viernes, 11 de mayo de 2018

Por fin, un candidato



Tras meses de zozobra e incertidumbre, de idas y venidas, de vaivenes y pulsos fallidos con el Gobierno español, Carles Puigdemont, desde el exilio, designa personalmente un candidato a la Presidencia de la Generalitat, que será elegido, si ninguna eventualidad lo impide, mañana en el Parlament de Catalunya.
La nominación de Quim Torra, abogado, escritor, editorialista e independiente, aunque fuertemente ligado a la ideología nacionalista, ha sorprendido a propios y ajenos, que suponían que los ojos del ex President  se encontraban puestos desde hace tiempo en su compañera Elsa Artadi, pero que por alguna razón ha quedado desbancada por este inesperado nombramiento, que no ha gustado nada a los Partidos llamados constitucionalistas, por la severa radicalidad que esta persona ha demostrado, durante mucho tiempo, en todas sus manifestaciones.
Claramente antiespañolista y muy dado a generalizar en sus apreciaciones acerca del sentir de todos aquellos que habitando en esta península, no formamos parte del territorio catalán, Torra ha sido, literalmente sacado del baúl en el que se encontraba hasta ahora, pareciendo una opción de urgencia que refuerce las posturas de los separatistas y que no ponga nada fácil al Gobierno español, esa transición hacia la normalidad que tanto desea, pero que sin duda se verá complicada por la dureza del pensamiento de alguien cuya misión prioritaria parece que será la de evitar que la idea de la lucha por la Independencia, no caiga en el olvido.
Antiguo Presidente de Ómnium catalana y defensor a ultranza de los derechos de sus compatriotas y no libre de cierta xenofobia hacia los residentes en Catalunya que no nacieron allí, Torra no va a ser un President proclive a una negociación que en estos momentos parece necesaria para poder recuperar, al menos, una parte de la normalidad perdida, pero cumple estrictamente con todos los requisitos exigidos, desde su exilio, por Puigdemont, que probablemente espera que le sirva de valedor oficial, mientras él mismo toma, a partir de mañana, todas las decisiones importantes, desde su residencia de Berlín.
No nos cabe ninguna duda de que una de sus primeras exigencias será la de que se ponga en libertad a todos los que se encuentran encarcelados por su participación en el Process y también la de que se devuelvan inmediatamente  los poderes arrebatados a Catalunya, tras la aplicación del 155, en un intento de culpabilizar al Gobierno de Mariano Rajoy y a los Partidos que le apoyaron, de todo lo ocurrido.
De cómo gobernará, una vez que sea por fin investido, nos iremos enterando a medida que vaya pasando el tiempo y se empiecen a dar pasos de trascendencia, en una u otra dirección y aunque partimos de la base de que Torra se ha convertido en la persona que ha señalado el dedo de Puigdemont, las ínfulas que se adquieren cuando uno llega realmente al poder, pueden y suelen cambiar, muchas veces radicalmente, los fundamentos con que se partía de la línea de salida.
Con un resultado tan ajustado, con Catalunya dividida en dos grandes bloques antagónicos y un clima social absolutamente viciado por la dureza de los últimos tiempos, Torra cuenta, únicamente, con el apoyo de los partidarios del separatismo, pero tiene en contra exactamente al mismo número de ciudadanos, que preferirían continuar formando parte del Estado español, como hasta el momento.
Así que tendrá que hacer un verdadero esfuerzo para superar su declarado antiespañolismo, si desea ser el President de todos los catalanes, pues tal y como están las cosas, no le conviene nada ir sumando nuevos enemigos, no vaya a ser que la gente, harta del clima irrespirable en el que se ve obligada a convivir, se convenza de que con la forma de luchar que se ha venido intentando en los últimos años, no existe ninguna posibilidad  de avanzar hacia el sueño dorado de la República independiente.
Se abre, en este viernes que preludia un fin de Semana virulento, una nueva etapa que sin embargo, cierra en falso todas las heridas abiertas y que empieza sin subsanar ninguno de los problemas de fondo que nos trajeron hasta la situación actual, demostrando que en cualquier guerra, de la índole que sea, al final todos son perdedores, cargados además, por la fuerza de su resentimiento.
Convendría, a una y otra parte, asumir la responsabilidad de aprender de todos los errores cometidos y demostrar esa imprescindible grandeza de miras, tan necesaria para poder construir futuro abandonando el rencor e ir dando pequeños pasos que vayan consolidando la convivencia entre las personas que cohabitan en una misma tierra, aunque nadie tenga por qué abandonar para ello, su legítimo derecho a expresar libremente su opinión o a exigir las reivindicaciones que considere pertinentes.
Conteniendo el aliento y deseando que todo salga de la mejor manera posible, aguardamos el momento en el que este peculiar candidato llegue a ser investido y como no podría ser de otra manera, le deseamos suerte en su andadura y la inteligencia suficiente para saber ofrecer a Catalunya y los catalanes, algo que pueda hacerles de nuevo, felices.

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