálogo sin condiciones
con Rajoy, provoca con sus nombramientos una reacción inmediata que encabezada
por Abert Rivera y consensuada por el PP, también con el PSOE, asume que no
quedará otro remedio que mantener vigente la aplicación del 155 en Catalunya,
mientras se inician acciones legales contra la iniciativa propuesta por el recién
nombrado President.
He de confesar que ya cansa un poco tener que hablar por
obligación todos los días de un problema en el que no se avanza ni un ápice,
debido al empecinamiento de ambas partes, pero la actualidad política en estos
precisos momentos pasa por tener que referirse a él, forzosamente, aun habiendo
perdido ya la esperanza de que con estos interlocutores sea posible llegar a
encontrar una solución, ya que no hacen otra cosa que provocar, con sus
actitudes, un mayor enconamiento del conflicto.
Porque está claro que la Justicia española no va a permitir
que ejerzan funciones de Gobierno ni los encarcelados, ni los supuestos
exiliados que siguieron a Puigdemont en su apresurada fuga hacia Bélgica y que
por su parte, los separatistas, no se encuentran dispuestos a renunciar a sus
reivindicaciones, en este aspecto, por lo que mucho nos tememos que el señor
Torra se verá obligado a gobernar en paralelo con aquellos que se están
encargando de mantener la intervención y que para mayor deshonra, pertenecen al
Partido menos votado por los catalanes, en las últimas elecciones celebradas en
el mes de Diciembre.
Y así, continuaremos esperando a que alguna de las dos partes
se decida a reflexionar sobre la naturaleza de unos planteamientos que parecen
haberse convertido en dogmas inamovibles, de los que nadie quiere apearse, por miedo a ser tachado por
los suyos de traición o cobardía, pero que con el paso del tiempo, se están
convirtiendo en una rémora que daña considerablemente y sin remisión, no sólo
los intereses generales de Catalunya, sino muy fundamentalmente, los de los
ciudadanos que la habitan y que seguramente desean recuperar una convivencia,
rota por los daños colaterales que están provocando estos enfrentamientos.
Torra no parece en absoluto dispuesto a ceder, no se sabe
muy bien si por fidelidad a su admirado
Puigdemont o por las convicciones expresadas a lo largo de los años en todos
sus escritos y Rajoy, ya lo saben ustedes, preso de su manera
de ser, seguramente se encuentra preparado para esperar el tiempo que sea
necesario, apoyado en su judicialización del problema, por lo que la
utilización de las vías políticas y de
negociación se ha hecho invisible, sin que nada ni nadie pueda,
desgraciadamente, remediarlo, propiciando que la brecha que nos está separando irremisiblemente,
en este asunto, se esté haciendo cada vez mayor, como si efectivamente
viviéramos ya en países diferentes, aunque de facto, aún compartamos espacio en
el mismo.
No hay momento en que no deseemos poder dar una noticia
esperanzadora que permita la entrada de aire limpio en este campo de batalla
virtual contaminado por la obstinación y la intransigencia
de sus contendientes, ni día en el que no
miremos con tristeza como todo permanece igual o aún peor, teniendo que volver
a recorrer el mismo camino que ya hemos andado tantas veces, en los últimos
tiempos.
Entretanto, Rivera, que se ha autoproclamado como defensor a
ultranza de la españolidad y cuya posición se ha visto definitivamente
reforzada por los resultados obtenidos en Catalunya, ha creado una plataforma
civil en defensa de los valores patrios españoles, que potencia insolentemente las
diferencias que separaban a sus seguidores de los independentistas catalanes y
que le convierten, a él en particular, en una especie de guía espiritual de
ciertos valores que se encuentran muy presentes en su propio concepto de Patria
y que seguramente, ni compartimos, ni aceptamos, una buena cantidad de
ciudadanos que consideramos su supuesta españolidad, como otra forma de
nacionalismo.
De manera que el líder de Ciudadanos parece ser quién marca
el camino que habrían de seguir los que han sido sus socios más directos y ante
el estupor de una izquierda que no se encuentra especialmente en uno de sus
mejores momentos, avanza imparable hacia la meta que tiene marcada y que no es otra
que llegar a instalarse en Moncloa, a la mayor brevedad posible.
Esto, que podría parecer baladí y a lo que no se le debiera
dar demasiada importancia, en otras circunstancias distintas, es en las que
vivimos, crucial para que el problema catalán pueda ser resuelto con mayor o
menor dureza y los líderes independentistas, con su President a la cabeza, harían
bien en reflexionar seriamente sobre lo
que se les vendría encima si Rivera llegara al poder y dependiera de sus decisiones,
la continuidad o no, de la Autonomía.
Muchas veces ha expresado el líder de Ciudadanos su opinión
de que en Catalunya se está obrando con demasiada ligereza y que habría que
endurecer mucho más las políticas que el PP está aplicando allí, por lo que no
queremos ni imaginar hasta dónde estaría dispuesto a llegar, si las urnas le
convirtieran en Presidente.
En esta tesitura, nos resulta prácticamente imposible centrar
la atención en otros temas, que sin embargo, pudieran tener para todos una
importancia real mucho mayor que este que tratamos necesariamente, pues el
hartazgo que produce la monotonía cotidiana que rodea a este conflicto, en
cierto modo, empieza a nublar la razón, impidiéndonos mirar más allá, buscando
nuevos argumentos sobre los que escribir y que nos permitan hacerlo con un poco
más de placer, por cierto.

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