viernes, 25 de mayo de 2018

Requiem



Las consecuencias de la sentencia del caso Gurtel, nos han traído una mañana puramente desenfrenada en el terreno informativo, que se abría con la Presentación de una Moción de Censura, por parte del PSOE, cuyo Secretario general, Pedro Sánchez, acaba de comparecer ante los medios, para aclarar la hoja de ruta que se ha marcado su Partido, en unos momentos que ha calificado, textualmente, de extrema excepcionalidad política.
Apoyándose fundamentalmente en el sentido del deber que corresponde asumir a la oposición   y en el clima de indignación generalizada que ha despertado en la Sociedad la corrupción institucionalizada que se ha venido reiterativamente instalando,  durante el tiempo de mandato del PP, Sánchez ha exigido a todas las Formaciones que forman el arco parlamentario actual, una respuesta contundente, concluyendo que el gobierno actual no ha asumido, en ningún momento, ni tampoco en éste de ahora, ninguna responsabilidad, permitiendo y apoyando tácitamente, que estos delitos relacionados con la más pura corrupción, continuaran cometiéndose, mientras exigía, al mismo tiempo a los ciudadanos, austeridad y  sacrificios prácticamente imposibles de soportar, en el terreno laboral y social y también en el relacionado con sus propias libertades civiles.
El líder socialista ha dejado muy claro que presenta la Moción para postularse como futuro  Presidente de Gobierno, aunque matizando que su intención es a la vez, la de convocar elecciones, si bien, lo que se pretendería en primer lugar sería la inmediata recuperación de las instituciones, que se han visto fatalmente dañadas por el incesante reguero de asuntos sucios en los que personalidades de trascendental importancia en el Partido conservador, se han visto envueltos.
Con esa premisas, ha respondido implícitamente a la propuesta formulada por Ciudadanos, hace unas horas, en la que ofrecía su apoyo a la Moción, sólo en la caso de que el PP no asumiera  de motu propio  el compromiso de presentar la dimisión del Gobierno al completo, pasando por cierto, por alto, no se sabe si de manera inconsciente o por mero desconocimiento, que una vez  presentada dicha Moción, no está permitido que tales hechos puedan producirse, por lo que la alusión de Sánchez, sobre la convocatoria de nuevos comicios, podría considerarse como un intento de colocar a los de Rivera en la difícil tesitura de tener que elegir, entre apoyar a los populares, o desligarse definitivamente de ellos.
La Moción, que para triunfar tendría que contar o bien con los votos de Ciudadanos, o que podría hacerlo también con el apoyo de los Partidos nacionalistas, resulta ser sin embargo, en estos momentos precisos, la única salida digna y legal a la que pueden y  acudir todas las Formaciones políticas, del carácter que sea, si no quieren ser considerados como cómplices de las acciones llevadas a cabo por los populares y que imposibilitan, textualmente, su continuidad en el gobierno.
Ganarla o perderla , es, en las circunstancias actuales, un hecho que carece de importancia, aunque es mucha la que tiene, porque lo verdaderamente inaplazable es poder establecer unas diferencias tajantes entre los comportamientos de unos y otros políticos, dirigidas a poder terminar con el estado de alarma que se ha creado entre la gente que habitamos en este país y que tenemos la terrible sensación de haber estado siendo gobernados por unos dirigentes que han encontrado en  la mentira y  en la estafa, una manera de mantenerse en el poder, a ser posible, indefinidamente.
Es el momento de apelar, a las conciencias de los líderes políticos, independientemente del bando ideológico  en el que se encuentren y también de invitarles, con celeridad,  a reflexionar seriamente sobre las verdaderas funciones para las que fueron elegidos por unos  votantes que dieron por sentados su sentido de la honestidad y la decencia, de rogar que cada uno de ellos, con la mano en el corazón y los ojos puestos en la realidad que les rodea y que afecta a las vidas de los millones de ciudadanas y ciudadanos que formamos parte de esta Sociedad, se pregunte si verdaderamente merecemos la enorme  falta de respeto que para nosotros supone haber sido reiteradamente, engañados, manipulados, sacrificados, saqueados y privados de nuestros derechos fundamentales al trabajo, la vivienda, la educación o la salud, por personajes que desempeñando papeles de relevancia, aprovechaban su paso por la política, sólo en aras de su propio y desmesurado enriquecimiento.
Y habiendo pensado con seriedad en estas cosas, que por cierto constituyen la rutina diaria de los mismos seres humanos que sufragan escrupulosamente sus sueldos, cada cual tome el camino que considere oportuno, apoyando o no, la salida de este Gobierno maldito, culpable, en su totalidad, del deterioro irreparable que hemos sufrido, pero ateniéndose a las consecuencias.
Los votos, los apoyos a las propuestas en el Parlamento, no pasan inadvertidos para esta Sociedad, que ha crecido obligada por las circunstancias terribles que le han tocado vivir, en estos últimos tiempos y las decisiones que se adoptan, sobre todo en momentos de extrema gravedad, como el de ahora, finalmente se acaban pagando, dígase lo que se diga, en los sondeos y en las encuestas.
De todos depende, facilitar o no que Mariano Rajoy continúe siendo Presidente, pero consentirlo constituiría un error imperdonable que quedaría grabado en la memoria como una traición incomprensible, sabiendo lo que se sabe y admitiéndolo.
Lo de menos es si Pedro Sánchez ocupa poder. Lo trascendente es que Rajoy y los suyos salgan, a la mayor brevedad posible y con deshonor, de las Instituciones que han como si hubieran sido de su propiedad, durante tantos años.
A Ciudadanos, ya les digo yo que sus amados españoles no olvidamos con facilidad las ofensas. Pueden, si así lo quieren, preguntárselo a Áznar  y Zapatero, que con toda seguridad, recordarán perfectamente, cómo y de qué manera, abandonaron sus propios Gobiernos.
Desear a toda costa elecciones, ahora que las encuestas les adjudican una mayoría que les permitiría llegar al poder, no es pensar en lo que conviene al país, sino en lo que interesa a la ambición desmesurada de quién les lidera, incapaz de disimular su prisa por ascender hasta los cielos.
Pobre de aquel que creyendo tenerlo todo en las manos, comete el imperdonable error de dar por sentadas cosas que todavía no han sucedido.
La vida está llena de eventualidades que suelen complicarlo todo y por ello, hay que andar por ella, con cuidado. Todo es susceptible de ser cambiado en un solo instante. Conviene no olvidarlo. Recuérdenlo.

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