martes, 15 de mayo de 2018

Los límites de la paciencia



 Con la mirada puesta en la actualidad catalana y mientras Pedro Sánchez se reúne en Moncloa con Mariano Rajoy , para comentar el alcance de los últimos acontecimientos, la aparición de una nueva encuesta, que daría como ganador , en unas próximas elecciones,  a Ciudadanos, seguidos a sólo cuatro puntos por Podemos y que relega a un tercer y cuarto lugar, a PSOE y PP, hace saltar todas las alarmas, pues nunca los Partidos que hasta ahora habían gobernado alternativamente en este País, habrían obtenido un número tan bajo de votos, deduciéndose por ello, que habrían perdido una gran parte de la confianza de la ciudadanía.
Un futuro Parlamento repartido prácticamente en cuatro partes iguales, haría imprescindible para gobernar, la obligación de tener que alcanzar acuerdos que inclinen la balanza hacia uno u otro lado, dependiendo de cómo evolucione cada Formación, en el tiempo que  falta, hasta la celebración de nuevos comicios y la incertidumbre de ese panorama que empieza apenas a esbozarse, tímidamente, pero en una línea ascendente,  hace que se convierta en imprescindible que cada uno de nosotros, reflexione profundamente antes de decidir el sentido de nuestro voto.
Esto, que se veía venir, a raíz de las multitudinarias protestas que han protagonizado en la calle, grandes colectivos, como los Pensionistas y las mujeres, se ha visto grandemente acrecentado por los recelos que han levantado determinadas sentencias judiciales, como el caso de La Manada, provocando una indignación general que no parece tener tintes de extinguirse, a pesar de los intentos fallidos de pacificación que ha intentado, con malas artes, el Gobierno.
Un Pedro Sánchez al  que da la impresión de faltar miles de Kilómetros de rodaje que le permitan alcanzar una talla política de la que carece y el apoyo de su Partido a la aplicación del artículo 155 en Catlunya, se han encargado de cambiar radicalmente la visión que una buena parte de la sociedad conservaba aún de los socialistas, como parte integrante de una izquierda moderada, por otra que le acerca, en cierta medida, a los planteamientos de una derecha, que ya no provoca en una buena parte de nosotros, más que un hartazgo insoportable, del que habría que salir cuánto antes y de la manera que fuera.
Ese vacío tan grande que han dejado los de Rajoy ha sido hábilmente llenado por los seguidores de Rivera, que han convertido su ambición por llegar al poder  y su inflexibilidad al tratar el problema de Catalunya, en una bandera que enarbolar, con la que colmar los anhelos de todos los desencantados conservadores, que en cierto modo se han sentido, huérfanos de un auténtico liderazgo.
De ahí, la ascensión imparable de Ciudadanos, al que además apoyan tácitamente, una buena parte de los que fueran, en otro tiempo, grandes pesos pesados del PP y que ven, en ese trasiego de votos y en el carisma de este nuevo Capitán, de discurso fácil y volubilidad comprobada, una nueva oportunidad de regresar a la escena política, fortificados por esa nueva línea de acción que a los ojos de la sociedad, parece  mucho menos retrógrada y obsoleta.
En el otro lado, el apoyo incondicional de los de Pablo Iglesias a las protestas ciudadanas y la vuelta de Iñigo Errejón a la primera fila de fuego, van corrigiendo varios errores que se cometieron en los últimos tiempos, adjudicando lentamente y no sin razón, el papel de líder de la izquierda a Podemos, que si juega bien sus cartas y no se pierde en luchas internas agotadoras  e infructuosas, podría recuperar el esplendor que le caracterizara, cuando irrumpió en la escena política española.
La minuciosidad a la hora de tomar decisiones, en el futuro que viene, se hace pues más que necesaria, imprescindible, para estos dos Partidos de nuevo cuño que se han constituido en valedores de otras formas de entender el Sistema y todo dependerá de las lecciones que vaya sacando los ciudadanos de las acciones que protagonicen y que deben estar siempre encaminadas a intentar obtener metas tangibles que transformen, para mejor, una realidad social, absolutamente insostenible.
Muy mal lo deben estar pasando los señores del bipartidismo, al contemplar impávidos cómo se les está escapando el poder, pero el cambio de las épocas históricas no son nunca fruto del azar, sino la consecuencia directa de los errores que se cometieron y que  definitivamente se acaban pagando, irremediablemente.
La primera lección que deben sacar PP y PSOE, de lo que puede sobrevenirles es que nunca, jamás, nada es para siempre y también que cuando se pone reiterada y conscientemente en duda la inteligencia de los ciudadanos, con fines exclusivamente electorales, se acaba perdiendo.
La paciencia, que es una gran virtud, tiene como todas las demás, unos límites precisos que no pueden ser traspasados impunemente por los encargados de dirigir los destinos de las naciones, porque como se ve, cuando se agota, suele acarrear graves perjuicios para los transgresores, de los que a veces es imposible recuperarse y de ello, existen grandes ejemplos.


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