jueves, 24 de mayo de 2018

La sentencia de la vergüenza



Tras años de minuciosa investigación, de una larguísima instrucción y de imputaciones que han afectado a una extensa lista de personajes muy conocidos en el entorno del Partido Popular, el juicio de la trama Gurtel ha llegado a su fin y la sentencia, que hemos conocido hoy, señala, por primera vez en nuestra Historia, a una Formación política, como conocedora y participante, a título lucrativo, en un gravísimo caso de corrupción, condenando a penas  realmente ejemplares, a los principales implicados en este engranaje perfectamente diseñado, para que diera los frutos apetecidos.
Aquellas maniobras conspiratorias que los populares achacaban a Rubalcaba y a otros miembros de la oposición han quedado absolutamente descartadas en el contenido de esta sentencia y las grabaciones que presentara José Luis Peñas, han sido consideradas como válidas y tenidas en cuenta por los jueces encargados del caso y todo el relato que una y mil veces negaran los conservadores, calificándolos como asuntos aislados, ha quedo finalmente probado en el contenido de los escritos que se nos presentan.
De nada han valido ni el contumaz silencio de Bárcenas, para conseguir librar a su esposa de cualquier responsabilidad a este respecto, ni los continuos cambios de versiones que han venido realizando los principales encausados, tratando desesperadamente de huir de las acciones de la justicia, ni las alegaciones de desconocimiento esgrimidas reiteradamente por los líderes conservadores y el peso de la Ley, ha caído hoy, como una losa, no sólo sobre los encausados, sino también sobre la imagen ya muy deteriorada de un PP, demasiado debilitado por las circunstancias que estamos viviendo y sin pruebas con las que defenderse de que ya son actos probados, judicialmente.
Los 33 años que le han caído a Luis Bárcenas, cuyos papeles han sido trascendentales para que se pudiera probar la existencia de una caja B en el PP, han venido acompañados, a pesar de haber callado, seguramente, una gran parte de lo que sabe, por una condena de 15 años para su esposa, a la que tratado de proteger permanentemente, de la manera que fuera, de una implicación  que  los jueces consideran probada, definitivamente.
Tampoco la parte empresarial ha salido bien parada en el trance, pues se condena a  Francisco Correa a 51 años, a Pedro Crespo a 37 y sólo el locuaz Álvaro Pérez, el bigotes,  ha conseguido una absolución que probablemente ni él mismo esperaba, aunque siempre dio la impresión de ser un cabeza de turco, al que le venían grandes según qué tipo de acciones, por sus escasos conocimientos.
Al mismo tiempo, la sentencia da por probada la existencia de una contabilidad paralela llevada a cabo por el Partido Popular y la financiación ilegal de Campañas electorales, por lo que condena a dicha Formación, a la ex ministra Ana Mato y a Gema Matamoros, como beneficiarios de la trama, a título lucrativo,  a Alberto López Viejo, el que fuera consejero Esperanza Aguirre, a 31 años y  a Jesús Sepúlveda a 14, como participantes en los hechos.
La sentencia, que relata ampliamente cómo se urdió la trama que proporcionó durante años jugosos beneficios a la empresa dirigida por Correa y también a la caja B del PP, nutrida a base de donaciones intercambiadas por concesiones de sendos contratos en obras y servicios de la Administración del Estado, expresa también que el montante obtenido por esos medios, se movió impunemente durante años, hacia cuentas abiertas fuera del país, creándose así un extenso armazón sobre el que cimentar la comisión reiterada de este tipo de delitos, que ahora han quedado, por fin, totalmente al descubierto.
Las reacciones de la oposición al completo no han tardado en llegar, aunque los populares guardan, hasta el momento, un escrupuloso silencio, seguramente preparando una respuesta que ya no tendrá ningún sentido, al haber quedado su credibilidad, absolutamente acribillada por la crudeza de los acontecimientos.
Si ha valido o no la pena esperar tantos años, ya se irá viendo, pues los recursos se pondrán inmediatamente en marcha y todo podría cambiar en el Supremo, pero la versatilidad del dictamen, la minuciosidad escrupulosa con que se narran los hechos y el encaje perfecto de las piezas que tanto han complicado la ejecución de este dificilísimo puzzle, tan estrechamente relacionado con las cloacas del poder, convierten a esta sentencia en la más vergonzosa de cuántas hemos conocido y al Partido Popular en una especie de empresa dedicada a labores oscurantistas que ha estado funcionando, al más puro estilo de las mafias organizadas, con la diferencia de que en estos momentos, es el encargado del Gobierno de esta Nación.
Algo como lo que acaba de suceder, provocaría, en cualquier otro lugar, la dimisión inmediata del Ejecutivo al completo. Pero esto es España, dónde para nuestra desgracia, todo continúa siendo diferente.


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