Tras la detención de Zaplana, que cayó ayer en el PP como un
auténtico jarro de agua fría, por lo que este personaje representara en otro
tiempo, en las filas conservadoras, la esperada decisión de LLarena, sobre los
presos propuestos como Consellers por Torra , trajo consigo malos vientos, pues
aunque para Rajoy y los suyos se entendía como un triunfo incontestable, con el
que ya contaban, por supuesto, el nuevo President se apresuró a poner en claro
que pensaba continuar con sus planes, sin aclarar cómo pensaba hacerlo, pero
creando una duda razonable que dejó a los populares, otra vez, sin aliento.
Decididos a mantener
la aplicación del artículo 155 en Catalunya, hasta que se den las
circunstancias precisas para la formación de un Govern, limpio de los efectos
colaterales que ha traído el Process y dispuestos a mantener el pulso, si
hiciera en falta, sine die, francamente enfrentados con las ideas, también
inamovibles, de los separatistas, a los populares se les ha echado el tiempo
encima y la posibilidad de poder contar con el apoyo del
PNV, en tales circunstancias, para la aprobación de los presupuestos, parece
transformarse, cada vez con más fuerza, en una misión imposible de ser llevada
a cabo, a no ser que el PSOE de Pedro Sánchez, transija por tomar un camino del
que ya abominó, aduciendo mil razones diferentes.
Francamente en apuros, a Rajoy se le ha vuelto en contra la estrategia de confiar en que
pase el tiempo y su conocida incompetencia
para hacer política y la respiración de Ciudadanos pegada a su cogote,
como un lastre del que no puede deshacerse, le están pasando todas las facturas
que quedaron pendientes en el pasado, incluyendo las de la corrupción,
acercándole cada vez más a un rincón del ring, en el que más temprano que
tarde, alguien rematará la faena, consiguiendo que se desplome sobre la lona,
definitivamente.
Con los pensionistas, las mujeres, los médicos, los jueces y
ahora también los policías en las calles y los irreverentes catalanes
desafiando sin pudor todos y cada uno de
sus argumentos, el reloj que marcaba para él una legislatura medianamente
placentera, ha iniciado una cuenta atrás y mucho nos tememos que al Presidente
se le han terminado los plazos que le permitían mantenerse en pie, pues
desconoce el significado de las palabras negociación y consenso.
La base que cimentara
al principio de esta atropellada legislatura, su estabilidad para continuar con
los planes que había iniciado anteriormente, ha empezado a resquebrajarse
mostrando que la solidez de los materiales con los que fue construida, es decir
el apoyo de Albert Rivera, adolecía de calidad y esa lección, que todo político
aprende en cuanto decide hacer suya esta profesión, de que en este mundillo, no
hay amigos, se ha hecho efectiva, demostrando que la fidelidad prometida no era
tal y que en cuanto las intenciones de voto apuntan hacia nuevos horizontes,
hasta los muros más gruesos pueden derrumbarse, como está empezando a ocurrir,
en estos precisos momentos.
Perseguidos por el pasado dudoso de muchos de sus grandes
líderes y ciertamente tocados por la evidente división que ha provocado en la
derecha la irrupción en el panorama político de Rivera, a los de Rajoy no les
quedan ya muchos caminos por explorar y si los nacionalistas vascos le niegan
finalmente su apoyo para la aprobación de los Presupuestos, quizá no les quede
otro remedio que convocar nuevas elecciones, en un breve espacio de tiempo.
Toda resistencia tiene un límite, que en la mayoría de los
casos se encuentra estrechamente relacionado con las adversidades sobrevenidas,
sin que se hubieran previsto anteriormente y Rajoy, que más que un político es
un gestor, que inmediatamente se puso a las órdenes de los grandes países
europeos, se muestra, absolutamente incapaz de hallar una solución efectiva que
serene la crudeza de los tiempos, por lo que aquellos mismos que alguna vez
vieron en él a un leal aliado, comienzan a mostrar claramente otras
preferencias, que quizá se ajusten más a esos planes pre establecidos que se
irían por la alcantarilla, si continúan recrudeciéndose los conflictos
abiertos.
Muchos de sus afiliados, ya han empezado a sumarse a las
filas del Partido naranja, convencidos de que el barco en el que viajaron
cómodamente, durante algunos años, está a punto de hundirse, sin remedio.
Tampoco hay lealtades eternas en política. Creo que todos,
menos Rajoy, lo sabemos.

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