Tras meses de zozobra e incertidumbre, de idas y venidas, de
vaivenes y pulsos fallidos con el Gobierno español, Carles Puigdemont, desde el
exilio, designa personalmente un candidato a la Presidencia de la Generalitat,
que será elegido, si ninguna eventualidad lo impide, mañana en el Parlament de
Catalunya.
La nominación de Quim Torra, abogado, escritor, editorialista
e independiente, aunque fuertemente ligado a la ideología nacionalista, ha sorprendido
a propios y ajenos, que suponían que los ojos del ex President se encontraban puestos desde hace tiempo en su
compañera Elsa Artadi, pero que por alguna razón ha quedado desbancada por este
inesperado nombramiento, que no ha gustado nada a los Partidos llamados
constitucionalistas, por la severa radicalidad que esta persona ha demostrado,
durante mucho tiempo, en todas sus manifestaciones.
Claramente antiespañolista y muy dado a generalizar en sus apreciaciones
acerca del sentir de todos aquellos que habitando en esta península, no
formamos parte del territorio catalán, Torra ha sido, literalmente sacado del baúl
en el que se encontraba hasta ahora, pareciendo una opción de urgencia que
refuerce las posturas de los separatistas y que no ponga nada fácil al Gobierno
español, esa transición hacia la normalidad que tanto desea, pero que sin duda
se verá complicada por la dureza del pensamiento de alguien cuya misión
prioritaria parece que será la de evitar que la idea de la lucha por la
Independencia, no caiga en el olvido.
Antiguo Presidente de Ómnium catalana y defensor a ultranza
de los derechos de sus compatriotas y no libre de cierta xenofobia hacia los
residentes en Catalunya que no nacieron allí, Torra no va a ser un President
proclive a una negociación que en estos momentos parece necesaria para poder
recuperar, al menos, una parte de la normalidad perdida, pero cumple
estrictamente con todos los requisitos exigidos, desde su exilio, por
Puigdemont, que probablemente espera que le sirva de valedor oficial, mientras
él mismo toma, a partir de mañana, todas las decisiones importantes, desde su
residencia de Berlín.
No nos cabe ninguna duda de que una de sus primeras
exigencias será la de que se ponga en libertad a todos los que se encuentran
encarcelados por su participación en el Process y también la de que se
devuelvan inmediatamente los poderes
arrebatados a Catalunya, tras la aplicación del 155, en un intento de
culpabilizar al Gobierno de Mariano Rajoy y a los Partidos que le apoyaron, de
todo lo ocurrido.
De cómo gobernará, una vez que sea por fin investido, nos
iremos enterando a medida que vaya pasando el tiempo y se empiecen a dar pasos
de trascendencia, en una u otra dirección y aunque partimos de la base de que
Torra se ha convertido en la persona que ha señalado el dedo de Puigdemont, las
ínfulas que se adquieren cuando uno llega realmente al poder, pueden y suelen
cambiar, muchas veces radicalmente, los fundamentos con que se partía de la
línea de salida.
Con un resultado tan ajustado, con Catalunya dividida en dos
grandes bloques antagónicos y un clima social absolutamente viciado por la
dureza de los últimos tiempos, Torra cuenta, únicamente, con el apoyo de los
partidarios del separatismo, pero tiene en contra exactamente al mismo número
de ciudadanos, que preferirían continuar formando parte del Estado español,
como hasta el momento.
Así que tendrá que hacer un verdadero esfuerzo para superar
su declarado antiespañolismo, si desea ser el President de todos los catalanes,
pues tal y como están las cosas, no le conviene nada ir sumando nuevos enemigos,
no vaya a ser que la gente, harta del clima irrespirable en el que se ve
obligada a convivir, se convenza de que con la forma de luchar que se ha venido
intentando en los últimos años, no existe ninguna posibilidad de avanzar hacia el sueño dorado de la
República independiente.
Se abre, en este viernes que preludia un fin de Semana
virulento, una nueva etapa que sin embargo, cierra en falso todas las heridas
abiertas y que empieza sin subsanar ninguno de los problemas de fondo que nos
trajeron hasta la situación actual, demostrando que en cualquier guerra, de la índole
que sea, al final todos son perdedores, cargados además, por la fuerza de su
resentimiento.
Convendría, a una y otra parte, asumir la responsabilidad de
aprender de todos los errores cometidos y demostrar esa imprescindible grandeza
de miras, tan necesaria para poder construir futuro abandonando el rencor e ir
dando pequeños pasos que vayan consolidando la convivencia entre las personas
que cohabitan en una misma tierra, aunque nadie tenga por qué abandonar para
ello, su legítimo derecho a expresar libremente su opinión o a exigir las
reivindicaciones que considere pertinentes.
Conteniendo el aliento y deseando que todo salga de la mejor
manera posible, aguardamos el momento en el que este peculiar candidato llegue
a ser investido y como no podría ser de otra manera, le deseamos suerte en su
andadura y la inteligencia suficiente para saber ofrecer a Catalunya y los
catalanes, algo que pueda hacerles de nuevo, felices.

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