Las consecuencias de la sentencia del caso Gurtel, nos han
traído una mañana puramente desenfrenada en el terreno informativo, que se abría
con la Presentación de una Moción de Censura, por parte del PSOE, cuyo Secretario
general, Pedro Sánchez, acaba de comparecer ante los medios, para aclarar la
hoja de ruta que se ha marcado su Partido, en unos momentos que ha calificado,
textualmente, de extrema excepcionalidad política.
Apoyándose fundamentalmente en el sentido del deber que corresponde
asumir a la oposición y en el clima de indignación generalizada que
ha despertado en la Sociedad la corrupción institucionalizada que se ha venido reiterativamente
instalando, durante el tiempo de mandato
del PP, Sánchez ha exigido a todas las Formaciones que forman el arco
parlamentario actual, una respuesta contundente, concluyendo que el gobierno
actual no ha asumido, en ningún momento, ni tampoco en éste de ahora, ninguna responsabilidad,
permitiendo y apoyando tácitamente, que estos delitos relacionados con la más
pura corrupción, continuaran cometiéndose, mientras exigía, al mismo tiempo a
los ciudadanos, austeridad y sacrificios
prácticamente imposibles de soportar, en el terreno laboral y social y también
en el relacionado con sus propias libertades civiles.
El líder socialista ha dejado muy claro que presenta la Moción
para postularse como futuro Presidente
de Gobierno, aunque matizando que su intención es a la vez, la de convocar
elecciones, si bien, lo que se pretendería en primer lugar sería la inmediata recuperación
de las instituciones, que se han visto fatalmente dañadas por el incesante
reguero de asuntos sucios en los que personalidades de trascendental
importancia en el Partido conservador, se han visto envueltos.
Con esa premisas, ha respondido implícitamente a la propuesta
formulada por Ciudadanos, hace unas horas, en la que ofrecía su apoyo a la
Moción, sólo en la caso de que el PP no asumiera de motu propio el compromiso de presentar la dimisión del
Gobierno al completo, pasando por cierto, por alto, no se sabe si de manera
inconsciente o por mero desconocimiento, que una vez presentada dicha Moción, no está permitido
que tales hechos puedan producirse, por lo que la alusión de Sánchez, sobre la
convocatoria de nuevos comicios, podría considerarse como un intento de colocar
a los de Rivera en la difícil tesitura de tener que elegir, entre apoyar a los
populares, o desligarse definitivamente de ellos.
La Moción, que para triunfar tendría que contar o bien con
los votos de Ciudadanos, o que podría hacerlo también con el apoyo de los
Partidos nacionalistas, resulta ser sin embargo, en estos momentos precisos, la
única salida digna y legal a la que pueden y acudir todas las Formaciones políticas, del
carácter que sea, si no quieren ser considerados como cómplices de las acciones
llevadas a cabo por los populares y que imposibilitan, textualmente, su continuidad
en el gobierno.
Ganarla o perderla , es, en las circunstancias actuales, un
hecho que carece de importancia, aunque es mucha la que tiene, porque lo
verdaderamente inaplazable es poder establecer unas diferencias tajantes entre
los comportamientos de unos y otros políticos, dirigidas a poder terminar con
el estado de alarma que se ha creado entre la gente que habitamos en este país
y que tenemos la terrible sensación de haber estado siendo gobernados por unos dirigentes
que han encontrado en la mentira y en la estafa, una manera de mantenerse en el
poder, a ser posible, indefinidamente.
Es el momento de apelar, a las conciencias de los líderes
políticos, independientemente del bando ideológico en el que se encuentren y también de
invitarles, con celeridad, a reflexionar
seriamente sobre las verdaderas funciones para las que fueron elegidos por
unos votantes que dieron por sentados su
sentido de la honestidad y la decencia, de rogar que cada uno de ellos, con la
mano en el corazón y los ojos puestos en la realidad que les rodea y que afecta
a las vidas de los millones de ciudadanas y ciudadanos que formamos parte de
esta Sociedad, se pregunte si verdaderamente merecemos la enorme falta de respeto que para nosotros supone
haber sido reiteradamente, engañados, manipulados, sacrificados, saqueados y
privados de nuestros derechos fundamentales al trabajo, la vivienda, la educación
o la salud, por personajes que desempeñando papeles de relevancia, aprovechaban
su paso por la política, sólo en aras de su propio y desmesurado
enriquecimiento.
Y habiendo pensado con seriedad en
estas cosas, que por cierto constituyen la rutina diaria de los mismos seres
humanos que sufragan escrupulosamente sus sueldos, cada cual tome el camino que
considere oportuno, apoyando o no, la salida de este Gobierno maldito,
culpable, en su totalidad, del deterioro irreparable que hemos sufrido, pero
ateniéndose a las consecuencias.
Los votos, los apoyos a las propuestas
en el Parlamento, no pasan inadvertidos para esta Sociedad, que ha crecido
obligada por las circunstancias terribles que le han tocado vivir, en estos
últimos tiempos y las decisiones que se adoptan, sobre todo en momentos de extrema
gravedad, como el de ahora, finalmente se acaban pagando, dígase lo que se
diga, en los sondeos y en las encuestas.
De todos depende, facilitar o no que
Mariano Rajoy continúe siendo Presidente, pero consentirlo constituiría un
error imperdonable que quedaría grabado en la memoria como una traición
incomprensible, sabiendo lo que se sabe y admitiéndolo.
Lo de menos es si Pedro Sánchez ocupa
poder. Lo trascendente es que Rajoy y los suyos salgan, a la mayor brevedad
posible y con deshonor, de las Instituciones que han como si hubieran sido de
su propiedad, durante tantos años.
A Ciudadanos, ya les digo yo que sus
amados españoles no olvidamos con facilidad las ofensas. Pueden, si así lo
quieren, preguntárselo a Áznar y
Zapatero, que con toda seguridad, recordarán perfectamente, cómo y de qué
manera, abandonaron sus propios Gobiernos.
Desear a toda costa elecciones, ahora
que las encuestas les adjudican una mayoría que les permitiría llegar al poder,
no es pensar en lo que conviene al país, sino en lo que interesa a la ambición
desmesurada de quién les lidera, incapaz de disimular su prisa por ascender hasta
los cielos.
Pobre de aquel que creyendo tenerlo
todo en las manos, comete el imperdonable error de dar por sentadas cosas que
todavía no han sucedido.
La vida está llena de eventualidades
que suelen complicarlo todo y por ello, hay que andar por ella, con cuidado. Todo
es susceptible de ser cambiado en un solo instante. Conviene no olvidarlo.
Recuérdenlo.

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