miércoles, 30 de mayo de 2018

En el aire



A sólo unas horas de que comience el Debate para la Moción de Censura interpuesta por Pedro Sánchez, en el Congreso, la sensación que se respira en la calle y también en los mentideros políticos de toda ideología y condición, es la de que cualquier cosa puede pasar y que en el poco tiempo que falta, nacionalistas vascos y catalanes y también Ciudadanos, tendrán que enfrentarse a una de las decisiones más importantes de cuántas se han tomado en los últimos tiempos.
No hay más que observar los gestos visiblemente nerviosos que exhiben los dirigentes del PP o poner atención a discursos como el emitido ayer por María Dolores de Cospedal, para entender que el tiempo de la flema y el relajo que ha caracterizado las posiciones conservadoras ha terminado y que Mariano Rajoy podría estar a punto de perder, no sólo la Presidencia del Gobierno, sino también el liderazgo de su Partido.
La ronda de conversaciones iniciada por Sánchez, denominadas por él mismo, como de cortesía, pueden sin embargo ofrecerle alguna posibilidad de triunfo que la derecha no esperaba y  resulta enormemente significativo el hecho de que en la tarde de ayer, Torra  cambiara repentinamente los nombres de los encarcelados y exiliados que había propuesto para  formar parte de su gobierno o el hecho de que el propio PNV, afirmara que su decisión dependía del contenido de las conversaciones que mantuviera con los socialistas y muy especialmente, de la idea que tuvieran en la cabeza, sobre el futuro de Euskadi.
En estos momentos y mientras la mujer de Bárcenas consigue eludir la prisión inmediata, si paga los doscientos mil euros que se le han impuesto como solución para poder permanecer en libertad hasta que se resuelva el recurso en el Supremo, las idas y venidas de los populares, intentando desesperadamente superar el trance en el que se encuentran inmersos, obliga a pensar que por primera vez, desde que alcanzaran el poder, allá en 2011, su continuidad pende de un filo hilo de seda que podría romperse, por cualquier parte y en cualquier momento.
No les quedan, argumentos a los que agarrarse para continuar huyendo hacia adelante, como han venido haciendo continuadamente, ni razones reales que esgrimir para poder convencer de su inocencia en innumerables casos de corrupción, ni a los ciudadanos, ni a los parlamentarios de la oposición al completo, que aunque defendiendo diferentes posiciones, dan por sentada la veracidad de esta rocambolesca historia de podredumbre y por finiquitada la etapa de Rajoy, al frente del Gobierno.
Hemos hablado estos últimos días de la necesidad de apartar los intereses partidistas, en estos momentos de excepcionalidad extrema y aunque sólo sea por decencia o por lo que pudieran pensar los votantes de las respectivas Formaciones de las decisiones que se adopten frente al problema, nadie puede ni quiere apoyar explícitamente a los conservadores, con tal de no comprometer su imagen, en el futuro que viene.
La gravedad del caso es de tal magnitud, que la Moción debiera triunfar con el apoyo de la oposición al completo y eso es justo lo que pasaría si no viviéramos en el país que vivimos y tuviéramos políticos de raza, dispuestos a actuar con decencia y coraje y hasta me atrevería a decir, que si los Partidos tuvieran la valentía de ofrecer libertad de voto a sus parlamentarios, en este caso, Rajoy saldría seguramente derrotado por una aplastante mayoría, porque es lo que merece.
Pero cuando la egolatría y la ambición se convierten en dos factores primordiales que se anteponen a los intereses generales de una Nación, los acontecimientos  se miran desde otro prisma, salpicando algo tan sencillo como atreverse a tomar la decisión que sería la más justa, con una pátina de suciedad que oscurece sin remisión, no sólo la imagen personal de determinados personajes en concreto, sino también, toda la carga ideológica de las Formaciones a los que estos líderes representan.
¿Qué clase de futuro pueden ofrecer  a la ciudanía aquellos que votando en contra o absteniéndose en esta Moción, se convierten en cómplices de que un Partido condenado por corrupción continúe manejando las riendas del Gobierno?
Si uno se para a reflexionar y parte de la base de que la salida de los populares es, en el trance que atravesamos, no sólo prioritaria sino además, urgente, poco o nada queda por decir de quienes actuando en base a lo que más conviene a su propia codicia, prefieren  mantenerse en  la retaguardia, sin atreverse a marchar al mismo ritmo que marcan, en este caso, los valientes.
Estafadores y cobardes, quedarían pues, a los ojos de la Sociedad, en un mismo plano de igualdad, al caminar, en cierto modo, unidos, por un mismo sendero.
Y ahí, ya no cabe apelar a convicciones ideológicas,  a la oportunidad o al recurso de desenterrar el discurso del miedo, para justificar la falta de respeto que se comete contra un pueblo, deseoso de liberarse de las cadenas que le han impuesto durante los últimos años, los mismos a los que mañana se juzgará, a través de una Moción, con la que sólo se puede estar de acuerdo o en desacuerdo, sin matices intermedios que enturbien la magnitud de los acontecimientos.


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