jueves, 10 de mayo de 2018

Ciudades inhabitables



La reconversión de los pisos y casas de los Centros de las grandes Ciudades españolas en viviendas dedicadas al alquiler turístico, está produciendo una  imparable ola de emigración de los que hasta ahora habían sido los vecinos de toda la vida y un encarecimiento desorbitado de los precios de los arrendamientos a largo plazo, que muchas personas se ven obligadas a elegir, desde que estallara la burbuja inmobiliaria al principio de la crisis y que perjudica gravísimamente a los residentes permanentes en el país, obligándoles a tener que desplazarse a las afueras, para poder encontrar un sitio que por sus posibles, puedan permitirse.
Van quedando esos Cascos históricos, totalmente huérfanos de familias y pobladores asentados por motivos sentimentales o laborales en estas ciudades en las que nacieron o les adoptaron, por lo que la imagen que tenemos, cuando paseamos por sus calles y plazas principales, es la de un constante trasiego de turistas con maletas que vienen y van de acá para allá, formando un galimatías de razas y lenguas  y que aprovechan cualquier oportunidad de divertimento, de las muchas que ofrece el país, para protagonizar, sobre todo durante la noche, terribles escándalos que tienen mucho que ver con el bajo precio del alcohol en España y también, con el consumo desmesurado de otras sustancias que todos conocemos.
Estos grupos, profundamente incívicos y maleducados que se han adueñado sin rubor de estas zonas, en las que la gente de bien hacía vida normal, hasta hace bien poco tiempo, no sólo no pueden ser considerados como un turismo de calidad, sino que suelen perjudicar gravemente el mobiliario urbano que todos pagamos con nuestros impuestos, transformando paisajes históricamente reconocidos en todo el mundo, en basureros y urinarios, en los que depositan toda clase de deshechos.
A la vez, están acabando con el pequeño comercio tradicional, en el que  los vecinos de toda la vida tenían costumbre de abastecerse, por cercanía, por confianza o por simple cariño y que ya perjudicados por la existencia de los grandes almacenes, en muchos casos, se han visto obligados a echar el cierre, al haber perdido su clientela tradicional y no  de poder contar con la llegada de nuevo público fijo.
Algunas de estas Grandes ciudades, como Palma, Madrid, Barcelona o Valencia, han empezado a considerar seriamente la idea de prohibir estos alquileres turísticos, en muchos casos tramitados de forma ilegal y que no reportan ningún beneficio, para tratar de recuperar, a la mayor brevedad posible, un ritmo de vida que se nos ha escapado de las manos, por la permisividad que con el problema se ha tenido y que ha traído una ola de indignación general que ha derivado en continuas protestas, ante la dificultad de poder continuar viviendo, por cuestión de dinero, ruído y vandalismo, en los barrios en los que decidieron, algunos hace ya muchos años, establecer su residencia.
Coartan, en cierto modo y sin medida, estas hordas de turismo cada vez mayores, la libertad de las personas, al no poder competir, en estos momentos difíciles, con la formidable subida de los precios y mucho nos tememos, que este problema terminará contribuyendo considerablemente a la creación de una nueva burbuja, esta vez relacionada con los alquileres, que podría suponer para todos una regresión fatal, pues ahora ni siquiera partimos de la bonanza que disfrutábamos cuando diera comienzo la crisis.
Muy en serio se están tomando los llamados Alcaldes y Alcaldesas del cambio estos sucesos que se han convertido en rutina, en los Municipios que dirigen y  ya han presentado varias propuestas dirigidas a erradicar la aquiescencia con que cuentan los particulares y las Agencias que se dedican a tales menesteres, para intentar una repoblación necesaria de núcleos de población fijos, que devuelvan a los Centros urbanos, el brillo y la naturalidad que antaño tuvieron.
Y si para ello hubiera que perder una parte de ese turismo ruidoso que se adueña instantáneamente de los lugares por los que transita, faltando sin consideración al respeto a las personas que en ellos conviven, poco o nada habría de importar, pues sería mucho mayor el bien que causaría deshacerse de esta molesta plaga que nos afecta, que el perjuicio económico que causaría su ausencia.
Mucho se ocupa este gobierno de poner trabas a la inmigración que trata de llegar a nuestro país, por mera cuestión de supervivencia y muy poco de este turismo grosero que nos invade sin remedio, quizá porque la Banca, que posee ingentes cantidades de pisos vacíos, procedentes de desahucios llevados a cabo contra las familias, ha encontrado, en este mundo de los alquileres sobrevalorados, un filón con el que continuar obteniendo jugosos beneficios.
No vendría mal, detenerse a pensar en las posibilidades económicas con las que cuentan las familias españolas, ganando los salarios que ganan, desde que se produjera la crisis y preguntarse si ese derecho a la vivienda que se presume para todos, como refleja la Constitución, puede ser verdaderamente asumido, si los precios de los arrendamientos se siguen disparando, sin que nadie les ponga techo.
Escamados por lo que nos ha tocado vivir  un tiempo atrás, los ciudadanos ni siquiera estamos dispuestos a esperar a ver si funcionan estos absurdos planes, en años venideros.
Exigimos, que se revise a la mayor brevedad  posible, lo que está sucediendo en el mercado del alquiler, no sea que en algún momento después, se nos venga con la milonga de que nadie esperaba que hubiera otro crack y haya de nuevo que apretarse un cinturón, al que no le quedan más agujeros.

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