miércoles, 9 de mayo de 2018

The rich first



Tal y como había prometido, el Presidente del “América first”, Donald Trump, dio ayer  un sonoro carpetazo a los Pactos nucleares con Irán que había firmado su antecesor, Barak Obama, con el apoyo de Reino Unido, Francia, Rusia, China y también Alemania y que reportaba cierta seguridad de que al menos en unos cuantos años, la fabricación y utilización de este tipo de armamento, quedaba paralizada, bajo la estrecha vigilancia de los Inspectores de la Agencia de Energía Atómica.
Este paso, que como muchos otros, define a la perfección el carácter voluble de  quien ocupa la Presidencia del país más poderoso del mundo y que clarifica meridianamente el odio ancestral que guarda contra quien le antecediera en el cargo, como demuestra su desmedido afán por anular una por una, todas las medidas adoptadas por Obama, fueran del calado que fueran, supone sin embargo, a parte de las consecuencias nefastas que para todos nosotros pudiera traer, un desprecio infinito hacia los países firmantes del acuerdo, hacia Europa de manera general y muy particularmente, hacia cualquier Estado de Oriente que pudiera frustrar de algún modo las perspectivas que sus socios israelíes pudieran tener sobre una zona, que vive, para pesar de todos, en un ambiente de sórdido y permanente conflicto.
La más que evidente xenofobia expresada continuamente por Trump por el mundo árabe y los continuos cambios que realiza en la composición de su gobierno, en cuanto alguien cuestiona, en mayor o menor medida, la naturaleza de su pensamiento, ha quedado palmariamente clara en  esta gravísima decisión, que toma, como siempre,  desde una perspectiva personal y pensando seguramente en quién sabe qué intereses ocultos, dirigidos con toda probabilidad, a posibilitar su propio enriquecimiento.
Pero Trump no es cualquier persona que poseída por un arrebato de ira puede optar por finiquitar repentinamente, pongamos por caso, la confianza con algún amigo, ni sus decisiones, cualesquiera que sean, afectan únicamente a él mismo, su entorno familiar y ni siquiera a su propio país, sino que son, por la importancia del cargo que ostenta, absolutamente fundamentales para que sea posible un equilibrio en la política mundial y por ello, habrían de ser, minuciosamente analizadas y sopesadas hasta la saciedad, antes de que pudieran ser llevadas a la práctica.
Sin embargo,  el estilo de este peculiar Presidente, aupado hasta el poder fundamentalmente por los habitantes de una américa oscura y profunda, anclada a un conservadurismo feroz y que continúa creyendo que su nación es y debe seguir siendo el ombligo del mundo, se encuentra muy alejado del que se esperaría encontrar en un político de carrera y a  nadie debiera pues extrañar, esta manera de gobernar a golpes de tiránicos decretos, que sin embargo, está infringiendo un daño irreparable a la imagen que el resto del mundo tiene en estos momentos, sobre Estados Unidos.
A medida que va pasando el tiempo y se va viendo cómo periódicamente se van dinamitando todos los avances conseguidos en la legislatura anterior, en lo que se podría calificar como un ataque sin precedentes contra cualquier medida que haya podido significar algún progreso, la regresión que están sufriendo, no sólo los habitantes de su país, sino también la humanidad en general, que no puede comprender que alguien haya podido apoyar la candidatura de este nefasto Presidente, no tiene parangón y sólo algunos, cuyos intereses reales pudieran coincidir plenamente con los que Trump transmite en cada uno de sus neuróticos discursos, aplauden esta manera de dirigir que tiene más que ver con el absolutismo feroz, que con la Democracia de que tanto se presume en  Los Estados Unidos de América.
No obstante, estos arrebatos a los que ya nos tiene acostumbrados este personaje de folletín, resultan ser, en cierta medida, del todo previsibles y quizá convendría, a los mandatarios de las demás naciones,  basar a partir de ahora su juego en la anticipación, si no quieren ser llevados algún día a un irreparable desastre que pudiera traer para toda la humanidad, incalculables consecuencias.
Trump, está claro, hace tiempo que tiene sus ojos puestos en Irán, del mismo modo en  que Bush los pusiera en Irak, no hace demasiado tiempo y más pronto que tarde, encontrará un motivo, real o ficticio, para  justificar una intervención militar allí, exigiendo además, el apoyo inmediato de los países que han sido tradicionalmente sus aliado, entre otros, el nuestro.
Con esas miras, esta decisión que acaba de tomar le proporciona la apertura de un camino que ya está marcado de antemano y que finalmente terminará recorriendo y ni los Inspectores de la Agencia de Energía Atómica, ni las recomendaciones de la ONU o de cualquier otro Organismo internacional, podrán hacerle abandonar un objetivo que está escrito en su agenda, como prioritario.
Como ya ocurriera en Irak, la historia comenzará con escarceos que terminarán por recrudecerse, mientras se difunde un discurso de pánico a la sociedad americana, alertándola de dónde se encuentran sus verdaderos enemigos, para intentar después, a través de los medios que fueran precisos, conseguir captar aliados fuertes que apoyen la inevitable intervención, aunque después se abandone la zona, en condiciones similares a las que ahora se padecen en Irak y con un costo de vidas humanas que rozan el calificativo de genocidio.
Pero lo que pueda ocurrir a la gente de estos países, poco o nada importa al Presidente del “América first”, pues su imposibilidad para empatizar con el sufrimiento de los demás y su odio ancestral hacia los colectivos más desfavorecidos de la sociedad, han quedado suficientemente demostrados en el tiempo que lleva al frente de un país que quiere transformar, a su imagen y semejanza, únicamente.
“The  rich first”, debiera ser el lema de su próxima Campaña. Sería mucho más comprensible.







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