Con la mirada puesta en
la actualidad catalana y mientras Pedro Sánchez se reúne en Moncloa con Mariano
Rajoy , para comentar el alcance de los últimos acontecimientos, la aparición
de una nueva encuesta, que daría como ganador , en unas próximas elecciones, a Ciudadanos, seguidos a sólo cuatro puntos por
Podemos y que relega a un tercer y cuarto lugar, a PSOE y PP, hace saltar todas
las alarmas, pues nunca los Partidos que hasta ahora habían gobernado
alternativamente en este País, habrían obtenido un número tan bajo de votos, deduciéndose
por ello, que habrían perdido una gran parte de la confianza de la ciudadanía.
Un futuro Parlamento repartido prácticamente en cuatro partes
iguales, haría imprescindible para gobernar, la obligación de tener que
alcanzar acuerdos que inclinen la balanza hacia uno u otro lado, dependiendo de
cómo evolucione cada Formación, en el tiempo que falta, hasta la celebración de nuevos
comicios y la incertidumbre de ese panorama que empieza apenas a esbozarse,
tímidamente, pero en una línea ascendente, hace que se convierta en imprescindible que
cada uno de nosotros, reflexione profundamente antes de decidir el sentido de
nuestro voto.
Esto, que se veía venir, a raíz de las multitudinarias
protestas que han protagonizado en la calle, grandes colectivos, como los
Pensionistas y las mujeres, se ha visto grandemente acrecentado por los recelos
que han levantado determinadas sentencias judiciales, como el caso de La Manada,
provocando una indignación general que no parece tener tintes de extinguirse, a
pesar de los intentos fallidos de pacificación que ha intentado, con malas
artes, el Gobierno.
Un Pedro Sánchez al que da la impresión de faltar miles de
Kilómetros de rodaje que le permitan alcanzar una talla política de la que
carece y el apoyo de su Partido a la aplicación del artículo 155 en Catlunya,
se han encargado de cambiar radicalmente la visión que una buena parte de la
sociedad conservaba aún de los socialistas, como parte integrante de una
izquierda moderada, por otra que le acerca, en cierta medida, a los
planteamientos de una derecha, que ya no provoca en una buena parte de
nosotros, más que un hartazgo insoportable, del que habría que salir cuánto
antes y de la manera que fuera.
Ese vacío tan grande que han dejado los de Rajoy ha sido hábilmente
llenado por los seguidores de Rivera, que han convertido su ambición por llegar
al poder y su inflexibilidad al tratar
el problema de Catalunya, en una bandera que enarbolar, con la que colmar los
anhelos de todos los desencantados conservadores, que en cierto modo se han
sentido, huérfanos de un auténtico liderazgo.
De ahí, la ascensión imparable de Ciudadanos, al que además
apoyan tácitamente, una buena parte de los que fueran, en otro tiempo, grandes pesos
pesados del PP y que ven, en ese trasiego de votos y en el carisma de este
nuevo Capitán, de discurso fácil y volubilidad comprobada, una nueva
oportunidad de regresar a la escena política, fortificados por esa nueva línea
de acción que a los ojos de la sociedad, parece mucho menos retrógrada y obsoleta.
En el otro lado, el apoyo incondicional de los de Pablo
Iglesias a las protestas ciudadanas y la vuelta de Iñigo Errejón a la primera
fila de fuego, van corrigiendo varios errores que se cometieron en los últimos
tiempos, adjudicando lentamente y no sin razón, el papel de líder de la
izquierda a Podemos, que si juega bien sus cartas y no se pierde en luchas
internas agotadoras e infructuosas,
podría recuperar el esplendor que le caracterizara, cuando irrumpió en la
escena política española.
La minuciosidad a la hora de tomar decisiones, en el futuro
que viene, se hace pues más que necesaria, imprescindible, para estos dos
Partidos de nuevo cuño que se han constituido en valedores de otras formas de
entender el Sistema y todo dependerá de las lecciones que vaya sacando los
ciudadanos de las acciones que protagonicen y que deben estar siempre
encaminadas a intentar obtener metas tangibles que transformen, para mejor, una
realidad social, absolutamente insostenible.
Muy mal lo deben estar pasando los señores del bipartidismo,
al contemplar impávidos cómo se les está escapando el poder, pero el cambio de
las épocas históricas no son nunca fruto del azar, sino la consecuencia directa
de los errores que se cometieron y que definitivamente
se acaban pagando, irremediablemente.
La primera lección que deben sacar PP y PSOE, de lo que puede
sobrevenirles es que nunca, jamás, nada es para siempre y también que cuando se
pone reiterada y conscientemente en duda la inteligencia de los ciudadanos, con
fines exclusivamente electorales, se acaba perdiendo.
La paciencia, que es una gran virtud, tiene como todas las
demás, unos límites precisos que no pueden ser traspasados impunemente por los
encargados de dirigir los destinos de las naciones, porque como se ve, cuando
se agota, suele acarrear graves perjuicios para los transgresores, de los que a
veces es imposible recuperarse y de ello, existen grandes ejemplos.

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